Ir al contenido principal

Antes de Parque Ecológico San Miguel Acapantzingo, durante siete décadas fue la Penitenciaría de Atlacomulco o simplemente “La Peni”. En su época fue la cárcel más grande de Morelos. El portón daba a la avenida Atlacomulco, alto como el muro perimetral que albergaba a culpables e inocentes. Compartían sueños de felicidad, propósitos de redención y ansias de libertad que algunos consiguieron por la vía corta, huyendo. Guerrerense de origen y dedicado por años al robo a establecimientos comerciales, Pedro Bello Jaramillo se evadió hasta en dos ocasiones. Lo hizo mucho antes de que Joaquín “El Chapo” Guzmán se volviera famoso. Durante meses cavó pacientemente desde su celda, apuntalando el “túnel” con tablas de unos treinta centímetros que obtenía subrepticiamente en la carpintería del penal, esparciendo los puños de tierra que sacaba de los bolsillos del pantalón mientras daba largas caminatas en el patio. Incluso, ideó un “extractor de aire” usando las aspas de una licuadora con los polos invertidos. Eso se dijo. También contaron que una vez que terminó el túnel aprovechó una tarde que llovía a cántaros para escurrirse arrastrándose panza abajo. Alcanzó la libertad saliendo por un “boquete” pegado a la barda del lado Este, al cual tuvo la precaución de tapar con una piedra para que no fuera visto por los vecinos que pasaban caminando rumbo a las vecindades de la zona, entre otras, la de Los Charros. Fue hasta el pase de lista de la mañana del día siguiente cuando los custodios se dieron cuenta de que Pedro ya no estaba. Pasados unos meses, la portada del periódico “La Prensa” dio cuenta del asesinato de un ex comandante de la Policía Judicial de Morelos del que Pedro se vengó de una antigua afrenta. Lo “cazó” llegando a su casa y lo dejó irreconocible, rociándole el rostro con una ráfaga de metralleta. Mas como quien mal anda, mal acaba, Pedro acabó muerto en una ciudad del Bajío, irónicamente aniquilado por un modesto policía de crucero al que se le hizo sospechoso y le ganó el saque de la funda en una calle cualquiera, disparándole antes de que el delincuente profesional alcanzara a reaccionar...

Hoy, comparada con el penal de Atlacholohaya, la “peni” que fue cerrada en el año 2000 se antoja un jardín de niños. Las riñas con saldos mortales han sido comunes en el mal llamado Cereso-Morelos, y reiteradas las mentiras disfrazadas con datos confusos. Fue el caso del intento de fuga de un jueves de marzo de 2020, cuando murieron dos reos y un custodio y de inicio la autoridad ocultó que dos presos lograron huir. Evidentes las incapacidades y presunto el móvil económico por los multimillonarios negocios intramuros que caracterizan a todo centro de reclusión, el “incidente” fue solucionado sin cambios de funcionarios en el área de readaptación social…  

En julio pasado, el coordinador del Sistema Penitenciario de Morelos, Jorge Israel Ponce de León, no dijo nada nuevo. Calculó una sobrepoblación del 27 por ciento en el penal de Atlacholohaya, con cuatro mil 65 internos e internas. Así que anunció un nuevo centro de reinserción social a un lado de las instalaciones de la Guardia Nacional. No dijo para cuándo, y tampoco si el proyecto prevé un área de políticos presos para los que ya están tras las rejas y los que andando los años seguirán cayendo… (Me leen mañana). 

Por: José Manuel Pérez Durán / jmperezduran@hotmail.com 


Las opiniones vertidas en este espacio son exclusiva responsabilidad del autor y no representan, necesariamente, la política editorial de Grupo Diario de Morelos.

Añadir Diario de Morelos como fuente preferida de Google de forma gratuita.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora

Sobre el autor

JPerez
Ver biografía