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La pre­si­denta Clau­dia Shein­baum tomó una deci­sión que hay que reco­no­cerle. Dos años des­pués de lle­gar al poder, deci­dió salir a reco­rrer los hos­pi­ta­les del país, reu­nirse direc­ta­mente con sus direc­to­res, escu­char a los médi­cos y hablar con los pacien­tes.

Ya era hora.

Su pri­mera gira fue por Hidalgo y el Estado de México. Ayer, en su con­fe­ren­cia maña­nera, empezó a con­tar lo que encon­tró:

Que fal­tan medi­ca­men­tos. Que hay pro­ble­mas de dis­tri­bu­ción. Que los pro­vee­do­res no cum­plen. Que los hos­pi­ta­les tie­nen nece­si­da­des que no se han resuelto. Que hay médi­cos y enfer­me­ras que siguen sin reci­bir todas sus pres­ta­cio­nes. Que las deman­das del per­so­nal de salud son legí­ti­mas.

Bien­ve­nida a la rea­li­dad.

Todo eso lo hemos venido repor­tando desde hace años. Lo han denun­ciado médi­cos, enfer­me­ras, pacien­tes, fami­lia­res, orga­ni­za­cio­nes civi­les. Lo hemos com­ple­men­tado con cifras, inves­ti­ga­cio­nes y repor­ta­jes.

A lo largo de esos años, la res­puesta desde

Pala­cio Nacio­nal -AMLO y Shein­baum- ha sido dema­sia­das veces la misma: des­ca­li­fi­car a quien denun­cia. Acu­sar de men­ti­ro­sos a los perio­dis­tas. Atri­buir las crí­ti­cas a inte­re­ses polí­ti­cos. Insi­nuar que el desa­basto es un invento de los adver­sa­rios. Acu­sar de gol­pis­tas a los incon­for­mes. Y más recien­te­mente, cul­par al algo­ritmo de las redes socia­les de la per­cep­ción gene­ra­li­zada de desa­basto de medi­ca­men­tos.

Qué útil habría sido que, en lugar de insul­tar a quie­nes adver­ti­mos de la cri­sis, nos hubiera escu­chado. Cuán­tos pacien­tes habrían evi­tado sufri­mien­tos inne­ce­sa­rios. Cuán­tas vidas se hubie­ran sal­vado.

Pero les ganó el ego. Por­que en esto, no tenían cómo cul­par al pasado. A dife­ren­cia de los pro­ble­mas de corrup­ción y vio­len­cia, que México ha arras­trado desde sexe­nios ante­rio­res, el desa­basto de medi­ca­men­tos es un sello 4T. AMLO dejó como heren­cia el peor sis­tema de salud de la his­to­ria de México.

Todo México sufrió... excepto sus hijos. El Clan hizo nego­cios con las medi­ci­nas. La red de corrup­ción de Andy y

Bobby López Bel­trán reci­bió con­tra­tos por más de mil millo­nes de pesos, según docu­men­ta­mos en Lati­nus y ha corro­bo­rado la UIF.

Por hones­ti­dad inte­lec­tual, el siguiente paso es que la pre­si­denta admita que lo que está encon­trando no es un pro­blema here­dado del pasado ni un invento de los “chis­mo­sos de la comen­to­cra­cia, con­ser­va­do­res y corrup­tos”, sino con­se­cuen­cia de las deci­sio­nes de su ante­ce­sor y jefe polí­tico.

Eso nunca va a pasar.

La pre­si­denta salió a bus­car los pro­ble­mas del sis­tema de salud. Los encon­tró. El siguiente paso es que se atreva a bus­car a los res­pon­sa­bles... aun­que algu­nos vivan en Palen­que.

Eso tam­poco va a pasar.

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los

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Sobre el autor

Carlos Loret de Mola
Carlos Loret de Mola
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