En países de Sudamérica les llaman motoneros, y en México no hace mucho tiempo que eran comúnmente conocidos con el vocablo de motociclistas que la imitación de lo gabacho derivó en el anglicismo “biker”. De ellos se juntan un montón los domingos en el crucero de Tres Marías, hombres los más y mujeres unas cuantas, para no exagerar digamos que varios cientos, no miles, la mayoría procedente de la CDMX así como del estado de México y de Cuernavaca los menos. Dejan algo de dinero –en realidad no mucho– en los puestos de comida y las fondas del entorno donde consumen quesadillas, cervezas y refrescos. Llevan años viniendo, no lo saben pero los viejos motociclistas y los nuevos bikers suelen imitar a las bandas de rebeldes sin causa tipo la película cincuentera “El Salvaje” (“The Wild One”), con Marlon Brando, que los fines de semana se divertían perpetrando actos vandálicos en un pequeño pueblo del oeste americano. Sucedió en Tres Marías el domingo 23 de agosto pasado, enfrentados comerciantes y motociclistas que hacían acrobacias en sus máquinas rugientes y un grupo de lugareños se los prohibió porque días atrás habían atropellado a un niño. De las palabras pasaron a los hechos y quemaron una de las motocicletas. Cosa que a los forasteros motorizados no les importó gran cosa. El siguiente domingo estuvieron de regreso, el otro también y así cada siete días sin faltar. Peor anteayer, cuando en pleno semáforo rojo a los bikers chilangos, mexiquenses y cuernavacos les valieron madre la sana distancia y el uso del tapabocas. Nuevamente arribaron por la carretera federal y la autopista montados en caballos de dos ruedas que llegan a costar varios centenares de miles de pesos, lo mismo que los equipos del típico juego de según la pedrada es el sapo, con cascos de entre 900 y 1,300 pesos; chamarras, 1,700 y hasta 5,000; pantalones de piel, 3,000; botas, 2,000; mochilas, 800; armadura de rodilleras y coderas, 1,300 pesos, etc., etc. Incapaces de poder o querer contenerlos, los elementos de la Dirección Estatal de Protección Civil e incluso de la Guardia Nacional han hecho algunos de esos operativos disuasivos… que no disuaden. En Tres Marías, el imperio de la anarquía de motociclistas parece que no terminará sino hasta que haya finalizado la campaña de la aplicación masiva de la vacuna contra el cólera virus. ¿Cuándo? Aunque meses deberán pasar para que ello suceda y recobremos la normalidad, por fortuna ya es visible una lucecita en el fondo del túnel tenebroso. El presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que en febrero comenzará la vacunación masiva contra Covid-19 para los adultos mayores de 60 años, y que a más tardar en abril estarán vacunados todos los mexicanos de 60 años en adelante. Vale la pena reproducir textualmente lo que dijo ayer: “Quiero adelantar que mañana vamos a recibir alrededor de 430 mil 12 dosis, y cada semana vamos a recibir la misma cantidad, de modo que tenemos el plan (de) que mañana se va a terminar de vacunar en este mes a todos los trabajadores de salud de los hospitales Covid de todo el país, para comenzar la vacunación amplia, masiva a principios de febrero de adultos mayores con Pfizer”. Esto además de que, afirmó, ayer mismo llegó de Argentina el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, “y “trae buenas noticias” porque se tendrán dos vacunas más, una de una farmacéutica rusa (Sputnik V) y la otra de AstraZeneca… (Me leen después).

Por JOSÉ MANUEL PÉREZ DURÁN  / jmperezduran@hotmail.com