“Son uno mismo.” Eso afirmó el lunes pasado el administrador de la DEA, Terrance Cole, al referirse a “la conexión mortal entre las redes de los cárteles y el gobierno mexicano”. La publicó la propia DEA en su sitio.
Una acusación de esa magnitud, hecha por el jefe de una importante agencia federal estadounidense, no puede quedarse en retórica. Si Cole sostiene que el gobierno mexicano y el crimen organizado son indistinguibles, debe decir a quién acusa, con qué evidencia, ante qué juez. Documentar colusión de funcionarios con el narco en México es tarea vieja y probada en municipios, estados y hasta el gobierno federal, pero afirmar que el gobierno completo es lo mismo que los cárteles es otra cosa. Generaliza, contamina la relación bilateral y devalúa la acusación misma.
La presidenta Claudia Sheinbaum respondió como se espera de cualquier gobernante: rechazó la frase, la calificó de política y sin sustento, y recordó que Estados Unidos es el mayor mercado de drogas del planeta. Tiene razón en exigir pruebas porque ningún gobierno debe dejar pasar una imputación institucional de este tamaño sin exigir el expediente. Pero la indignación soberanista no basta. Lo que corresponde es exigir formalmente, por la vía diplomática y judicial, nombres, fechas y operaciones. Si hay funcionarios señalados, investigarlos. Si no hay pruebas, exigir que Cole y la DEA retiren el señalamiento.
La frase de Cole no cae en el vacío. Se da mientras México condena el secuestro de Ismael “El Mayo” Zambada, mientras el gobierno mexicano anuncia que litigará en tribunales de EEUU por la muerte de al menos 17 migrantes bajo custodia del ICE, y mientras el T-MEC entra en revisión anual. O sea que seguridad, migración y comercio ya no corren por carriles separados y una frase sobre narcotráfico puede convertirse en presión comercial, en freno a inversiones y en pretexto para operaciones militares unilaterales.
Con efectos que van de la diplomacia al comercio, la difusión de la frase de Cole no era un detalle menor porque puede agravar el problema creando una percepción equivocada en el público. En la CDMX, los diarios tenían una tarea simple: contarla sin convertirla en verdad. La mayoría de los diarios nacionales lo cumplió y encabezó la nota emparejando la frase de Cole con el rechazo de la presidenta en el mismo titular, sin darle la razón a ninguno de los dos por adelantado. Reforma fue la excepción: tituló “Alerta DEA conexión cárteles y Gobierno”, palabra que trata la advertencia como hecho verificado y deja el rechazo del gobierno mexicano para el cuerpo de la nota. Un titular que asume la acusación como verdad hace el trabajo que le correspondía a la DEA: probarla.
Una acusación institucional sin expediente termina sirviendo a todos menos a la verdad. Le sirve a la DEA para justificar más presión sobre México, a Trump para endurecer su política migratoria y comercial, y a la presidenta Sheinbaum para presentarse como víctima de una agencia extranjera y cerrar filas internas. Los medios que la dieron por buena lograron un titular más contundente, pero dejaron de exigirle a la DEA la prueba que le corresponde presentar. El único beneficiario real es el crimen organizado, al que le conviene que nadie compruebe nada.
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