Los aficionados del América se creen de otro planeta. Afirman que en ese club, no ser campeón es un fracaso. Pues vaya que se están acostumbrando, ya que en la Leagues Cup, edición 2026, cayeron en Semifinales frente al Monterrey, quedando en deuda con su afición.
Su propietario, el señor Emilio Azcárraga Jean, ha propalado a los cuatro vientos, su deseo de llevar a las vitrinas de Coapa, un trofeo internacional.
Obvio que esto equivale a una orden, poco y mal cumplida por cuerpo técnico y plantel.
Los azulcrema comandan la tabla de posiciones en la incipiente temporada de la LigaMx, aunque a fuerza de ser sinceros, han enfrentado a equipos de media tabla para abajo, a los cuales ha derrotado no sin sufrimiento.
Ahora se enfrentaron a un cuadro más armadito y ya no fue tan sencillo.
Reconocer que fueron superiores en lapsos del encuentro, es de justicia.
Rayados se fue adelante, con un gol de esos medio de “churro”, cuando no se sabe si el intento fue tiro o centro, por parte de Diego Rossi.
Luego, ya en la segunda mitas, Ramón Juárez, con tiro rasante emparejó los cartones y un golazo de Alan Cervantes presagiaban el triunfo milloneta.
Pero el diablo metió la cola en forma de silbato, sea dicho esto sin albur, marcándose un muy raro penal en su contra.
A aquellos que son partidarios de las teorías conspiratorias, les resultará raro lo anterior, pero procedo a narrar lo sucedido.
Orbelín Pineda ingresa al área, caracoleando la marca de Kevin Álvarez. Luego de un par de fintas, cae al césped y el silbante guatemalteco Mario Alberto Escobar sanciona la pena máxima.
Solo había dos posibilidades reglamentarias para la ruda marcación: una zancadilla o un pisotón.
La evidencia televisiva muestra que, ninguna de las dos acciones ocurrieron, esto reforzado por la pronta incorporación de Orbelín en pos de la pelota.
Lo extraño de todo esto es que, en los controles del VAR, estaba el avezado y experto Erick Yair Miranda, en mi opinión, de los mejores del orbe.
De manera extraña, dada su calidad, lo llamó al juez central y, de esa manera, Lucas Ocampos la mandó guardar para decretar el empate definitivo.
Por reglamento del torneo, no hubo tiempo extra y se fueron, directamente, a la tanda de penales.
El autor de la pintura de gol americanista, resultó el villano al volar su disparo.
Alan Cervantes fue luz y sombra. Ahí arrancó el lloradero, asiéndose del socorrido pretexto del arbitraje.
Un descompuesto Guillermo Almada, director técnico aguilucho, clamó por un penal no marcado a favor y recalcó lo que ya le platiqué.
Comentaristas, analistas y expertos, todos con la camiseta puesta, hablaron de robo y acuchillamiento.
Considero que la pena máxima fue mal otorgada, pero el gran equipo, como se asume el América, tiene que ser capaz de vencer los imponderables, como puede ser un error arbitral.
Por ahí vayan avisándole a Don Emilio que, sus huestes, acaban de sumar…otro fracaso.
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