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El lunes de la semana pasada, los tra­ba­ja­do­res de la refi­ne­ría de Dos Bocas detec­ta­ron una nube de vapor que les generó preo­cu­pa­ción. Según el tes­ti­mo­nio de quie­nes lo vivie­ron de manera directa, se acti­va­ron las alar­mas por acu­mu­la­ción de gases e ini­ció la eva­cua­ción del per­so­nal.

Cuen­tan que al final, lo que les dije­ron es que era neblina. Sí, neblina. Y que no se preo­cu­pa­ran, que podían regre­sar a tra­ba­jar. En un comu­ni­cado Pemex insis­tió en que “la Refi­ne­ría Olmeca opera de manera nor­mal y que no se ha pre­sen­tado nin­guna con­tin­gen­cia en sus ins­ta­la­cio­nes”. Tres días des­pués, se incen­dió la planta coqui­za­dora den­tro de la refi­ne­ría.

La 4T tiene una adic­ción a la men­tira. Dos Bocas nos ha rega­lado un manojo de ejem­plos en las últi­mas sema­nas. No sólo la “neblina” que tres días des­pués se vol­vió incen­dio. Afor­tu­na­da­mente nadie murió ni quedó herido en ese epi­so­dio. Muy dis­tinto a lo que pasó a media­dos de marzo, donde murie­ron 5 per­so­nas en un incen­dio en Dos Bocas, al que hasta la pre­si­denta Shein­baum intentó hacer pare­cer como que no había suce­dido en la refi­ne­ría. Fue otra men­tira: una llu­via nada extraor­di­na­ria para ser Tabasco había des­bor­dado las “aguas acei­to­sas” de Dos Bocas y éstas habían cogido fuego. Por no hablar tam­bién del derrame de crudo frente a las cos­tas de Vera­cruz que la gober­na­dora more­nista Rocío Nahle, res­pon­sa­ble de cons­truir Dos Bocas, se apre­suró a decir que nada tenía que ver con la refi­ne­ría y hasta culpó a un buque de una empresa que reci­bió con­tra­tos en tiem­pos de Peña Nieto. Ya hasta la ver­sión ofi­cial no habla del buque, ni de la empresa, ni del con­trato, ni de Peña Nieto. El gobierno apunta a cha­po­po­te­ras, pero ONGs han denun­ciado que la culpa podría ser de un oleo­ducto de Pemex en el campo Can­ta­rell, espe­cí­fi­ca­mente una línea que conecta con la ter­mi­nal de Dos Bocas.

Lo dicho. Adic­ción a la men­tira ali­men­tada por la urgen­cia de sacu­dirse la res­pon­sa­bi­li­dad polí­tica de un rosa­rio de obras que han resul­tado un fra­caso. Las obras insig­nia de AMLO están cru­jiendo. A esta ráfaga de des­gra­cias en Dos Bocas, súmele la tra­ge­dia del des­ca­rri­la­miento del Tren Inte­ro­ceá­nico que dejó 14 per­so­nas muer­tas, el AIFA y el Tren Maya que ope­ran semi vacíos (cómo les duele la evi­den­cia) y hasta el nuevo anun­cio que pos­pone por ené­sima vez la ope­ra­ción del tren que conecta al aero­puerto Felipe Ánge­les, aquel tren en el que López Obra­dor, su gabi­nete y hasta Shein­baum hicie­ron un mon­taje para simu­lar que ya fun­cio­naba.

SACIAMORBOS

Ya le mos­tra­ron la puerta de salida a Luisa María Alcalde. El man­da­más de Palen­que quiere que la nueva diri­genta de Morena sea Ariadna Mon­tiel. Una ficha 100% de AMLO que devol­ve­ría poder y ope­ra­ción a su hijo Andy, que había sido des­pla­zado por Arturo Ávila, cuya rela­ción per­so­nal y polí­tica con Alcalde lo ha con­ver­tido en el prin­ci­pal ope­ra­dor del par­tido. Un enro­que así sería un golpe bru­tal al mando de la pre­si­denta. Otro golpe bru­tal, quise decir.

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Carlos Loret de Mola
Carlos Loret de Mola
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