Un rayo de sol capaz de iluminar una cueva subterránea, proyectar imágenes astronómicas y generar sorprendentes efectos ópticos convierte al Observatorio de Xochicalco en una de las construcciones más fascinantes de Mesoamérica, de acuerdo con el suplemento cultural El Tlacuache núm. 675 del Centro INAH Morelos.
Oculto bajo la superficie del antiguo asentamiento, el observatorio fue excavado en la roca caliza del cerro y diseñado con una precisión notable. El Tlacuache explica que la estructura cuenta con una cámara subterránea rematada por una bóveda de piedra careada en espiral y un tubo hexagonal inclinado 1 grado 20 minutos hacia el norte, cuya altura alcanza 8.95 metros desde el piso de la cueva hasta la superficie.
Fenómeno óptico
Gracias a esa ingeniería, entre finales de abril y mediados de agosto la luz solar penetra por el conducto e ilumina el interior del recinto durante 104 días. El fenómeno alcanza su punto más espectacular en los pasos cenitales del Sol, cuando el haz luminoso desciende directamente hasta la cámara.
Según la publicación del INAH Morelos, este conocimiento permitía a los gobernantes de Xochicalco seguir los ciclos del Sol, la Luna y otros cuerpos celestes para organizar actividades agrícolas y, al mismo tiempo, reforzar su autoridad mediante fenómenos que podían parecer sobrenaturales para la población.
Sorprendentes revelaciones
El sitio volvió a sorprender a investigadores en agosto de 2003. Mientras realizaban fotografías promocionales, Adalberto Ríos y Ernesto Ríos descubrieron una extraña imagen: una mano aparecía invertida respecto a la posición real de quienes se encontraban bajo el haz de luz.
Para esclarecer el fenómeno, el doctor Sergio Vázquez y Montiel, especialista en óptica, determinó que el observatorio funciona como una cámara oscura. De acuerdo con El Tlacuache, si se coloca una tapa con un pequeño orificio en la parte superior del tubo durante el paso cenital del Sol o de la Luna, pueden proyectarse en el piso imágenes del Sol con sus manchas solares o de la Luna con sus cráteres.
El estudio concluyó que la misteriosa mano era una “imagen fantasma”, un efecto óptico natural provocado por reflejos internos de la luz. Actualmente, este extraordinario observatorio permanece cerrado al público para garantizar su conservación.
Este descubrimiento no solo redefine nuestra comprensión de Xochicalco, sino que también nos invita a reconsiderar la sofisticación tecnológica y el profundo conocimiento astronómico de las civilizaciones mesoamericanas
