Cuando circulamos por las calles de Cuernavaca pocas veces nos percatamos de los puentes por donde pasamos, simplemente los vemos como parte de la calle, pero estos han sido históricamente muy importantes para la ciudad, debido a la topografía sobre la que está asentada.
Cuernavaca se encuentra en una zona baja de la sierra del Chichinautzin. Este lugar se formó con materiales arrojados por el sistema volcánico que se encuentra en dicha sierra. Con los siglos, el agua que baja por la inclinada montaña provocó la erosión de sus laderas, creando profundas barrancas.
Alrededor del año 1,300 d.C. los Tlahuicas se asentaron en este lugar, que al mismo tiempo era una gran fortaleza que los protegía de posibles ataques de sus enemigos, gracias a sus hondas barrancas y sus verticales laderas que lo hacían un lugar seguro para ellos.
En la ciudad existen dos barrancas principales, al oriente la de Amanalco y al poniente la de Analco. Los Tlahuicas, para pasar de un lado al otro tuvieron que construir puentes elaborados con lianas y troncos. Desde mi punto de vista había al menos tres puentes en la época prehispánica, el principal estaba ubicado en la barranca de Amanalco, en donde actualmente se juntan la calle de Salazar y la avenida Cuauhtémoc. El segundo posiblemente se encontraba al final de la calle Guerrero, en donde el antiguo acueducto atraviesa la barranca de Amanalco e inicia la calle de Carlos Quaglia. El tercero sobre la barranca de Analco, en la calle de Chulavista y que conducía al antiguo pueblo de Analco y que después de la conquista sería llamado San Antonio Callán o San Antón.
En abril de 1521, al llegar los conquistadores con sus aliados indígenas para dominar esta región, se toparon con que los tlahuicas habían cortado los puentes. El cronista Bernal Díaz del Castillo lo dice así: “Y otro día fuimos camino de otro muy mejor y mayor pueblo, que se dice Coadlavaca, y comúnmente corrompemos ahora aquel vocablo y le llamamos Cuernavaca; y había dentro de él mucha gente de guerra, así de mexicanos como de los naturales y estaba muy fuerte por unas cavas (barrancas) y riachuelos que están en las barrancas, por donde corre el agua, muy hondas, de más de ocho estados abajo, y es de fortaleza para ellos; y también no había entrada para caballos, sino por unas dos puentes que tenianlas quebradas (cortados); y de esta manera estaban tan fuertes que no los podíamos llegar...”
Después de la conquista esos puentes se volvieron a hacer, pero ahora con nuevas técnicas renacentistas traídas de Europa (mampostería), combinadas con los materiales locales y la mano de obra indígena, por lo que estos puentes permanecieron por muchos años. Con el tiempo estos puentes se reforzaron y ampliaron para satisfacer las nuevas necesidades del Siglo XX.
Conforme la ciudad crecía fue necesario construir más puentes, como el de “El Diablo”, en el callejón del mismo nombre en la colonia Miraval y también el antiguo puente “Emperatriz”, en la calle de Rufino Tamayo de Acapantzingo, que seguramente ya existía cuando estuvieron en esta ciudad los emperadores Maximiliano y Carlota.
En 1900, la ciudad construyó el puente “General Porfirio Díaz”, pues se hizo la calzada de Leandro Valle, que uniría a la estación de ferrocarril con el centro de la ciudad mediante un tren jalado por mulitas. El puente se construyó con la ayuda del ejército en tan solo nueve meses y fue inaugurado con gran algarabía el 15 de septiembre de 1900.
En 1907, la empresa norteamericana “Cuernavaca Improvement Company”, adquirió trescientos cincuenta mil metros cuadrados de las lomas que eran conocidas como “Del Pericón”. Dicha empresa pretendía levantar el primer fraccionamiento de la ciudad, “El Miraval”, así que inmediatamente comenzó a urbanizar, construyendo camellones, glorietas y calles. Para comunicar el fraccionamiento por el lado norte con el camino a Tlaltenango (hoy Av. Emiliano Zapata) construyó sobre la barranca un puente que actualmente conocemos como “El Túnel”, en la calle Francisco I. Madero.
En 1907, al crearse la comisión central encargada de los festejos de las fiestas del Centenario de la Independencia de México (que realizó diversas obras en todo el estado), se decidió construir el puente
“El Centenario”, para llegar con mucho mayor facilidad al panteón de “La Leona”. Este puente fue inaugurado en 1910, como parte de los festejos del Centenario de la Independencia.
Otros puentes se tuvieron que hacer con el tiempo, en 1964 el de Gutenberg y en 1965 el de Degollado, que conectan al Mercado Adolfo López Mateos con el Centro de la ciudad. En este corto espacio resulta difícil enumerar y contar la historia de todos los puentes, pero sí es necesario recordar lo importantes que son para nuestra ciudad.
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