El penalista Cipriano Sotelo Salgado argumentó: si el diputado Marcos Zapotitla pide licencia (para separarse del cargo), reconocería que es responsable del delito que se le imputa y esto significaría “dejarlo en Atlacholoaya”. No hizo falta que precisara la analogía: el penal, no el pueblo de Atlacholohaya. Señaló lo obvio en rueda de prensa: se tiene que respetar la presunción de inocencia y si es responsable tendrá que pagar las consecuencias. Dijo que no se puede prejuzgar”, pero él mismo prejuzgó, lo exoneró, lo traicionó el subconsciente de los honorarios, presumió: “creemos que hay diputado para rato (y) Marcos Zapotitla tiene mucho que dar”. Se entiende la actitud del hermano del asesor del Ejecutivo, business-to-business. Otro asunto o parte del mismo es la pregunta de si les pagaron o no a las personas de Puente Pantitlán, perteneciente al municipio de Tlayacapan, que se manifestaron a favor de Zapotitla en el recinto legislativo. Y distinto el talante del grupo de mujeres que se pronunció en la escalinata de la Plaza de Armas. Hasta eso, no muchas, un par de docenas según las fotografías, pero más que suficientes para hacerse sentir. Las imágenes las muestran blandiendo cartulinas con leyendas breves pero contundentes: “Zapotitla violador”, “fuera Xapotitla”, “destitución para Zapotitla”. Apostadas las manifestantes a pocos metros del Palacio de Gobierno, hasta el presunto protector del diputado de marras que era de Morena y se pasó al PES llegaron las expresiones femeninas. Hablaron no de una sino de dos carpetas por ilícitos relacionados con violencia de género, exhortaron a los diputados y a las diputadas a que no lo protejan, les pidieron que lo desafueren “para que responda como ciudadano a la investigación”. Eso de desaforarlo fue sugerido un día antes por la presidenta de la Junta Política y de Gobierno del Congreso del Estado, Ariadna Barrera Vázquez. Afirmó que “ha apelado a la voluntad del legislador” para que pida licencia al cargo en tanto la Fiscalía General del Estado concluye las investigaciones correspondientes. Tamizó: “para que no se vea como algo personal en contra de él, sino que pueda transparentar su proceso y presentarse a resolver lo más pronto posible”. ¿Hay antecedentes de algún diputado desaforado en Morelos? La respuesta es sí, hace 29 años, Florencio Ixpango Merino, quien era diputado por el desaparecido Partido Civilista de Morelos. Hombre de armas tomar, del desaforado Florencio se decía que de galgo le venía la casta. Su padre Ixpango Coria, un líder campesino de los setenta, protagonizó una de las tomas más violentas del ingenio de Zacatepec. En junio de 2008, un centenar de integrantes de la autodenominada organización Fuerza Indígena y Campesina encabezados por el cuautlense Marley Tapia Fernández intimidaron al personal de la agencia prototipo del Ministerio Público de Yautepec para liberar a seis de sus compañeros, entre ellos, a Florencio. Acusados de los delitos de lesiones y amenazas, minutos después de enfrascarse en una riña por la disputa de un terreno en Cocoyoc fueron detenidos por policías preventivos y puestos a disposición del MP que inició la averiguación previa YA/3ª/1353/08-06. Las crónicas hablaron de un negocio de lotes en un predio con dos presuntos dueños, el propio Marley y una señora llamada Luz María Sánchez. Algo clásico en el Morelos de la inseguridad jurídica en la tenencia de la tierra y los negocios recurrentes de fundar asentamientos humanos irregulares… (Me leen después).

Por José Manuel Pérez Durán / jmperezduran@hotmail.com