Sin querer tuve acceso al reporte del querido Horacio sobre la investigación que está haciendo con jóvenes diagnosticados con alguno de los padecimientos que afectan el comportamiento y autocontrol o trastornos de la conducta. El 'doc' es una persona muy querida que conozco desde niño pues es amigo de mis papás.
Me inscribí al estudio por su invitación, de hecho me dio chance por mi sincera curiosidad de asomarme al mundo de la psicología. Varias veces lo escuché platicar en la casa sobre ese proyecto que, dicho por él, más bien busca construir una ruta para un estudio más completo sobre los jóvenes y su comprensión de la realidad en tiempos saturados de información contradictoria y peligrosa.
Como buen científico, Horario no da nada por sentado pero tiene alguna intuiciones (germen de la teoría, diría él) sobre ciertos aspectos del desarrollo de los jovenes, particularme los referentes a la aceptación y funcionalidad dentro de la cada vez más enorme cantidad de grupos y categorías sociales que compiten sin piedad entre sí.
El 'doc' no sabe que vi el reporte de sus avances, pero me llamó la atención el remarcado en una nota final en la que se manifiesta sorprendido con el resultado de uno de los ejercicios hechos a los 25 voluntarios que participamos, 12 mujeres y 13 hombres con rangos de edad entre 17 y 20 años (originalmente serían 12 y 12 pero yo me colé y con mis 22 años soy el mayor). Sólo hubo dos requisitos para ser aceptados: la autorización de los padres, en el caso de los menores de edad, y tener el video del día de nuestro nacimiento.
Aunque el texto es vago pude percibir entre líneas que el 'doc' cree haber encontrado la clave con la que definirá las bases de su investigación final. 'El Punto de Contacto', escribió.
No soy experto pero creo que sí encontró algo que puede ser significativo para su estudio, pues desde que hice esa parte de la prueba he experimentado sensaciones extremas que pasan por la melancolía y la angustia, ansiedad y euforia, paz y depresión que se alternan con momentos de duda y sentido de extravío (aunque mis amigos me dicen que no es cierto, que todo es pura pose mía para llamar la atención).
El ' doc' escribe para sí, pero en general fue muy preciso en su reporte y gracias a eso ahora sé que varios de los participantes tienen síntomas parecidos a los míos.
No sé si el siguiente nivel del estudio implique sesiones psicológicas con todos o sólo algunos, pero creo que si eso ocurre el ' doc' va a estar rebasado con lo que va a escuchar. Lo digo por mí, aunque sé que él se va a emocionar mucho.
En mi caso le contaré de mis sueños, que son tan vívidos que me dejan confundido acerca de los límites entre realidad y fantasía.
Ultimamente sueño que estoy viviendo dentro de una flor muy hermosa, un lirio púrpura que me protege y me canta amorosamente en susurros. Me sumerjo en una inconsciencia extática que me llena de paz y me comunica con el alma de la flor; una sensación inexplicable de diálogo fluido e intercambio de certezas antiguas, conocimiento milenario que se instala en todos los átomos de mi ser y lo hace vibrar pero que en un segundo se transforma perversamente en un horror claustrofóbico que me altera y me impulsa a salir, desesperado, entre patadas y manotazos que rompen la flor y la hacen sangrar desde su tallo.
Cada una de mis células experimenta el dolor de la flor como una sacudida eléctrica espantosa que me arroja a un río de aguas amargas. A lo lejos, una voz que proviene del vértice donde confluyen las aguas para con
vertirse en cascada, me llama con una ternura impregnada de dolor. No tengo elección, pues la corriente me empuja hacia la cascada, pero me intriga el origen de la voz. Cuando estoy a punto de caer veo en el vacío, como alucinación que se proyecta en el cielo, dos labios de mujer sangrantes y extenuados de tanto gritar mi nombre. Musitan una plegaria por mí ante la caída que se presenta abismal.
En la ribera de la cascada alcanzo a ver miles de piedras manchadas de sangre junto a sentencias de lapidación escritas en un idioma extraño pero que entendí.
El tiempo se detiene y me hace ver mis muchos futuros de hongo atómico, larva milenaria, árbol del edén, piedra de David, cuervo en el arca, sal de Sodoma y tritón transformado por las aguas del sábado de gloria y la condena furiosa de mis ancestros.
Veo luces de colores hermosos que se mueven como luciérnagas gigantes colmadas de vida. Alucinación de fosfeno que me muestra micromundos habitados por las eras humanas, la simiente de los dioses, el raciocinio del azar, la epopeya de los héroes, el pecado de los inocentes, la santidad de los animales, el algoritmo del odio, la vanidad del holocausto... la expresión de albedrío de caos tiempo y caos dibujando el adn de la vida.
Caigo. El amor se percibe poderoso en ese espasmo vertical de agua que libera un rocío cantarín, como un rezo por las almas que luchan con impronta de salmón.
Pasa un tiempo en el que no comprendo nada, todo es bruma y olvido. Me asumo parte del rocío y me evaporo para ascender hasta donde anteriormente escuché la voz amorosa que decía mi nombre, pero sólo alcanzo a ver los labios lacerados que se pierden entre las brumas vaporosas de la cascada.
Me siento muy solo y perdido.
Al bajar la mirada veo mi cuerpo desnudo y diminuto postrado sobre un manto de flores. Una mano de mujer me corta el lazo de plata que me une a la vida mientras sus labios me susurran al oído: te amo.
Me despierto pensando que he muerto mil veces y sigo confundido respecto al sentido de la realidad y la vida. Lloro horrorizado.
A juzgar por sus observaciones, y lo remarcado en la nota, el ejercicio que el ' doc' considera el 'punto de contacto' para entrar a otras fases de la consciencia de su grupo de jóvenes se derivó de la sesión donde cada uno vimos el video de nuestro nacimiento.
Qué duro ha sido lidiar con eso. No es nada grato revivir episodios incrustados en los lados más primitivos de la conciencia que irrumpen sin permiso y me asustan como si fuera un bebé. No me hallo. Me siento indefenso, como si mi vida se hubiera vaciado de toda trascendencia.
Creo que el ' doc' se horrorizará al asomarse a la realidad de su estudio y comprobar que la falta de misterios en la vida crea hastío.
O se han ido tus versos, Miguel Ángel, aunque la noche es corta, ya se abrieron las ventanas. Ya esperamos la aurora para que florezcan más palabras, las que tú has sembrado, las que navegan en nuestros diálogos, tu voz tejida con nuestras voces. No se han ido tus versos.
Ahora viajas en las alas del silencio, sólo por corto tiempo. Mañana cantará el gallo y los trinos se mecerán entre los huizaches y las anacahuitas. Ahí llegarás transformado en colibrí buscando las flores blancas que prefieren los poetas. No se han ido tus versos, Miguel Ángel, ahora, hay un cielo azul y la noche traerá una luna exuberante, ahora, leo dos composiciones tuyas, el que imaginaste y tú poema nocturno y aquí estás, en esa ubicuidad de las palabras, en esas ondas que el viento lleva y trae y en esos sentimientos que nos integran.
No se han ido tus versos, Miguel Ángel.
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