Es el presidente Andrés Manuel López Obrador quien pone los temas en el día a día de los medios masivos de comunicación. Además gratis, “de gorra”, pues, publicadas a regañadientes las notas de cobertura en los llamados “medios tradicionales”, a diferencia de los gobiernos neoliberales cuando la tesorería de la Presidencia les pagaba las gacetillas con dinero público. Por eso los corajes entripados de, por ejemplo, Joaquín López Dóriga, “Pepe” Cárdenas y Ciro Gómez Leyva, quienes del servilismo disfrazado de “periodismo” pasaron a ser críticos feroces de todo cuanto diga y haga AMLO. Si sobre el bloqueo a Cuba declara el Presidente, es nota, y lo mismo si de los presidenciables habla. Bastó con que en una “mañanera” de junio de 2021 AMLO se refiriera al derecho constitucional de aspirar a ser presidente de México, para que los medios de empresas conservadoras cayeran en el garlito y multiplicaran el pronunciamiento presidencial. Presente en la rueda de prensa de cobertura nacional, el canciller Marcelo Ebrard tomó el micrófono y delante de AMLO reconoció que sí aspira, e inevitablemente recurrió a la cantaleta institucional de estos casos: que sí quiere ser presidente de este país, pero sin desconcentrarse de su actual obligación. (Ajá). El secretario de Relaciones Exteriores destacó lo que debía privilegiar: la lealtad a su jefe el Presidente. Entrevistada la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, declaró más o menos en los mismos términos de lealtad e institucionalidad a AMLO. E igual el senador Ricardo Monreal Ávila, quien admitió que no es “el favorito” pero que incluso así contenderá por la candidatura presidencial. ¿Y en casa cómo andamos? Dada la cuasi seguridad de que el siguiente gobernador de Morelos surgirá del partido Morena, suena Rabindranath Salazar Solorio, el subsecretario de Gobernación que en el 2018 fue “sacrificado” por AMLO y a Morelos le cayó la maldición desde Tepito. Aunque menos que un año atrás, también hacen ruido los presidentes municipales morenos reelectos de Jojutla y Jiutepec, Juan Ángel Flores Bustamante y Rafael Reyes Reyes, reconocidos por los morelenses de a pie los logros de ambos en obras y servicios públicos que los tienen reputados como dos de los mejores alcaldes; o la senadora Lucía Meza Guzmán y la directora de la Lotería Nacional, Margarita Saravia, por citar ser féminas. Desde el instante en que José Luis Urióstegui le ganó la alcaldía de Cuernavaca al cártel de los fuereños que candidateó a Jorge Argüelles quedó convertido en el candidato natural del PAN a gobernador, y automáticamente desplomados los ex diputados federales Daniel Martínez Terrazas, Marco Adame Castillo así como el vástago de éste último, e imposible la voltereta de regreso al panismo del “hijo desobediente” Javier Bolaños Aguilar. Desplomado hasta los últimos lugares de las preferencias electorales, en el 2024 y quién sabe por cuantos años más el PRI no será gobierno en Morelos, de modo que el senador Ángel García Yáñez, el presidente estatal del tricolor, Jonathan Márquez, y los aspirantes que vaya acumulando la debacle priista deberán seguir en la banca otros cuantos sexenios. Descartado el PRD que anda en la cuerda floja luego de que en junio de 2021 realmente no alcanzó el 3 por ciento de la votación, sólo lo salvaría una triquiñuela operada por el poder del presupuesto de gobierno en el Impepac. Los partidos nuevos simularán jugar por la gubernatura, tan numerosos como débiles en términos electorales, dedicados otra vez sus dirigentes al negocio de los cheques de las prerrogativas y a meter algunos alcaldes, síndicos y regidores para cobrarles el “diezmo” durante tres años. Así las cosas… (Me leen después).
Por: José Manuel Pérez Durán
