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El estado de More­los, ubi­cado en el cora­zón geo­grá­fico de México y habi­tado por casi dos millo­nes de per­so­nas según el INEGI, enfrenta hoy su reto más apre­miante y des­gas­tante: con­te­ner el avance de la inse­gu­ri­dad. Los indi­ca­do­res de las orga­ni­za­cio­nes dedi­ca­das al segui­miento de la vio­len­cia seña­lan a nues­tra enti­dad como una de las que pre­senta mayo­res debi­li­da­des para hacer frente a la cri­mi­na­li­dad.

Espe­cia­lis­tas e his­to­ria­do­res coin­ci­den en que la cri­sis actual no brotó de la noche a la mañana. Es el resul­tado de un rezago acu­mu­lado durante déca­das, donde los tres órde­nes de gobierno han sido reba­sa­dos por la evo­lu­ción del cri­men —tanto el orga­ni­zado como el del fuero común—. En el fondo, des­ta­can dos cons­tan­tes des­truc­ti­vas: la corrup­ción y la impu­ni­dad.

Para com­pren­der el pre­sente ayuda mirar el pasado. El VIII Censo Gene­ral de Pobla­ción de 1960 regis­traba en More­los una pobla­ción de ape­nas 386,264 habi­tan­tes. El 60 % de la pobla­ción eco­nó­mi­ca­mente activa per­te­ne­cía al sec­tor agrí­cola. Los con­flic­tos prin­ci­pa­les eran dis­pu­tas por la tie­rra eji­dal, rema­nen­tes de movi­mien­tos cam­pe­si­nos como el jara­mi­llismo y deli­tos del fuero común.

Cuer­na­vaca alber­gaba enton­ces a 115,000 habi­tan­tes. Hoy sobre­pasa los 370,000. La zona indus­trial de CIVAC ape­nas daba sus pri­me­ros pasos, mien­tras el turismo de fin de semana con­so­li­daba la fama de la Ciu­dad de la Eterna Pri­ma­vera. Las quin­tas, hote­les y bal­nea­rios mul­ti­pli­ca­ron la con­vi­ven­cia y la acti­vi­dad eco­nó­mica. Sin embargo, la infraes­truc­tura de segu­ri­dad ins­ti­tu­cio­nal no cre­ció al mismo ritmo que la demo­gra­fía y la com­ple­ji­dad urbana.

La Orga­ni­za­ción de las Nacio­nes Uni­das (ONU) sugiere un mínimo de 2.8 agen­tes poli­cia­les por cada mil habi­tan­tes. En México, el pro­me­dio nacio­nal ape­nas alcanza 1.0. En More­los la cifra es crí­tica: ape­nas 0.8 poli­cías por cada mil habi­tan­tes. Es decir, con­ta­mos con menos de una ter­cera parte del están­dar inter­na­cio­nal reco­men­dado. La pobla­ción cre­ció cua­tro veces en 50 años. El pre­su­puesto y el gobierno no.

Frente a esta insu­fi­cien­cia, auto­ri­da­des se han visto reba­sa­das en recur­sos, logís­tica y capa­ci­dad para estruc­tu­rar una polí­tica pública efi­caz. La res­puesta de emer­gen­cia ha sido recu­rrir al apoyo de la Fede­ra­ción. No obs­tante, los des­plie­gues fede­ra­les son inter­ven­cio­nes tem­po­ra­les; si no se con­so­lida una cor­po­ra­ción pro­pia, bien pagada, equi­pada y capa­ci­tada, los resul­ta­dos dura­de­ros segui­rán sin mate­ria­li­zarse.

Existe una pre­misa ine­lu­di­ble: mien­tras no se incluya a la socie­dad civil y esta no se com­pro­meta acti­va­mente, More­los estará con­de­nado a vivir en la zozo­bra.

No exis­ten fór­mu­las mági­cas. Sin embargo, las expe­rien­cias exi­to­sas en otros sitios, demues­tran que el cri­men se puede con­te­ner cuando la ciu­da­da­nía juega un rol cen­tral en el diseño, apli­ca­ción y eva­lua­ción de las polí­ti­cas públi­cas. La segu­ri­dad no es una tarea exclu­siva de patru­llas y armas; es un asunto de corres­pon­sa­bi­li­dad comu­ni­ta­ria.

Para con­ver­tir la indig­na­ción ciu­da­dana en una ver­da­dera fuerza, con la par­ti­ci­pa­ción de la socie­dad se requie­ren cua­tro ejes fun­da­men­ta­les de acuerdo al PNUD, UNODC (ONU), BID, y auto­res como Edgar Morin, Robert Put­man y otros.

1.Apro­pia­ción comu­ni­ta­ria del espa­cio: Las redes veci­na­les, escue­las y comer­cios deben coor­di­narse para recu­pe­rar par­ques, ilu­mi­nar calles y blin­dar a la juven­tud frente a las diná­mi­cas delic­ti­vas mediante opor­tu­ni­da­des edu­ca­ti­vas y cul­tu­ra­les.

2.Obser­va­to­rios y con­tra­lo­ría ciu­da­dana: La socie­dad civil orga­ni­zada debe eva­luar de forma inde­pen­diente el desem­peño de las cor­po­ra­cio­nes, trans­pa­ren­tar pre­su­pues­tos y dar segui­miento a la efec­ti­vi­dad en la pro­cu­ra­ción de jus­ti­cia.

3.Cana­les segu­ros de alerta y blin­daje local: Frente a deli­tos como el cobro de piso y la extor­sión, la des­con­fianza frena la denun­cia indi­vi­dual. Las cáma­ras de comer­cio, cole­gios de pro­fe­sio­nis­tas y comi­tés de barrio deben fun­gir como inter­me­dia­rios para arti­cu­lar esque­mas comu­ni­ta­rios de denun­cia anó­nima y pre­ven­ción.

4.Mesas de tra­bajo con valor vin­cu­lante: La pre­sen­cia de los ciu­da­da­nos en los con­se­jos de segu­ri­dad no debe ser pro­to­co­la­ria o de adorno. Se requie­ren meca­nis­mos con voz y voto vin­cu­lante que garan­ti­cen la con­ti­nui­dad de los pla­nes de segu­ri­dad más allá de los cam­bios sexe­na­les o trie­na­les de gobierno.

Frente a la com­ple­ji­dad del fenó­meno delic­tivo en More­los, la única res­puesta sos­te­ni­ble es cons­truir una socie­dad fuerte, arti­cu­lada y dis­puesta a recu­pe­rar el con­trol de su entorno.

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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Sobre el autor

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Ariel Homero López Rivera
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