El huracán Grace cruzó Veracruz, Puebla, el estado de México y más entidades en las que causó daños humanos y materiales; el fin de semana Morelos fue pasado por agua, pero por fortuna aquí prácticamente no pasó nada. Sin embargo, no siempre ha sido así. En Los Altos de Morelos recuerdan cuando el río Yautepec fue noticia nacional, y que en 2013 se desbordó el Amacuzac. Con diferencias apenas notables, de 2009 a 2013 se registraron daños graves por inundaciones. De la más grande inundación ya hicieron 23 años, cuando el nivel del río Yautepec sobrepasó dos metros y los perjuicios fueron ciertamente severos, aunque no al grado de once años después, en agosto de 2009, cuando el caudal rebasó los diez metros sobre las orillas del cauce. El del 14 y 15 de septiembre de 2013 se consideró como un “desbordamiento histórico” del río Amacuzac: dejó en seis comunidades de ese municipio, de Puente de Ixtla y Jojutla a decenas de familias sin hogar, pérdidas de ganado, cultivos y múltiples averías en caminos y carreteras. Cajones y Huajintlán (Amacuzac), El Coco y El Estudiante (Puente de Ixtla) y Tehuixtla, Chisco Río Seco y Vicente Aranda (Jojutla) fueron golpeadas por el agua. El reporte de daños incluyó el puente La Fundición que enlaza las comunidades de Tilzapotla, La Tigra y El Zapote, en la sierra de Huautla. Otro: el desastre se acumuló en cinco horas. De las 11 de la noche del martes 25 a las 4 de la mañana del miércoles 26 de agosto de 2009 la intensa lluvia y el torrente acumulado desde Los Altos de Yautepec provocaron una “crecida histórica”, alcanzando 10.80 metros. En seis horas pasaron como caballos desbocados 108 mil litros (o 108 metros cúbicos) por segundo. Incontenible, la corriente inundó dos mil casas, el Mercado Municipal, cientos de comercios en el centro del pueblo así como una veintena de escuelas. Mientras en el centro el aluvión ya había alcanzado quince calles cubiertas por 60 centímetros de lodo, nueve colonias se perfilaban al desastre: Santa Lucía, Flores Magón, Itzamatitlán, Jacarandas, Ixtlahuacán, Felipe Neri, Centro Rancho, San Juan y Cuauhtémoc. Nueve días antes hubo un aviso del incremento del cauce de 7.8 metros, y en Tlaltizapán desde las dos de la madrugada se dio la voz de alerta por la crecida del río. Resultaron dañadas trescientas viviendas en la cabecera municipal, Temilpa Viejo y Ticumán. Poco más de un año después, el martes 7 de septiembre, otra inundación dañó un centenar de viviendas en Jiutepec y Yautepec… Cuernavaca se llenó de tristeza: A las 15.30 horas del 22 de agosto de l999 llovía a cántaros, y el señor Godolio Méndez Duarte conducía su vehículo sobre la avenida Cuauhtémoc. Llevaba a su esposa María del Rosario Romero Avilés y sus hijas Tania, Mónica y Diana, de 7, 4 y un año de edad. Al llegar a la esquina con Potrero Verde, el aluvión que se precipitaba calle abajo alcanzó el motor y lo apagó. Angustiada, la familia abandonó el automóvil y corrió a refugiarse bajo la cornisa de una casa situada frente a la gasolinería. Pero fue inútil: el agua seguía subiendo. Intentaron trepar a lo que creyeron era un escalón, diez metros abajo de la misma acera, pero no había escalón, sino un enorme agujero oculto por el agua, al cual cayeron. En cuestión de segundos la señora fue arrastrada por el torrente, sufriendo una muerte espantosa. El señor y las niñas hubieran seguido la misma suerte, de no haber sido por los empleados de la estación gasolinera que corrieron a auxiliarlos, rescatando de los brazos de su padre a las tres pequeñas… La furia del dios Tláloc va y viene. Además del luto por los familiares desaparecidos y las pérdidas materiales, quedan los recuerdos ingratos… (Me leen después).

Por:  José Manuel Pérez Durán / jmperezduran@hotmail.com 

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