El gol que hizo estallar al Azteca
Corría el minuto 67 del partido inaugural del Mundial 2026 cuando el Estadio Azteca explotó en júbilo.
Raúl Jiménez apareció dentro del área para conectar el balón y enviarlo al fondo de la portería sudafricana. Era el segundo gol de México en la victoria sobre Sudáfrica, pero para el delantero significaba mucho más que una simple anotación.
Mientras miles de aficionados celebraban en las tribunas y millones lo hacían frente a sus pantallas, Jiménez dirigió la mirada hacia el cielo y rompió en llanto.
Aquel gesto no fue casualidad.
Una herida que nunca cerró
Meses antes del Mundial, Raúl vivió uno de los momentos más difíciles de su vida.
En marzo de 2026 falleció su padre, Raúl Jiménez Vega, una de las personas más importantes en su carrera y quien lo acompañó desde sus primeros pasos en el futbol.
Desde niño, el hoy delantero de la Selección Mexicana encontró en su padre a uno de sus principales impulsores. Lo apoyó durante su formación en las fuerzas básicas del América, estuvo presente en sus primeros llamados a selecciones juveniles y lo acompañó en cada etapa de su crecimiento profesional.
Por ello, cuando el delantero señaló al cielo después de marcar, muchos entendieron que aquella anotación tenía destinatario.
No era únicamente un gol mundialista.
Era un homenaje.
El accidente que casi termina con todo
Pero la historia de Raúl Jiménez ya había estado marcada por otro episodio que puso en duda incluso su futuro.
El 29 de noviembre de 2020, durante un partido entre Wolverhampton y Arsenal en la Premier League inglesa, el mexicano sufrió uno de los accidentes más impactantes que se recuerden en el futbol reciente.
Tras un choque de cabezas con el defensor David Luiz, Jiménez cayó inconsciente sobre el césped.
El diagnóstico fue devastador: fractura de cráneo y una intervención quirúrgica de emergencia para salvarle la vida.
Durante semanas existió incertidumbre sobre su recuperación. La preocupación no era únicamente si volvería a jugar futbol, sino si podría retomar una vida normal.
Los médicos lograron estabilizarlo y comenzó un largo proceso de rehabilitación física y emocional.
Volver a empezar
La recuperación fue lenta.
Raúl tuvo que reaprender movimientos, recuperar confianza y adaptarse a una nueva realidad dentro de la cancha.
Desde entonces utiliza una protección especial en la cabeza, una imagen que se convirtió en parte de su identidad deportiva.
Muchos especialistas dudaban que pudiera regresar al nivel que había mostrado antes de la lesión. Sin embargo, el delantero logró volver a competir en la élite europea y mantenerse como una pieza importante de la Selección Mexicana.
Cada partido disputado después de aquella fractura representó una victoria personal.
Un gol que tardó cuatro Mundiales
Aunque Raúl Jiménez había participado en Brasil 2014, Rusia 2018 y Qatar 2022, nunca había logrado marcar en una Copa del Mundo.
La espera terminó en México 2026.
A sus 35 años encontró finalmente el gol que había buscado durante más de una década en la máxima competición del futbol.
Lo hizo además en el Estadio Azteca, frente a su gente y en el partido inaugural del torneo.
La escena parecía escrita para el cine: el delantero que sobrevivió a una lesión que amenazó su carrera, que meses antes había perdido a su padre y que seguía luchando por mantenerse vigente, encontraba por fin el momento más importante de su trayectoria mundialista.
Más que un gol
Para muchos aficionados fue simplemente el segundo tanto de México ante Sudáfrica.
Para Raúl Jiménez fue la culminación de años de sacrificio, recuperación y resiliencia.
Su celebración entre lágrimas se convirtió en una de las imágenes más emotivas del Mundial 2026.
Porque aquella noche en el Azteca no sólo anotó un delantero.
Anotó un hijo que extraña a su padre.
Anotó un futbolista que venció a la adversidad.
Y anotó un hombre que, después de haber estado tan cerca de perderlo todo, encontró una forma perfecta de recordarle al mundo por qué nunca dejó de luchar.