Los viejos añoran el ayer y, enojados ante la reiterada incapacidad del gobierno por contener la violencia, sienten que la tranquilidad se aleja cada día más. Escépticos, no creen en la parafernalia de los actos oficiales que prometen seguridad. Abuelos hoy y jóvenes en los tiempos viejos de la estabilidad económica y la paz casi idílica, rememoran que el censo poblacional de Cuernavaca señalaba que había 85,620 habitantes. La música de Los Beatles estaba en su apogeo, y en la radio y las rockolas sonaba fuerte “Twist y gritos”, el éxito simplón al que el cuarteto de Liverpool sumaría una larga cadena que el tiempo convirtió en piezas intemporales (“Quiero estrechar tu mano”, “El submarino amarillo”, “El sargento pimienta”, “Déjalo ser”…). En la parte baja del edificio Las Plazas se concentraban los hippies, la mayoría de Cuernavaca y uno que otro gringo, entre ellos algunos provenientes de San Francisco donde había despertado el movimiento hippie de amor y paz. En Las Plazas se establecía la primera hamburguesería de franquicia, la “Burger Boy”, concurrida por muchachos enfundados en pantalones acampanados, playeras desteñidas y huaraches que convivían con chicas de minifalda calzadas con sandalias estilo romano, blusas de colores chillantes y dibujos sicodélicos. Pero no todo eran melenas, collares, playeras desteñidas, mariguana, rock y amor libre. El kaleidoscopio de Cuernavaca mostraba un sinfín de colores. El salario mínimo era remunerativo, las familias de obreros vivían con modestia, pero sin pasar miserias. En Civac la élite de trabajadores especializados de la flamante planta ensambladora de coches Nissan (torneros, pintores, tapiceros, etc.) ganaban cien y más pesos diarios, equivalentes a mil de hoy. Y en el barrio de Chapultepec la fábrica de Textiles Morelos estaba en su esplendor, fabricando telas de exportación, dando cientos de empleos, vivienda y escuela para los hijos de sus obreros…

Pasaron tres décadas. Con los noventa llegó el espanto del secuestro que, asociado con policías corruptos, ahuyentó inversiones, canceló posibilidades de empleos, empujó al exilio a empresarios que eran secuestrados potenciales. Protegido por autoridades corruptas, el narco cobró carta de naturalización mediante operaciones de trasiego de drogas, puestas algunas al descubierto en 2004 por la Procuraduría General de la República con las aprehensiones de José Agustín Montiel López y Alberto Pliego Fuentes, jefes de la Policía Ministerial del gobierno de Sergio Estrada.

Una situación grave, pero no horrenda como luego se pondría. Marzo de 2007. Tras ser “levantado” en la colonia Carolina, al día siguiente fue encontrado muerto en Tehuixtla el policía ministerial Juan Luis Montes Delgado… Abril: Ejecutados los agentes de la Policía Metropolitana, Alberto Hermilo Ambriz Villalobos, en la esquina de Humboldt y Rufino

Tamayo, y Rolando Alonso Jiménez y Salvador Vázquez Vega, en la calle 10 de Abril, el secretario general de gobierno, Sergio Álvarez Mata, declaró: “Morelos es un estado donde la delincuencia organizada no opera”, y respecto a los asesinatos registrados durante ese lapso afirmó que ello no significó que se requiriera una operación de fuerzas policíacas federales, estatales y municipales, “pues las bandas peligrosas de criminales no están en esta tierra”. Por su parte, el procurador de justicia, Francisco Coronato Rodríguez, descartó que la delincuencia organizada estuviese vinculada a la ejecución del policía preventivo Alberto Hermilo Embriz. De su lado, el presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso Estatal, Óscar Sergio Hernández Benítez, contradijo a Álvarez y a Coronato, afirmando que “Morelos no está exento de las luchas internas de la delincuencia organizada”, así que lo importante era que “el gobierno y toda la sociedad podamos hacerles frente (a los delincuentes) para tenerlos a raya”.

Abril de 2010. Esposados cuatro sujetos uno con otro, sujetados por policías armados hasta los dientes, son ingresados al edificio Vitaluz. Los curiosos conjeturan: “los han traído para que declaren en alguno de los juzgados que ahí se encuentran. Deben ser muy peligrosos, por eso los custodian soldados y policías federales; vaya a ser la de malas que sus compinches intenten rescatarlos. A los primeros balazos habrá que tirarse al piso”. Al poco rato empiezan a llegar reporteros, fotógrafos, camarógrafos. Deducen son los sicarios que fueron detenidos la mañana del martes, en el Mega del crucero de Tejalpa. Sintetizan la historia: se desplazaban en una camioneta Murano, los militares y los policías de la Preventiva Estatal que los agarraron les decomisaron un R-15 y un cuerno de chivo, son presuntos pistoleros del cártel de Arturo Beltrán Leyva, “El Barbas”, pero para que rindan sus declaraciones y la tranquilidad vuelva a esa parte del Zócalo todavía pasarán varias horas… La madrugada del 21 son encontrados los cuerpos del director operativo de la Policía Ministerial, Víctor Enrique Payán Anaya, y su escolta Ferry Meléndez Díaz, en la cajuela de un Polo blanco modelo 2005 que el 15 de abril había sido robado con violencia en la delegación Benito Juárez, según precisa el jefe de la Judicial capitalina, Amelio Gómez. Junto a los cadáveres, la amenaza en una cartulina: así van a quedar todos los que estén con “El Chapo” y “El Rey Zambada”. El vehículo fue abandonado en la autopista Cuernavaca-México con dirección al Distrito Federal… (Me leen mañana).

Las opiniones vertidas en este espacio son exclusiva responsabilidad del autor y no representan, necesariamente, la política editorial de Grupo Diario de Morelos.

Cumple los criterios de The Trust Project

Saber más

Síguenos en Google Noticias para mantenerte siempre informado

Sigue el canal de Diario De Morelos en WhatsApp