Cuernavaca, Morelos.- 728 árboles fabricados a mano, más de 142 mil rostros impresos en 3D y cientos de artistas trabajando durante años formaron parte del proceso para dar vida a un bosque que, durante más de una década, Travis Knight creyó imposible llevar al cine. La espera terminó para los amantes del cine fantástico con la llegada de "Wildwood", la ambiciosa producción del estudio LAIKA que redefine los límites de la animación stop motion.
La historia comenzó hace 16 años, cuando el presidente de LAIKA descubrió la novela fantástica de Colin Meloy, ilustrada por Carson Ellis, que transcurría en su natal Portland. Lo que al inicio parecía un proyecto prometedor se convirtió en uno de los mayores desafíos técnicos de la industria cinematográfica, obligando a los creadores a desarrollar herramientas inexistentes en la década pasada.
Innovación técnica y el peso de la artesanía
A diferencia de las tendencias actuales que priorizan los atajos digitales y la inteligencia artificial, el equipo de LAIKA apostó por el trabajo manual y la investigación constante. Brad Schiff, director de animación del estudio, señaló que cada película funciona como un proceso de desarrollo para la siguiente, permitiendo perfeccionar habilidades que previamente exploraron en producciones como "Coraline" y "Kubo and the Two Strings".
Para recrear el llamado Impassable Wilderness (Bosque Impasable) —inspirado en el Forest Park de Portland y otros paisajes de Oregón—, los realizadores construyeron 132 escenarios físicos y detallaron elementos tan complejos como 3,794 plumas individuales para cada una de las marionetas de The General, el águila interpretada por Angela Bassett. El reparto de voces en su versión original también incluye talentos de la talla de Carey Mulligan, Mahershala Ali y Jacob Tremblay.
Los animadores como actores y el valor del vestuario
El proceso de creación va mucho más allá de mover figuras fotograma por fotograma. Antes de animar cada secuencia, los propios realizadores actúan las escenas frente a una cámara para estudiar los gestos, las pausas y los movimientos corporales, generando referencias que los animadores aplican posteriormente a las marionetas.
Por su parte, el diseño de vestuario a cargo de Deb Cook cumplió un rol fundamental en la narrativa visual. La ropa de los protagonistas no solo refleja su evolución emocional y sus conflictos internos, sino que también rinde homenaje a las tradiciones y la estética del Pacífico Noroeste. Crear estas prendas representó un reto mayúsculo, fabricando entre 30 y 40 versiones idénticas de cada indumentaria para permitir la manipulación de los mécanismes internos sin perder textura ni elasticidad.
Una visión compartida con Guillermo del Toro
El rigor y la pasión por el stop motion han colocado a LAIKA en la cúspide de la animación mundial, generando una fuerte afinidad con creadores de la talla de Guillermo del Toro. El cineasta mexicano ha reconocido en múltiples ocasiones el "importantísimo" trabajo que realiza el estudio, estableciendo un paralelismo con sus propias producciones artesanales como "Pinocho".
Frente a la creciente incursión de la tecnología automatizada en el entretenimiento, los directivos de LAIKA mantienen una postura firme. Brian McLean, director de animación por sustitución, sentenció que la inteligencia artificial representa el camino fácil y económico, una filosofía totalmente opuesta al ADN de un estudio que cumplió dos décadas apostando por el talento humano y la dedicación cuadro por cuadro.
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