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MALA. Las alarmas que encienden los Centros de Integración Juvenil (CIJ) de Cuernavaca no deben pasar desapercibidas para ningún sector de nuestra sociedad.

Que el consumo de vapeadores entre adolescentes de 12 a 19 años en Morelos ya supere formalmente al del alcohol, el tabaco y la marihuana es el reflejo de un problema de salud pública que se ha normalizado bajo el falso cobijo de una “moda inofensiva”.

El reporte del especialista Ricardo Labias Maldonado pone sobre la mesa la paradoja de que a pesar de que la comercialización de estos dispositivos está estrictamente prohibida en México, su acceso para los menores de edad en la entidad es sumamente sencillo.

La ilegalidad no ha frenado el mercado; al contrario, lo ha vuelto más creativo, disfrazando con aromas frutales y diseños atractivos sustancias que dañan de forma irreversible los pulmones y el sistema nervioso en desarrollo de nuestra juventud.

El CIJ detectó que cientos de estudiantes evaluados en el estado presentan un profundo malestar emocional. La ansiedad, la depresión y el aislamiento suelen estar asociados al consumo de drogas.

ECOLOGÍA. La iniciativa de Desarrollo Sustentable para actualizar el Programa de Ordenamiento Ecológico Regional del Estado de Morelos toca una de las fibras más sensibles y postergadas de la entidad.

Catorce años de rezago en esta materia representan casi década y media en la que el estado ha crecido bajo la inercia, la improvisación o, peor aún, bajo inconsistencias legales que han frenado inversiones, proyectos de vivienda digna y obras públicas urgentes, y favorecido otras más.

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Ezapata
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