Nicolás Maquiavelo nació cerca de Florencia en 1469. Fue diplomático, filósofo, político y escritor, consolidándose como una figura clave del Renacimiento italiano. En 1513 escribió el Príncipe, publicado de manera póstuma en 1531. Simultáneamente, redactó los Discursos sobre la primera década de Tito Livio, una obra donde manifiesta su clara preferencia por la república frente a la monarquía.
Decía Nicolás Maquiavelo que la crueldad mal usada es aquella que se multiplica con el tiempo y nunca acaba. En los últimos sexenios, el “Príncipe” (el poder autoritario) ha dado muestras claras de no seguir el pensamiento del florentino. Tras la matanza de Tlatelolco en 1968 y el Jueves de Corpus en 1971, el Estado ha sido sumamente cauto en el uso de la fuerza pública para contener las amenazas de grupos beligerantes. Sin embargo, a partir de 2006, cuando se declaró una guerra contra el narcotráfico sin una estrategia clara, el país acumuló en los siguientes 18 años más de 450 mil muertos y 130 mil desaparecidos. Esto demuestra que el gobierno ni ha pactado ni ha ganado.
A pesar de la censura, la obra de Maquiavelo impactó a políticos, pensadores y filósofos de todas las épocas. Figuras como Thomas Cromwell, Enrique VIII y Carlos I de España la analizaron de cerca, mientras que filósofos de la talla de Hobbes, Locke, Montesquieu y los Padres Fundadores de los Estados Unidos retomaron o debatieron sus conceptos.
A pesar de ello, “El Príncipe” —dedicado a Lorenzo II de Médici— trascendió como un manual práctico sobre el ejercicio del poder. Su esencia radica en privilegiar la eficacia política por encima de la religión o la ideología. Esta postura provocó que el Vaticano prohibiera el libro durante 400 años; una reacción lógica si consideramos que el Papa gobernaba los Estados Pontificios y los reyes legitimaban su poder mediante el derecho divino. Paradójicamente, el noble al que iba dirigido el texto ni siquiera lo leyó: murió a los 26 años, recordado más por sus permanentes excesos que por su labor política.
En la actualidad, el término “maquiavélico” se utiliza de forma peyorativa para designar la perversidad, astucia o malicia de un líder, según la Real Academia Española. Esta satanización se debe en gran medida a los siglos de condena eclesiástica, ya que el autor recomendaba al gobernante mentir si esto resultaba necesario para el bienestar de Florencia. No obstante, sus Discursos demuestran que su verdadero ideal era la república. Para que esta funcione correctamente, argumentaba, debe tener contrapesos institucionales y dejar al margen los intereses personales, de grupo, ideológicos o religiosos, privilegiando siempre las decisiones que beneficien al pueblo.
Para Maquiavelo, los gobiernos deben dar resultados a las mayorías y, al mismo tiempo, mantener contentas a las élites. El florentino buscaba la eficacia y advertía sobre los riesgos de gobernar sin nobleza ni virtud, ya fuera en un reino o en una república. Bajo esta perspectiva, la corrupción y la impunidad son los primeros enemigos a vencer. Eliminarlas permitiría construir un frente común con la sociedad para enfrentar tanto al crimen organizado como al común. Esto requeriría una estrategia integral que combine la <<fuerza del león y la astucia del zorro>> para desmantelar las estructuras de poder que se han entreverado con la delincuencia.
Tanto en “El Príncipe” como en los “Discursos”, se plantea que el orden y la estabilidad social son indispensables para castigar a los culpables y dar justicia a los inocentes. Sin un sistema judicial eficaz, es imposible prevenir la corrupción y el abuso de poder, elementos necesarios para fomentar la confianza en el Estado. Como se sugiere en su obra, la justicia es la base de la autoridad; sin ella, ningún gobernante puede mantener su poder.
En el México contemporáneo, el Gobierno Federal reporta una reducción en los homicidios y en los delitos de alto impacto durante los últimos dos años. Sin embargo, la percepción ciudadana sigue siendo de mucha violencia. La presencia constante de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en las calles de la Ciudad de México —incluso de cara al Mundial— evidencia cierta debilidad institucional. El Estado ha logrado salir librado al contener una violencia desbordada, pero muestra fragilidad al ceder ante las presiones del grupo magisterial.
A nivel local, el estado de Morelos es un claro ejemplo de esta debilidad al no lograr controlar a las bandas delincuenciales que operan en su territorio. Si bien se ha avanzado en la detención de funcionarios municipales vinculados al crimen organizado, Maquiavelo insistiría en que el camino correcto es el fortalecimiento del sistema judicial. No se debe olvidar que regiones como Sicilia, Italia, lograron avances significativos contra la mafia al robustecer primero a sus tribunales para luego someter a los delincuentes bajo el imperio de la ley. Quizá ellos sí leyeron con atención a Nicolás Maquiavelo.
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