¡ Cayó el chahuistle en el INE! La renuncia de Guadalupe Taddei de la presidencia del instituto, en medio de señalamientos por presuntas irregularidades en contratos y un romance prohibido, volvió a poner al árbitro electoral en el ojo del huracán. Y, como suele pasar en la política, ya empezó el reparto de culpas. Pero vamos por partes. Para empezar, ¿por qué la oposición le quiere cargar el muertito a Morena? Pues resulta que argumentan que en octubre de 2024, Morena impulsó cambios legales para que Taddei tuviera una especie de ‘superpoderes’ y pudiera nombrar directamente a los titulares de áreas importantes del INE, sin necesitar ocho votos del Consejo General. La idea era evitar pleitos entre consejeros y agilizar la integración de su equipo. En pocas palabras, que la presidenta pudiera tomar decisiones sin quedarse atorada en la grilla interna. ¿El detalle? Tal vez, como diría el meme, el error fue confiar demasiado y concentrar tantas facultades en una sola persona.
Ahora, tampoco es el fin del mundo y dar por hecho que todo está podrido. Los señalamientos deben investigarse y, si se comprueban irregularidades, que se sancione a quien corresponda. Eso sí, las reglas pueden perfeccionarse y, de hecho, ya existe disposición para debatir si esos poderes deben mantenerse o si conviene recuperar algunos contrapesos. Reconocer que una decisión puede revisarse también es parte de mejorar las instituciones.
Lo curioso es ver a ciertos opositores darse baños de pureza, como si el INE hubiera sido siempre una institución intachable y apenas ahora se hubiera manchado. ¡Tampoco hay que tener tan mala memoria! Ahí está la elección presidencial de 2006, organizada por el entonces IFE, que dejó cuestionamientos, protestas y una profunda desconfianza en una gran parte de la ciudadanía. Y tampoco olvidemos que fue durante el gobierno de Peña Nieto cuando se transformó el IFE en INE, mediante una reforma electoral que contó con acuerdos muy dudosos entre varias fuerzas políticas. Por eso, una cosa es señalar los riesgos de concentrar facultades y otra aprovechar cualquier escándalo para cargarle todo el muerto a un partido. Morena promovió esos cambios y, por supuesto, puede discutirse si fueron acertados; pero las posibles irregularidades de funcionarios deben probarse, no repartirse por asociación política.
El INE es autónomo y esa autonomía también implica que sus integrantes rindan cuentas por sus actos. Al final, ni el INE es intocable ni todo lo que ocurre dentro del instituto es culpa automática de quien impulsó una reforma. Si hay que ajustar las reglas, que se haga; si alguien cometió una falta, que responda. Porque en política todos quieren ser jueces cuando el escándalo le pega al de enfrente, pero la memoria y la responsabilidad deberían aplicar parejo. No está de más decir que esto es a título personal. Fuera de contexto: Llegó Halloween y temporada de muertos, buen momento para reflexionar sobre la falsa superstición de que los gatos negros traen mala suerte. ¡Patrañas! El único terror real es pensar que hay gente que por creer en esas tonterías los agrede.
Cuiden a los michis negros, sobretodo en estas fechas. 6x6: Dentro de la lucha libre son populares los luchadores escalofriantes: la simpatía tétrica de La Parka, el misterio sobrenatural del Undertaker o Boogeyman, las leyendas de ultratumba como Vampiro Canadiense, los Espectros, los Espantos, los enigmáticos Damián 666 y la Black Family, o hasta la mismísima Calabaza Asesina, Halloween. También hay otros que erizan la piel por su adicción a los movimientos de alto riesgo y, como en una buena película de terror, asustan tan bien que es imposible apartar la mirada. Uno de ellos es Darby Allin, un gladiador sensacional que parece no tenerle miedo a nada.
Con el rostro partido a la mitad por su clásica pintura de calavera, ropa oscura y su inseparable patineta, Allin desafía la gravedad y el sentido común transformando cada caída en un acto de fe. Esta semana es el invitado de honor para la tradicional función de Día de Muertos en la Arena México, y quién mejor para recibirlo que el maestro de las artes oscuras del pancracio: el Hechicero. Aunque no se trata de una lucha titular, el Alquimista del Ring tendrá que cuidarse, pues lo aterrador de Allin no está en su maquillaje ni en su indumentaria, sino en su total desprecio por el peligro. Esa noche, la Catedral de la Lucha Libre también se volverá un portal al Mictlán con la celebración del Tzompantli de Máscaras: donde los gladiadores que perdieron su incógnita se la ponen por única vez en el año y, al final de la función, la depositan en el baúl simbólico —en honor a la identidad que «murió» sobre el encordado— antes de la gran final del torneo Rey del Inframundo. ¡Saludos!
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