Un descubrimiento arqueológico en el sur de España ha revelado nuevos detalles sobre las prácticas de algunas comunidades que habitaron Europa hace aproximadamente 7 mil años. Una investigación publicada en 2026 encontró evidencias de canibalismo en restos humanos recuperados de tres cuevas de Granada, en Andalucía, y plantea que algunos episodios pudieron estar relacionados con rituales funerarios.
El estudio, publicado en la revista científica Journal of Archaeological Science, analizó cerca de mil restos óseos humanos procedentes de las cuevas de Malalmuerzo, Carigüela y Majolicas, donde los especialistas identificaron señales de manipulación de cadáveres, fracturas, exposición al calor y posibles mordeduras humanas.
Lo más sorprendente es que los hallazgos sugieren que el canibalismo no siempre estuvo relacionado con la necesidad de alimentarse o con episodios de violencia, sino que en determinadas circunstancias pudo formar parte de ceremonias vinculadas con la muerte.
Huesos con marcas de dientes humanos y señales de cocción
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores utilizaron técnicas modernas de análisis óseo, microscopía y datación por radiocarbono, con las que examinaron restos recuperados en diferentes excavaciones arqueológicas.
Entre las evidencias encontraron marcas de corte compatibles con el desmembramiento de cuerpos, fracturas realizadas cuando los huesos todavía estaban frescos y señales que sugieren la extracción de médula ósea.
También identificaron alteraciones relacionadas con la exposición al calor y marcas atribuidas a dientes humanos, elementos que, analizados en conjunto, respaldan la existencia de episodios de canibalismo.
Los especialistas explicaron que estas prácticas ocurrieron en diferentes momentos del Neolítico, por lo que no necesariamente correspondieron a una misma comunidad ni tuvieron una única finalidad.
Cráneos humanos convertidos en recipientes
Uno de los descubrimientos más llamativos ocurrió en la cueva de Carigüela, donde los arqueólogos identificaron dos cráneos humanos modificados deliberadamente para convertirlos en recipientes.
Estas piezas, conocidas como cráneos copa, presentan alteraciones que indican un tratamiento intencional de los restos después de la muerte.
Aunque su apariencia ha despertado interrogantes sobre posibles ceremonias, los científicos todavía no han determinado para qué se utilizaban ni si tenían una función exclusivamente ritual.
El hallazgo muestra que algunas comunidades prehistóricas desarrollaron formas complejas de manipular los restos humanos, posiblemente relacionadas con sus creencias y prácticas sociales.
¿El canibalismo formaba parte de los rituales funerarios?
La cueva de Majolicas proporcionó una de las pistas más interesantes sobre la posible relación entre el canibalismo y las ceremonias dedicadas a los muertos.
En este lugar se encontraron restos humanos fechados aproximadamente entre los años 3950 y 3760 antes de Cristo, algunos de ellos teñidos con un pigmento rojo que podría corresponder a cinabrio, un mineral utilizado en diferentes contextos simbólicos y funerarios de la prehistoria.
A diferencia de otros yacimientos, estos restos no presentaban las mismas evidencias de violencia colectiva, lo que llevó a los investigadores a plantear que su manipulación pudo estar relacionada con prácticas ceremoniales.
Sin embargo, los especialistas aclararon que esta interpretación continúa siendo una hipótesis y que no existen pruebas suficientes para afirmar que todas las comunidades neolíticas consumían a sus muertos como parte de sus funerales.
También encontraron señales de violencia colectiva
No todos los hallazgos apuntan a ceremonias relacionadas con la muerte. En la cueva de Malalmuerzo, los arqueólogos identificaron restos de al menos 36 personas, correspondientes a diferentes edades, que habrían vivido entre los años 5300 y 4950 antes de Cristo.
Algunos cráneos presentaban lesiones compatibles con golpes violentos, además de señales de procesamiento de los cuerpos.
Estos indicios llevaron a los investigadores a considerar la posibilidad de que los restos correspondieran a un episodio de agresión colectiva, seguido del consumo de algunas víctimas.
No obstante, todavía se desconoce quiénes participaron en estos hechos y cuáles fueron las circunstancias que provocaron la muerte de aquellas personas.
Un descubrimiento que cambia la interpretación del canibalismo prehistórico
La investigación, encabezada por especialistas como Palmira Saladié, Antonio Rodríguez-Hidalgo y Miguel C. Botella, permitió revisar con nuevas tecnologías restos arqueológicos que habían sido estudiados desde décadas anteriores.
Los resultados muestran que los episodios de canibalismo identificados en estas cuevas abarcaron aproximadamente mil 500 años y pudieron responder a motivaciones diferentes.
Mientras algunos casos presentan indicios de violencia, otros sugieren tratamientos simbólicos de los cadáveres que podrían estar relacionados con creencias sobre la muerte.
El descubrimiento no significa que el canibalismo fuera una costumbre generalizada entre los habitantes de la Europa prehistórica, sino que aporta nuevas evidencias sobre la diversidad de comportamientos y prácticas funerarias desarrolladas por determinadas comunidades del Neolítico.
Más de 7 mil años después, los huesos encontrados en estas cuevas continúan ofreciendo pistas sobre cómo vivían, enfrentaban la muerte y comprendían su mundo los primeros grupos humanos que habitaron el sur de la península ibérica.
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