Después de dos días de intensas negociaciones en Londres, Estados Unidos y China firmaron un acuerdo marco para reactivar la pausa arancelaria pactada previamente en Ginebra, evitando así una escalada comercial que amenazaba con llegar a gravámenes del 145%.
El pacto incluye el levantamiento de las restricciones chinas a la exportación de tierras raras y minerales críticos, claves para sectores como el automotriz y aeroespacial. A cambio, el gobierno estadounidense permitirá la entrada de estudiantes chinos a sus universidades y revisará ciertos controles a la exportación de software de semiconductores y componentes aeronáuticos.
Aunque se cancela la imposición de aranceles extremos, el acuerdo no establece soluciones definitivas a las disputas subyacentes, como la política industrial de China o los gravámenes unilaterales impuestos por la administración Trump. El acuerdo debe ser finalmente aprobado por los presidentes Donald Trump y Xi Jinping.
Los inversores reaccionaron con cautela: los mercados registraron movimientos modestos, reflejando que aún no se han detallado los términos del acuerdo. Según Reuters, el pacto mantiene temporalmente los aranceles reducidos —30 % para mercancías chinas y 10 % en productos estadounidenses— dentro de los próximos 90 días.
Este avance llega en un contexto global de desaceleración económica, con el Banco Mundial reduciendo su pronóstico de crecimiento para 2025 debido en parte a las tensiones comerciales.
En resumen, el acuerdo marca una tregua estratégica que alivia presiones inmediatas en las cadenas de suministro y brinda tiempo a ambas potencias para negociar temas de mayor fondo. Sin embargo, queda pendiente el diseño de un mecanismo duradero que detenga la imposición y escalada de aranceles.
