En Guadalajara, el agua se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para muchas familias. Desde hace meses, vecinos de distintas colonias denuncian que de sus llaves sale agua turbia y con mal olor. Imagínense despertarse, abrir la llave para lavarse los dientes o bañarse y encontrarse con que el agua parece sacada de una alcantarilla. Por eso, la gente salió a las calles a exigir una solución, porque tener agua limpia no es un lujo, es un derecho.
Pero la cosa no terminó ahí. Durante la manifestación hubo enfrentamientos con la policía, detenciones y manguerazos para dispersar a quienes protestaban. Y vaya que la escena dejó una postal para el recuerdo: agua sucia en las casas y agua limpia y cristalina a presión para la represión. ¡México superando a la IA una vez más!
Lo curioso es que en Jalisco gobierna Movimiento Ciudadano, el mismo partido que se la pasa presumiendo que es distinto a los partidos de la vieja política, pero episodios como éste, dónde su propio Gobernador reconoció que hubo excesos, recuerdan que cambiar de color o de discurso no garantiza cambiar las formas.
Más allá de la grilla, lo importante es que la gente tenga agua de calidad y que sus reclamos sean escuchados. La concertación siempre por encima de la confrontación.
Ahora bien, el asunto también nos deja otra reflexión. Estamos acabándonos los recursos naturales a una velocidad preocupante. Contaminamos ríos, descuidamos nuestros bosques y desperdiciamos agua como si el planeta tuviera una reserva infinita guardada por ahí. Y no, mi gente, no hay una llave mágica que podamos abrir cuando todo se haya terminado.
Los gobiernos tienen una responsabilidad enorme: mantener la infraestructura, reparar fugas, garantizar la calidad del agua y proteger nuestros bosques y zonas naturales. Eso no está a discusión. Pero la sociedad también tiene que entrarle, porque cuidar el agua, evitar contaminar y cambiar nuestros hábitos son pequeñas acciones que, juntas, pueden hacer una diferencia.
Al final, todo este problema del agua nos recuerda dos cosas: que necesitamos autoridades que cumplan con su trabajo y que cuidar el planeta es responsabilidad de tod@s.
No está de más decir que esto es a título personal.
Fuera de contexto: Morena cumplió 15 años y, como en todo cumpleaños, toca hacer memoria. El movimiento nació con ideales, causas y mucha gente convencida de que las cosas podían hacerse diferente. Hoy, entre tanto jaloneo y disputa por espacios, quizá valga la pena preguntarse si no se nos está olvidando un poquito aquello que nos trajo hasta aquí.
6x6: ¿Qué hacía un luchador golpeando al réferi? Fue una pregunta recurrente en redes tras la muerte de Gerardo Germán Pineda, ‘El Búho’, luego de recibir una variante de martinete del Hijo de Fishman en una función en Hidalgo.
En la lucha libre, réferis, managers e incluso promotores siempre han formado parte de las narrativas. El Tirantes,
Kemonito o Antonio Peña, fundador de AAA, son prueba de que el pancracio va más allá de los luchadores.
El martinete es un movimiento de riesgo, pero con la preparación adecuada se puede resistir. Perdón si le quito un poco de magia a la lucha, pero estas maniobras suelen estar pactadas, por lo que es probable que El Búho supiera que recibiría castigo. Por ello, cabe preguntarse si un veterano como él estaba en condiciones de recibirlo. También es importante saber si existían los protocolos y recursos médicos para reaccionar. Un accidente puede ocurrir en cualquier ring.
El Hijo de Fishman fue detenido y puesto en libertad un par de días después. De acuerdo con la información que trascendió, la promotora pagó la reparación del daño a la familia de El
Búho. Antes de eso, fue juzgado por el tribunal de las redes sociales, alimentado por rumores y datos sin verificar: una condena mediática apresurada, formulada sin conocer los hechos ni cómo funciona realmente el deporte espectáculo. Ojalá este trágico accidente siente un precedente para tod@s: luchadores, promotores, réferis y hasta la audiencia. Es un recordatorio de que, todos los días y en arenas grandes o pequeñas, quienes se suben al ring, árbitros incluidos, arriesgan su integridad física.
¡Saludos!
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