A despecho de los auténticos seguidores de Andrés Manuel López Obrador, para las próximas elecciones la reedición de la coalición de los partidos Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y Encuentro Social (PES) parece o de plano es inevitable en Morelos. Reunidos el jueves pasado en un restaurante de la Ciudad de México el presidente nacional de Morena, Mario Delgado Carrillo, el gobernador Cuauhtémoc Blanco Bravo, y los dirigentes nacional y local del otro PES que en realidad es la misma gata nomás que revolcada, el Partido Encuentro Solidario, Hugo Eric Flores Cervantes y Ulises Bravo Molina, fue el diputado federal por PES “original”, Jorge Argüelles Victorero, quien subió a redes sociales la foto del convivio gastronómico. Pero la alianza no sería sólo de dos, si como el día siguiente difundió Argüelles él mismo se ha reunido con otras fuerzas políticas de la coalición de las elecciones de 2018. Una es el PT del que, si el propio Argüelles aseguró se empeña en postular a candidatos “impresentables”, si se refirió a Tania Valentina ésta no se ha puesto el saco… hasta ahora. Tania y Argüelles ambicionan la alcaldía de Cuernavaca.... ADEMÁS de la inseguridad vieja, creciente, impune, la lista de calamidades que resulta más larga que un día sin comer hacen de Cuernavaca una ciudad poco menos que inhabitable. Semáforos cayéndose de viejos, descompuestos, agarrados con alambritos; guarniciones y banquetas que décadas atrás debieron ser reconstruidas, destrozadas como las que “adornan” la calle Madero y más arterias verdaderamente incontables; limpiaparabrisas, faquires, payasos, vendedores de golosinas, repartidores de “volantes” y mendigos en los cruceros de calles y avenidas por el efecto de gobiernos fallidos; restaurantes sin estacionamientos, obligados los clientes a pagar a valets parkins que llevan los vehículos a calles cercanas y a veces solitarias con el riesgo de que se los roben; restaurantes y cafés con mesas esparcidas en banquetas y en otros espacios propiedad del municipio que fueron concesionados desde hace años mediante contratos institucionales y “arreglos” bajo la mesa; andadores peatonales invadidos por changarros de chucherías y comida rápida en pasajes comerciales, desdeñados los minusválidos y personas de la tercera edad; la Plaza de Armas y el Jardín Juárez como el paradigma del Zócalo más desordenado de ciudad capital alguna, secuestrado por comerciantes ambulantes convertidos en permanentes; ruteros y taxistas cafres que son tolerados por agentes de tránsito de a pie y motorizados agobiados por el “no se puede” so pretexto de la dádiva “para el chesco”; instalaciones defectuosas de gas y electricidad en puestos y locales de comida del centro comercial ALM y los mercados de Buenavista, la Carolina y Alta Vista así como en tianguis y fondas. Sin ser nueva pero acentuada la anarquía en la anterior administración, el desafío del reordenamiento de la ciudad le cayó como herencia maldita al alcalde Antonio Villalobos. Para acabarla de amolar, la inseguridad que la gente de pie y de coche lleva años reprochándole al gobierno. Rampante la impunidad del crimen organizado y la delincuencia común que a estas alturas de la película criminal registra cifras oficiales del más del ochenta por ciento, ni para dónde se haga la gente decente… (Me leen después).
Por José Manuel Pérez Durán / jmperezduran@hotmail.com
