Todo empezó la madrugada del 19 de noviembre de 1910, asesinado a balazos Aquiles Serdán Alatriste alrededor de las dos de la madrugada en el área del comedor de su casa por policías del gobierno porfirista. De eso se cumplirán 112 años el tercer sábado de este mes. Entonces estalló la Revolución Mexicana… y comenzó a suceder mucho de lo que hoy continúa ocurriendo en el terreno político.
Sin entrar en detalles, hay que recordar que los primeros militantes de la izquierda en México, con un programa de acción vertebrado, fueron los hermanos Ricardo y Enrique Flores Magón, fundadores del periódico “Regeneración” y del Partido Liberal Mexicano, influenciados por socialistas rusos y alemanes. Junto con los hermanos y hermanas de Aquiles Serdán, en Puebla, antes que Francisco I. Madero los oaxaqueños Ricardo y Enrique son considerados como los precursores de la Revolución Mexicana.
Terminada la fase “bronca” de la Revolución, entre los años ‘20 y ’30, el Partido Comunista de México contaba entre sus filas al muralista Diego Rivera y a su mujer, la pintora Frida Kahlo, aun cuando la expulsión del primero fue un quebranto. Desde el principio, la izquierda se distinguió en lo que años más tarde llamaron llaman “tribus” o corrientes ideológicas de prosélitos adoradores de su santo patrono político. Entonces había seguidores de León Trostsky (asesinado en Coyoacán por instancias de Stalin), o sea, troskistas; los marxistas-leninistas, seguidores de otros teóricos y activistas y, luego del comunismo del líder chino Mao Tse Tung, los maoístas en un largo etcétera de células comunistoides.
Dos décadas después, los personajes más notables de principios de los años sesenta del siglo pasado eran Vicente Lombardo Toledano, fundador y dirigente del Partido Popular Socialista; Manuel Terrazas, segundo en jefe del Partido Comunista Mexicano; Carlos Sánchez Cárdenas, dirigente del Partido Obrero Campesino Mexicano; José Revueltas, catedrático de la UNAM y líder del movimiento del ’68 preso en Lecumberri, y Eduardo Lizalde, dirigente de la Liga Leninista Espartaco. Estaban asimismo dirigentes del Consejo Nacional Ferrocarrilero, Movimiento de Liberación Nacional y el escritor Carlos Fuentes. Representativos de la izquierda, escribían casi todos en la revista “Política” y en el ambiente flotaban los aires de la triunfante Revolución Cubana, “los barbudos” de Fidel Castro (Camilo Cienfuegos y el Che Guevara), la trova latinoamericana y las novelas y cuentos de Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Juan Rulfo y Jorge Luis Borges.
Los analistas de la izquierda mexicana coinciden en adjudicar varias causas principales a las constantes rupturas y diferencias entre sus integrantes. La lista no se agota con éstas, pero son las consideradas “representativas” de la pulverización del espectro izquierdista, como ya vimos, desde sus orígenes y casi a la fecha.
Primero, sus organizaciones políticas tuvieron pocos y débiles vínculos con los movimientos políticos y sociales. Un breve recuento de acontecimientos que de alguna u otra forma tuvieron una repercusión política importante en la vida del país da cuenta de la falta de relación con los mismos de los partidos políticos de izquierda, principalmente el PRD. La escasa presencia e influencia de la izquierda partidista en el movimiento sindical mexicano, por ejemplo, refiere esta situación. Salvo el de Andrés Manuel López Obrador, que logró una amplia base social en casi todo México, los movimientos de la izquierda se identifican por su falta de contacto real con la gente y sus carencias.
Las viejas disputas y “purgas” en el interior de las organizaciones de la izquierda nacional, la obstaculización de algunas de sus fracciones e individuos por los grupos de poder económico y político y, sobre todo, las traiciones a los idearios izquierdistas y libertarios emanados del siglo XX dieron al traste con cualquier intento de unificación de la izquierda a escala nacional.
Buena parte de la izquierda mexicana ha olvidado la esencia de los Flores Magón. Se trata de denunciar la corrupción estructural de las clases dominantes mexicanas, que haciendo una apropiación privada de lo público violentaron el derecho por sistema, prácticas en las que también incurrieron militantes de la izquierda que arribaron al poder. Así se construyeron en nuestro país los grandes fraudes a la nación que ocuparía varias páginas exponer, pero para muestra sobran “Los amigos de Fox”, el “Pemexgate” y las casas blancas de Peña Nieto y Videgaray. Lo cual significa que subsisten politiqueros que emulan a Calderón y Peña, locales o de nivel nacional, pero al fin perniciosos… (Me leen mañana).
Por: José Manuel Pérez Durán / jmperezduran@hotmail.com
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