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De la leyenda a la his­to­ria la vida del lago de Teques­qui­tengo ha sido aza­rosa. El punto de par­tida de una y otra es la deli­be­rada extin­ción de la comer­cia­li­za­ción de la arena de teques­quite, a fina­les del siglo XIX. No por cono­cida menos inte­re­sante, cuenta la leyenda que los pro­pie­ta­rios de la Hacienda Vista Her­mosa (al norte del anti­guo valle de Jojutla) deci­die­ron inun­dar las tie­rras del enton­ces lla­mado pue­blo de San Juan Bau­tista Teques­qui­tengo, como repre­sa­lia a los pobla­do­res por negarse a tra­ba­jar en sus cam­pos de caña de azú­car.

Otra ver­sión señala que alre­de­dor de 1860 los her­ma­nos Miguel y Lean­dro Mosso (due­ños de la hacienda), pro­pi­cia­ron acci­den­tal­mente la for­ma­ción del lago de Teques­qui­tengo, al cons­truir un canal que ter­minó por rebal­sarse o sobre­pa­sar la capa­ci­dad de des­fo­gue de la pequeña laguna que exis­tía al norte del pue­blo, y ter­minó por inun­darlo. En las pos­tri­me­rías del siglo XX, la cons­truc­ción de la Auto­pista del Sol faci­litó a los capi­ta­li­nos pasar de largo rumbo a Aca­pulco. Hoy a los de Cuer­na­vaca nos queda a tiro de pie­dra, por “la pista” o la carre­tera fede­ral, y a los de la Ciu­dad de México les bas­tan noventa minu­tos para lle­gar.

Teques­qui­tengo cobra vida en los “puen­tes lar­gos” y en las sema­nas san­tas, usa­das las casas de des­canso, lle­nos o a medio lle­nar los hote­les y res­tau­ran­tes ribe­re­ños, sur­cado el lago por esquia­do­res y sal­pi­cado el cielo de avion­ci­tos lige­ros. Agua tibia y sol todo el año, qué más se puede pedir. Pero fuera de tem­po­rada “Teques” parece ago­ni­zar.

Ya no es como antes, ates­tado de visi­tan­tes todos los fines de semana, sin tan­tos anun­cios de “se vende” o “se renta”. Boyan­tes los clu­bes de playa en los setenta y hasta fines de los noventa, los sába­dos y domin­gos no cabía un alfi­ler. Valle de Bravo y Aván­daro les que­da­ban lejos a los capi­ta­li­nos y más a los cuer­na­va­cen­ses, así que ni quién los vol­teara a ver; frío allá en otoño e invierno y cálido aquí los 365 días del año.

Hasta que apa­re­ció la inse­gu­ri­dad. Corrió a los turis­tas, de por sí ahu­yen­ta­dos por la Auto­pista del Sol que los acercó al Aca­pulco tris­te­mente con­ver­tido hace años en una de las ciu­da­des más peli­gro­sas del mundo. Com­par­tido su terri­to­rio por los muni­ci­pios de Jojutla y Puente de Ixtla, Teques­qui­tengo tiene el ros­tro de la rea­li­dad social que suele pasar desa­per­ci­bido al visi­tante.

Un gran por­cen­taje de su pobla­ción vive del turismo: due­ños de hos­pe­de­rías y res­tau­ran­tes, lan­che­ros, mese­ros, coci­ne­ras, músi­cos y tal y tal. Miles de per­so­nas que los últi­mos años la han pasado mal, en medio del trián­gulo ries­goso for­mado por Jojutla, Zaca­te­pec, Tla­quil­te­nango y Tlal­ti­za­pán donde el cri­men orga­ni­zado lleva años apol­tro­nado. La delin­cuen­cia no sólo debe ser com­ba­tida con balas; tam­bién con obras y ser­vi­cios públi­cos, de las que Teques­qui­tengo pasó años sediento, dete­rio­rado el cir­cuito carre­tero que bor­dea el lago y data de su época glo­riosa, de dos carri­les sola­mente, infes­tado de baches y en las noches tan oscuro como cueva de lobo. En marzo de 2013, los luga­re­ños reci­bie­ron com­pla­ci­dos el anun­cio del gober­na­dor Graco Ramí­rez, refe­rente a una inver­sión de 200 millo­nes de pesos para la rea­li­za­ción de pro­gra­mas de sanea­miento de aguas resi­dua­les y el abasto de agua pota­ble a las comu­ni­da­des de Xoxo­cotla y San José Vista Her­mosa.

A la lle­gada de recur­sos pos­te­rio­res corres­pon­die­ron l300 millo­nes que de acuerdo a una decla­ra­ción del enton­ces secre­ta­rio eje­cu­tivo de la Comi­sión Esta­tal del Agua, Juan Car­los Valen­cia Var­gas, se inser­ta­ron en el Pro­yecto Inte­gral de Sanea­miento del Lago de Teques­qui­tengo y fue­ron inver­ti­dos en agua pota­ble, alcan­ta­ri­llado y sanea­miento. Incluida en este pro­yecto la zona de influen­cia que abarca el poblado Alpu­yeca, muni­ci­pio de Xochi­te­pec; Xoxo­cotla y San José Vista Her­mosa, de Puente de Ixtla, y la peri­fe­ria del Lago de Teques­qui­tengo, en el terri­to­rio de Jojutla, mien­tras la cons­truc­ción de cua­tro tan­ques tipo “faro” bene­fi­ció a 3 mil habi­tan­tes de los alre­de­do­res del Lago, en Alpu­yeca más de 8 mil 300 veci­nos se bene­fi­cia­ron con las obras de alcan­ta­ri­llado y la pri­mera etapa de reha­bi­li­ta­ción de la Planta de Tra­ta­miento de Aguas Resi­dua­les.

Si a la his­to­ria vamos de nuevo, la segunda década del siglo XXI apuntó a la recu­pe­ra­ción de Teques­qui­tengo, enfo­ca­dos pro­yec­tos espe­cí­fi­cos de la admi­nis­tra­ción esta­tal a regre­sarle el esplen­dor de cuando en los sesenta y seten­tas fue esce­na­rio de múl­ti­ples pelí­cu­las y sitio turís­tico de atrac­ción masiva … (Me leen mañana).

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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Sobre el autor

José Manuel Pérez Durán
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