Continuamos… Susan y su joven hijo Robert llegaron a Cuernavaca en los años cuarenta, la época dorada de la ciudad. Los hoteles y cafés prosperaban. La élite de la Ciudad de México construía casas de fin de semana rodeadas de jardines y muros altos. Cuenta Susan que la ciudad era conocida por su tranquilidad, eterna primavera, vegetación exuberante y, por las tardes, el aroma de sus flores. Cuernavaca le ofreció a Susan algo que había estado buscando durante años: espacio.
No solo espacio físico, sino espacio creativo y espiritual; escribió poesía de manera prolífica y se sumergió en religiones orientales y la teosofía. Entre 1942 y 1946 vivió en varios hoteles pequeños y pensiones, incluyendo el Manhattan Inn en Avenida Morelos, Casa Ofelia y el Hotel Palacio. En 1945 se divorció amigablemente de Ernest Dielman. Ese mismo año se mudó al lujoso Hotel Marik Plaza, que sería su hogar por más de dos décadas hasta 1967, cuando en ese año el hotel fue demolido para construir el centro comercial Las Plazas.
Entonces, Susan se mudó a un pequeño departamento ubicado en la esquina sobre el restaurante La Universal, con vista tanto al Jardín Juárez como al Jardín de los Héroes, hoy plaza de armas. Desde esa posición privilegiada observaba la vida de la ciudad desplegarse cada día: música de mariachis, de tríos, campanas de iglesias, conversaciones políticas, vendedores, turistas, habitantes locales y enamorados dando vueltas alrededor de la plaza. Susan describía el placer que sentía al escuchar mariachis en el Jardín Juárez.
Pero también era franca respecto a sus frustraciones con el ruido y la imprevisibilidad de México. Incluso escribió al gobernador de Morelos para quejarse de los frecuentes fuegos artificiales en la Iglesia de Tepetates, que perturbaban su descanso y el de otros residentes extranjeros. Desde que llegaron a Cuernavaca, su hijo Robert, de 18 o 19 años, vivió aparte en pensiones; por algún tiempo se fue a estudiar a Monterrey, donde vivió con una familia alemana y venía periódicamente a Cuernavaca a ver a su mamá.
En uno de esos viajes en 1946, conoció a Alicia y terminó la relación que sostuvo con una chica de Monterrey que a su mamá le agradaba mucho más que Alicia, con quien pronto se casó. En aquellos años, el cortejo en el Jardín Juárez seguía una coreografía delicada; los jóvenes caminaban alrededor del jardín en una dirección, mientras las jóvenes caminaban en sentido contrario. Fue Alicia quien vio primero a Robert y fijó su atención en él. En los años siguientes, la tradición de la vuelta al jardín se pasó al Jardín de los Héroes, hoy Plaza de Armas. Susan inicialmente se resistió a la idea de ese matrimonio, preocupada por las diferencias de religión y clase social. Pero el tiempo y la realidad suavizaron su resistencia.
En 1948 recibió con entusiasmo creciente a su primera nieta, Yvonne, mi querida amiga de secundaria. De bebé, Yvonne vivió en la casa de su abuela materna en la calle Gutenberg, a solo unos pasos del Marik. La señora Susan pasaba sus días entre La Universal y el Marik, y en otros lugares como La India Bonita cuando estaba en calle de Guerrero o en el Café Dome. Allí se sentaba durante horas escribiendo poesía, firmando sus poemas con su seudónimo Mona Dale.
Algunos de sus poemas fueron publicados en The News y Novedades. Aunque parecía preferir la soledad, Susan nunca estuvo verdaderamente aislada. Pocas veces se reunía con amigos estadounidenses y también recibía a residentes locales en “su” mesa de La Universal, su oficina no oficial, situada cerca de la caja registradora. Allí escuchaba historias de dificultades y desgracias. Y daba dinero con generosidad, a veces más allá de lo prudente, incluso cuando su fortuna disminuía. La vida de Susan en Cuernavaca estuvo marcada por viajes, principalmente a Estados Unidos para visitar a sus hermanas en Virginia y en Nueva York, y a sus hijos gemelos en California. Pero uno de los viajes más notables ocurrió en 1963, cuando llevó a todo el clan Dielman: a su hijo Robert con su esposa Alicia, y a las hijas de ellos, Yvonne, Susana y Vivienne, a bordo del vapor transatlántico SS France, recién estrenado el año anterior y famoso por el lujo francés.
Partiendo de Nueva York, juntos, viajaron durante un largo año por Francia, el Reino Unido, Alemania, España y Suiza. En las décadas de 1960 y 1970, Susan visitaba con frecuencia la Ciudad de México; solía hospedarse en el Hotel Regis (destruido por el terremoto de 1985). Pasaba largas temporadas en cafés como The Cosmos y el Café Olimpia, escribiendo nuevamente en silencio, observando, registrando, reflexionando. Miembro del Women’s International Club, Susan estaba profundamente comprometida con la teosofía y asistía con frecuencia a reuniones del Colegio de Ciencias Psíquicas de México en la Calle Florencia 41.
Su correspondencia menciona muchos nombres de su círculo en Cuernavaca; a Gaston Gerassi, hospedado también en el Marik Plaza, un francés bajo de estatura, muy delgado y elegante, a quien conocí después de haber sido el dueño del “Bar Chez Gaston”, junto y al oriente de La Universal; a la familia Grautoff; a Fendall Gregory; a Ida Baker y a Bert Koperl, quien publicaba una columna titulada “Around Cuernavaca”. La personalidad de Susan era inusual: independiente, generosa, intensa y a menudo excéntrica; nunca convivió activamente con los miembros de la Colonia Americana radicada en esos tiempos en Cuernavaca.
Su apariencia y su manera de ser eran cautivadoras, y su presencia dejó una fuerte impresión en quienes la conocimos. Vivió siempre en los tiempos que había dejado atrás, con sus poemas, cartas, fotografías y álbumes cuidadosamente organizados que reunió durante décadas. Susan murió en paz en su departamento de Cuernavaca en 1982. Sus cenizas fueron esparcidas por su hijo Robert Dielman en Hyde Park de Londres, donde diez años antes se habían esparcido las cenizas de su exesposo Ernest Dielman por su nueva esposa Anne, con quien Susan llevó buenas relaciones y apoyó económicamente ese matrimonio. Esta es la historia de la enigmática señora de negro en Cuernavaca, Susan Herter Dows de Dielman. ¡Hasta la próxima!