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¿Cómo saber a cien­cia cierta si hay o no caje­ros y caje­ras de ban­cos que se hallan invo­lu­cra­dos con asal­tan­tes a cuen­taha­bien­tes? No es impo­si­ble; sólo se nece­sita que la poli­cía haga bien su tra­bajo. Diga­mos que inves­ti­gando de manera alea­to­ria a caje­ros y caje­ras, des­pués de lo cual se harán sos­pe­cho­sos obvios, a quie­nes auto­ri­dad alguna osará moles­tar, por ejem­plo, los y las emplea­das que gas­tan más de lo que sus sala­rios les per­mi­ten, o que el resul­tado de las pes­qui­sas les con­firme amis­ta­des “raras”. Algo tan sen­ci­llo que extraña que no lo haya lle­vado a cabo la poli­cía.

Esto por un lado y, por otro, el hecho de que los due­ños de los ban­cos, a quie­nes la auto­ri­dad no osa moles­tar, son corres­pon­sa­bles de la segu­ri­dad de sus emplea­dos y clien­tes. Ava­ros, codi­cio­sos, invier­ten poco y ganan mucho. No gas­tan en segu­ri­dad, así que poli­cías bien arma­dos no hay en los ban­cos. Con­tra­tan a poco per­so­nal, lo explo­tan y les prohí­ben for­mar sin­di­ca­tos.

Las caje­ras y los caje­ros no se dan abasto; ape­nas aca­ban de aten­der a uno cuando ya se acerca otro cliente. Entre­gan efec­tivo a la vista de todos, sumas gran­des o media­nas, así que muchos lo ven. Variada es la gama de per­so­nas que espe­ran: hay seño­ras y seño­res, jóve­nes y vie­jos, emplea­dos y due­ños de nego­cios, clien­tes habi­tua­les que salu­dan por sus nom­bres al per­so­nal.

Gorras y len­tes oscu­ros están prohi­bi­dos. ¿Pero de qué sirve? Tam­bién está prohi­bido hacer lla­ma­das o escri­bir por el celu­lar. Sin embargo, muchos lo hacen; “wat­sa­pean”, che­can sus “fei­ces”. Eso parece, ¿pero qué tal si una mucha­cha que teclea un men­saje al pare­cer ino­fen­sivo, en rea­li­dad le está avi­sando a su cóm­plice que un señor acaba de reti­rar un fajo de bille­tes y que pre­ci­sa­mente en ese momento está saliendo del banco?

Le estará des­cri­biendo a la víc­tima en curso, hom­bre o mujer: su edad apro­xi­mada, si es alto, cha­pa­rro o de esta­tura regu­lar; cómo va ves­tido, los colo­res del pan­ta­lón y la camisa, si del banco ha salido solo o acom­pa­ñado. Datos pre­ci­sos para que los ban­di­dos no fallen el golpe.

Des­pre­ve­nido, el obje­tivo es inter­cep­tado cerca del banco si se dirige cami­nando a abor­dar su auto­mó­vil, o per­se­guido cuando ya con­duce y lo sor­pren­den cua­dras ade­lante. La víc­tima rara vez se resiste, para­li­zada de miedo por las armas y las órde­nes gro­se­ras de los asal­tan­tes, que le arre­ba­tan el dinero y huyen en un vehí­culo, usual­mente con reporte de robo, sin que los tes­ti­gos pue­dan hacer nada para evi­tar el atraco.

Sucede tiro por viaje en Cuer­na­vaca y en el inte­rior del estado: los cuen­taha­bien­tes son des­po­ja­dos por cri­mi­na­les del dinero que aca­ban de reti­rar. Los atra­cos ocu­rren en la capi­tal, Cuautla, Jiu­te­pec, Temixco, Yau­te­pec, Emi­liano Zapata, etcé­tera, con el mismo modus ope­randi de los ban­di­dos, en un cli­ché que plan­tea una de dos posi­bi­li­da­des: o los asal­tan­tes han supe­rado en número e inte­li­gen­cia a las fuer­zas del orden, o por años los poli­cías malos han estado aso­cia­dos con este tipo de delin­cuen­cia.

Los boti­nes pue­den ser chi­cos, media­nos o gran­des, como el de dos faci­ne­ro­sos que le qui­ta­ron 600 mil pesos a un señor al salir de un Ban­co­mer, y el de un asal­tante soli­ta­rio que, un mes antes, logró un botín de cien mil pesos en otro banco de Cuautla.

Los datos yacen en las heme­ro­te­cas. Sep­tiem­bre y octu­bre de 2017 apa­re­cen como el bimes­tre récord en mate­ria de asal­tos a ban­cos, con al menos ocho denun­cia­dos: siete en Cuer­na­vaca y uno en Cuautla.

Salido por la puerta de atrás y, en cierto sen­tido, poco menos que huido a Quin­tana Roo, donde reci­bió el mismo cargo que desem­peñó en More­los, Alberto Cape­lla Iba­rra renun­ció a media­dos de sep­tiem­bre de 2017 como comi­sio­nado de Segu­ri­dad Pública del gobierno de Graco Ramí­rez. Dejó con un palmo de nari­ces a los dipu­ta­dos de la Legis­la­tura local, ante los cua­les estaba anun­ciado que com­pa­re­ce­ría. Dos sema­nas des­pués, fue rele­vado por el viceal­mi­rante de la Marina Armada, José Anto­nio Ortiz Guar­ne­ros...

(Me leen mañana)

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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Sobre el autor

José Manuel Pérez Durán
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