Atril: La viruela del simio en “el grito”

ATRIL_258.jpg
ATRIL_258.jpg

Prohibida hasta hoy en Cuernavaca la venta de elotes en las noches del “grito” de Independencia, la de 1972 quedó para la anécdota, cuando la muchedumbre de abajo lanzó una lluvia de elotazos a los de políticos de arriba que se regodeaban acodados en el balcón central del Palacio de Gobierno. El incidente dio para un chistorete sobre el alcalde de voz afeminada que leía el acta de la Independencia de México y al que entre la muchedumbre alguien le gritó, fuerte y claro: “¡habla como hombre, cabrón!”, y las carcajadas se oyeron hasta el Palacio de Cortés.
Treinta y un años más tarde, hubo un acalde pintoresco, Rafael Vargas Zavala, padre del actual edil del mismo nombre pero diferente partido, Rafael Vargas Muñoz, quien se volvió famoso el uno de octubre de 2003 que se cruzó el pecho con la banda presidencial para la ceremonia de su toma de posesión como presidente municipal constitucional de Huitzilac. Ignorando o desdeñando el protocolo, decidió: “si presidente soy, me tercio la banda”. Pasado el evento, no faltó alguien del pueblo que le preguntara: “¿por qué te la pusiste?”. Y que él contestara, envalentonado: “¡Por qué chingaos no!”. Meses después, confirmó el exabrupto al columnista en el café Los Arcos del centro de Cuernavaca. Hacía pocos días que había rendido su primer informe, detalló que mandó hacer la banda en la Ciudad de México, y que incluido el bordado del águila y los bordes dorados le había costado tres mil quinientos pesos. Alardeó, sonriendo malicioso: “Me la iba volver a poner para el informe, pero los panistas la hacen mucho de pedo”. Del PAN era el en ese momento gobernador Sergio Estrada Cajigal.
Por allá de mediados de los setenta, un alcalde de la zona sur se puso la banda presidencial para rendir su informe, pero a lo mucho le costó una “mordida” de algún inspector de la Dirección de Investigaciones Políticas de la Secretaría de Gobernación que para entonces eran “el coco” de los ediles pueblerinos. En la misma época, se acercaba la noche del “grito” y cierto alcalde de la zona cañera temía darlo, seguro de que sus enemigos lo abuchearían, temeroso de que le hicieran algo más que gritarle una que otra mentada de madre. Preocupado, a la hora de la comida buscó el consejo de su mamá. Dijo: “Estos cabrones no sólo son capaces de rementarme la madre, también de aventarme de pedradas y vaya usted a saber qué más”. Temblando de miedo, coraje y angustia, añadió: “Los del pueblo se van a reír de mi”. Y viéndolo en semejante estado, la inocente señora le recomendó: “Ay, m’ijo, pues no dés el ‘grito’ hoy; dalo otro día cuando esos cabrones no estén en el pueblo”.Las anécdotas traen a colación lo que sigue: que el alcalde José Luis Urióstegui Salgado ha anunciadoque el próximo 15 de septiembre no habrá “grito” en Cuernavaca. Expone una cuestión de salud pública: que la gente no sea expuesta a contagios del Covid-19 y “otras enfermedades”. ¿Se refiere a la viruela del simio? Una posibilidad de contagios que no siente o que si la siente desdeña la gente de la Ciudad de México, cuyo gobierno ya ha anunciado la actuación de Los Tigres del Norte en el zócalo capitalino. Suspendida también en Cuernavaca la ceremonia del “grito” el año pasado, sí lo hubo en cambio en CDMX con Lila Downs a la que le fue muy aplaudida su interpretación de la canción “Latinoamérica”. “Grito” o no en Cuernavaca, a lo mejor es algo que la Alcaldía debería reconsiderar… (Me leen después).

Añadir Diario de Morelos como fuente preferida de Google de forma gratuita.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora
Archivado en