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Ayer, el Papa Francisco, inició con el segundo día de actividades, con la visita al Palacio Nacional al encuentro con el Presidente Enrique Peña Nieto, para después dirigirse a la Catedral Metropolitana y por último oficiar la Santa Misa en la Basílica de Guadalupe ante miles de feligreses. El sumo pontífice arribó a la Ciudad de México el viernes por la noche y fue trasladado a través del papamóvil, a la Nunciatura Apostólica ubicada al sur de la Ciudad de México, donde pasó la noche. La mañana de ayer, Su Santidad se reencontró con el Presidente, en un hecho histórico en el que por primera vez un obispo de Roma es recibido en el Palacio Nacional. El Papa dijo en su discurso, que es necesario trabajar por el bien común, ya que sobreponer los intereses individuales al de las mayorías genera “terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte”. Después de este acto, a las 11 horas se trasladó a la Catedral Metropolitana, para una reunión con obispos, donde recibió las llaves de la Ciudad de México de manos del jefe de gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera. Francisco habló sobre el peligro que representa el narco para la sociedad y pidió a los obispos “no dormirse en sus laureles” ante las problemáticas que vive el país. “Conozco la larga y dolorosa historia que han atravesado, no sin derramar tanta sangre, no sin impetuosas y desgarradoras convulsiones, no sin violencia e incomprensiones”, dijo. Después de reunirse con el obispado, tomó un descanso en la Nunciatura, para luego continuar con su agenda a las 16:45 horas al oficiar la Santa Misa en la Basílica. Ya en la misa ante cerca de 32 mil personas, dedicó palabras a los padres, madres y abuelos “que han visto partir, perder o incluso arrebatarles a sus hijos”, se dirigió a todas aquellas personas que no encuentran su lugar, de los jóvenes expuestos a diversas situaciones dolorosas. i