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En los años treinta del pasado siglo XX, la casa de estilo andaluz con influencia de las villas romanas en España, ubicada frente a la Iglesia de La Tercera Orden Franciscana en calle Hidalgo, que consistía en habitaciones alrededor de un patio con una fuente al centro, fue adquirida por Doña Albertina Gómez Mazari casada con Don Ignacio Oliveros Sarmina entonces presidente municipal de Cuernavaca. El padre de Doña Albertina fue Don Alberto Gómez Ocampo famoso productor de arroz en Jojutla, quien en la “Feria Internacional de París de 1900” obtuvo el primer lugar en la calidad de su arroz, su producción masiva, lo hizo un personaje que surtía a grandes empresas alimentarias.

En 1948 la familia Oliveros-Gómez, agrega a la casa un primer piso al fondo con cuatro habitaciones para atender a sus huéspedes.

A esa casa asistían personajes como el obispo Alfonso Espino y Silva (1947-1951) cuya hermana era amiga de la señora Albertina; de Carmelita Perdomo esposa del gobernador Elpidio Perdomo y de Sarita Serdán del Valle quien ahí vivió unos años.   

Sarita era hija nada menos que de Aquiles Serdán Alatriste, asesinado junto con sus hermanos en el primer enfrentamiento armado de la Revolución Maderista. Filomena Valle esposa de Aquiles que embarazada estaba presente en el combate, fue detenida y encarcelada, tres meses después nació Sarita dentro del penal. Francisco I. Madero y su esposa decidieron hacerse cargo de la niña y la bautizaron con el nombre de Sara por la esposa de Madero y del Carmen por la madre de Aquiles.

El matrimonio Oliveros-Gómez daba hospedaje temporal a familiares y amistades, también daba posada a cinco muchachas que ayudaban en el servicio mientras venían a estudiar a Cuernavaca, cuando eran colocadas en escuelas por Don Ignacio.

La casa se desocupó cuando muere la señora Albertina. En 1974, la remodela y redistribuye para comercios el arquitecto Jorge “el negro” Albarrán, en 1977 le adiciona al frente un primer piso para restaurante que primero fue marroquí, y desde 1980, italiano.  

En los primeros años cincuenta, conocí a Sarita Serdán era una señora muy amable, alta, pálida y delgada de la misma complexión de su padre Aquiles, bien la recuerdo con su bastón inclinada hablándome cuando ella también vivió en la “La Casona” donde la conocí -a veinte metros de la casa de los Oliveros-Gómez- el  dueño de La Casona era el señor Uriel Alatriste tío de Sarita y primo de Aquiles Serdán Alatriste. Sarita era invitada por el gobierno del Estado a los festejos oficiales de la Revolución, asistía ayudada por Mario Oliveros Gómez ya que le faltaban los dedos de los pies, era maestra pensionada, vivió sus últimos años en un departamento frente a la Biblioteca, murió en la clínica del IMSS del Boulevard Juárez. Me comenta Uriel Alatriste -nieto- y que su abuelo se dedicaba a la construcción y venta de casas en Ciudad de México, ya retirado en los años cuarenta compró La Casona y viene a vivir a Cuernavaca, la acondiciona para hotel al frente y departamentos en la huerta posterior.  

Los orígenes de “La Casona” son prehispánicos está en el mismo lugar de lo que fue casa de Yoatzin cacique de Cuauhnahuac, Hernán Cortés se la reconstruye al modo europeo. 

“La Casona” ha tenido diversas remodelaciones y usos; a mediados del siglo XVI fue sede de la Alcaldía; fue hospital, pero no de enfermos, sino en el antiguo sentido de hospedaje para pobres y peregrinos, y en otro tiempo fue bodega de los ornamentos de la hoy Catedral, fue depósito de granos pagados como diezmo, lo mismo en la Guerra de Independencia -pero nunca de cadáveres como se ha dicho- muestra de ello queda un hueco entre la planta alta y baja que servía para vaciar los granos directamente a las carretas de carga. 

Durante el imperio de Maximiliano fue lujoso hospedaje para invitados del emperador; fue cuartel militar, hospedó a revolucionarios, en los años ‘40 fue hotel-restaurante. 

En el siglo XIX, se convierte en mansión, propiedad de Doña Bernabela, como se le conoció a la propietaria y le agrega el primer piso.

En la década de los años ‘50 fue “Posada la Casona” con unos pocos departamentos. En esos años ahí viví temporalmente con mis padres cuando también ahí vivían los Alatriste, ella, una linda señora de nombre Chayito, simpática, dicharachera, amable, bajita, muy querida amiga de mi madre a pesar de la diferencia de edades; años más tarde cuando ella me encontraba el centro me llevaba del brazo a la mesa de sus amigas en La Parroquia, “es mi novio” les decía; en contraste, el esposo de Chayito era un señor misterioso, alto y espigado, no lo recuerdo hablando.

En el pasillo de la entrada había sillones de mimbre y seis pedestales con bustos labrados en cantera blanca; de Bernal Díaz del Castillo, Antonio de Mendoza, que se encontraban, antes del temblor de 2017 en la arcada frontal superior del Museo Cuauhnahuac, otros dos están en el claustro de la iglesia de Amatitlán, otro, de doña Bernabela, recién estaba en la huerta de La Casona y de pronto desapareció.

A La Casona había llegado a vivir John Spencer un inglés, que se dice era tío de lady Diana Spencer esposa del príncipe Carlos. El señor Alatriste murió en Cuernavaca, tiempo después, por su avanzada edad, Chayito –Rosario de la Fuente- fue a vivir a Ciudad de México con sus hijos y nunca más supe de ellos. La Casona fue convertida en vecindad por su administrador. Alatriste, la dejó en usufructo sus hijos y en el ’95 vendida por sus nietos a Spencer que fueron los herederos. Los restos de los Alatriste reposan en una cripta junto con Sarita en la Iglesia de San Ángel en Ciudad de México 

La casa Oliveros-Gómez, hoy es un centro de artesanías y restaurante propiedad de Inmobiliaria Beltros. 

A su fallecimiento Spencer la dejó La Casona a una Fundación, y desde 2006 es un centro cultural y cafetería. Agradecemos al Director del Centro INAH-Morelos antropólogo Víctor Hugo Valencia Valera por la ficha técnica.

¡Hasta la próxima!

Por:  Carlos Lavín Figueroa / carlos_lavin_mx@yahoo.com.mx

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