Apartir de hoy, jueves 11 de junio, los aficionados y los no aficionados al fútbol profesional estaremos inmersos por un mes y medio en lo que suceda en la Copa Mundial de la FIFA 2026, que tiene como sede, por primera vez, a tres países: Estados Unidos, México y Canadá.
México, a la vez, tendrá a la Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara como sedes de una serie de partidos, máximo 13, de la Copa Mundial que organiza cada cuatro años la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA).
Todos los fanáticos, aficionados y seguidores del fútbol profesional en México, sabemos que nuestro país es sede por tercera ocasión de una copa mundial, tal como ocurrió en 1970 y en 1986, con la salvedad de que en esas ediciones lo fuimos solos, no hubo otros países sede como ahora.
Quienes como yo, somos seguidores del balompié profesional desde niños y hemos seguido de cerca el fútbol en nuestro país, reconocemos que nuestra selección actual no tiene el empaque de los grupos conjuntados para las copas mundiales de 1970 y 1986.
Cuando menos en lo personal, no me convence esta selección, la que admito que por razones de ser sede y de contar con una abundante cantidad de aficionados en México y en los Estados Unidos, llegará lo más lejos que se pueda en esta competencia que, de deportiva, ya tiene muy poco.
Es evidente, por muchos motivos, que la Copa Mundial FIFA 2026, al igual que varias anteriores, se ha convertido en un espléndido negocio, en el cual participan y se llevan magníficos dividendos varias industrias y empresas, aunque es la FIFA la que se lleva la mayor parte.
¿Cuáles industrias y empresas participan?
Las industrias y empresas de transporte aéreo y terrestre, los medios de comunicación, principalmente las televisoras, la hotelera, la restaurantera, las agencias de viajes y las privadas de seguridad, etc.
No todas se llevan el mismo porcentaje de utilidades, pero todas sacan su tajada del negocio de la máxima justa futbolera.
En esta copa, no todas las clases sociales mexicanas podrán disfrutar en vivo de los partidos en los estadios donde se jugarán. Los precios de los boletos son inalcanzables para millones de fanáticos y aficionados al fútbol.
Millones de seguidores del fútbol nos tendremos que conformar con ver algunos partidos por televisión, sin tener que pagarlos, porque la mayoría de los partidos tendrán un precio para poder ser vistos por algún canal de televisión.
Esto no sucedió en 1970 ni en 1986. Cuando la Copa Mundial todavía no era el apetitoso negocio que es ahora.
Recuerdo que en el pasado se decía que el fútbol servía, cuando menos en México, para el desahogo de las masas. Desconozco si en el presente se siga considerando así, aunque en este mundial las masas seguiremos la copa por televisión abierta, la restringida cuesta y nada barato.
Confío en que, para este día, el inaugural de la Copa del Mundo de fútbol, no se den todas las manifestaciones anunciadas desde hace días o semanas atrás, las que opacarían la fiesta que tiene interesados a millones de personas en todo el mundo.
Confío en que las obras programadas para hacer una mejor fiesta futbolística estén terminadas y no afecten su buen desarrollo. A final de cuentas esas obras se quedarán, donde se construyeron o remodelaron, al servicio de la población.
Confío en que la Selección Mexicana, ayudada por los acomedidos del negocio del fútbol, haga un buen papel que permita que los ánimos sociales no se desborden y compliquen más la situación política que está viviendo nuestro país.
Confío también en que las expectativas económicas anunciadas para esta justa deportiva se cumplan en buena medida. Porque hasta el lunes, día en que escribo esta colaboración, las tres ciudades sedes no se veían desbordadas de los millones de turistas previstos.
Confío en que se consolide la estrategia anunciada por la Federación Mexicana de Futbol (FMF), para que este deporte, a partir de esta justa mundialista, fortalezca comunidades, amplíe oportunidades y genere procesos de inclusión en nuestro país.
Debo confesar que desde hacía varias décadas que no me apersonaba en un estadio de fútbol, hasta hace unos meses que me aventuré asistir al estadio Centenario de Cuernavaca, para ver el partido de fútbol femenil entre Cruz Azul contra Pachuca.
Ese encuentro me resultó entretenido, lo único malo fueron los altos precios de los productos que se vendían en el interior del estadio. Considero que son precios fuera del alcance del bolsillo de la afición que acude a ver esos partidos.
En fin, la justa mundialista hoy comienza, por primera vez habrá aficionados al fútbol de primera, los que asistan a los estadios Ciudad de México, Ciudad de Monterrey y Ciudad de Guadalajara, y los aficionados y seguidores de segunda, lo que veremos los partidos por televisión abierta.
Comentarios para tomar en cuenta.
El jueves de la semana pasada me encontré, a mi amigo José Hernández Salgado, quien fuera destacado servidor público en los tres ámbitos de gobierno y consejero de renombrados políticos como Rodolfo Becerril Straffon (DEP), José Castillo Pombo, también finado, Samuel Palma César y Guillermo del Valle Reyes, entre otros; se dijo lector de esta columna y me hizo algunos comentarios dignos de tomar en cuenta como temas de este espacio. ¡Gracias Pepe!
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