En un giro que dejaría boquiabierto hasta al más firme defensor de la corrección política, Carl’s Jr. ha decidido desempolvar su antigua receta de publicidad provocativa. Ocho años después de haber dejado de lado a las icónicas modelos en bikini que devoraban hamburguesas –y que, según la propia cadena, demostraban que “las feas no venden hamburguesas”– la compañía vuelve a lo que muchos consideran su pan de cada día, justo a tiempo para la Super Bowl.

El nuevo comercial, que promete más polémica que un debate presidencial, presenta a la influencer de TikTok Alix Earle, quien presume su estatus de “emperatriz de las redes sociales” mientras se luce con un atuendo tan diminuto como provocador. Con más de siete millones de seguidores, Earle nos convence de que nada cura mejor una resaca que la “Hangover Burger”, una hamburguesa pensada para esos valientes aficionados al fútbol que necesitan reponerse después de una fiesta inolvidable. “Justo lo que necesitas para curarte después de la fiesta”, comenta Earle mientras se pasea por un túnel de lavado, haciendo honor al estilo irreverente y descarado que caracterizó a la marca en sus días dorados.

La estrategia no llega de la nada. Durante años, Carl’s Jr. fue sinónimo de campañas publicitarias subversivas, con rostros de celebridades como Paris Hilton y Kim Kardashian desafiando los límites de lo aceptable. Sin embargo, en 2017, en plena oleada de activismo progresista y corrección política, la cadena optó por una versión más “moderada”. La renuncia a sus icónicos anuncios coincidió con la salida de Andrew Puzder, exdirector ejecutivo que, a pesar de defender en su momento el estilo audaz –incluso tras la nominación de Trump para Secretario de Trabajo– acabó huyendo de un torbellino político.

Pero, como bien dice el refrán, “lo que sube tiene que bajar” (o, en este caso, lo atrevido vuelve a la carga). Con el declive del movimiento woke y el regreso de Donald Trump a la palestra política –quien ha prometido pelear contra lo woke en Hollywood y en la televisión– el clima en Estados Unidos ha cambiado de sabor, y marcas como Carl’s Jr. están dispuestas a saborear ese nuevo ambiente.

Tim Calkins, profesor de marketing en la Kellogg School of Management de la Universidad Northwestern, lo resume a la perfección: “Con la nueva administración, lo que se considera aceptable está cambiando”. Y es que, mientras unos ven la corrección política como el aderezo obligatorio de cada mensaje, otros prefieren condimentar sus anuncios con una buena dosis de irreverencia y nostalgia por tiempos menos pulidos.

Jennifer Tate, directora de marketing de CKE Restaurants, dejó claro el tono de este renacer publicitario: “Este es un mundo con nuevas reglas y nuevos líderes. Alix Earle es una emperatriz de las redes sociales, y Carl’s Jr. está disfrutando haciendo lo que otras marcas no se atreven a hacer”. Blanco y en botella, parece decirnos que la era del miedo a la controversia ha terminado.

En definitiva, mientras algunos se preguntan si este regreso a lo “atrevido” es una jugada genuina o simplemente una estrategia para encender la llama de la polémica durante la Super Bowl, lo cierto es que Carl’s Jr. ha decidido que es hora de dejar atrás la agenda woke y ponerse a dieta de corrección política. Con su “Hangover Burger” y un túnel de lavado de fondo, la cadena no solo nos ofrece una hamburguesa para los resacados, sino también una buena porción de humor –y quizá, para algunos, un toque de nostalgia por aquellos días en que los bikinis y las hamburguesas eran el combo perfecto para vender.

¿Será este el renacer de la irreverencia en la publicidad o simplemente una moda pasajera? Solo el apetito (y el marcador del debate cultural) lo dirán. Por ahora, Carl’s Jr. ha hecho su jugada, y en la era Trump, a lo loco está de moda.

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