Atril: La montaña de plástico en Cuernavaca

JOSÉ MANUEL PÉREZ DURÁN
JOSÉ MANUEL PÉREZ DURÁN

A partir de este año que está iniciando los capitalinos deben separar la basura y entregarla en días específicos al personal de los camiones recolectores, de manera calendarizada, cada día de la semana residuos orgánicos y no orgánicos. Los orgánicos son los residuos biodegradables que se degradan en poco tiempo y se transforman en otra materia orgánica. Andando el tiempo así deberá ser en todo el país, y los estados imitarán la campaña puesta en marcha recientemente por el gobierno progresista de la Ciudad de México. Pero mientras tanto habrá que esperar. En Morelos nunca ha habido suficientes rellenos sanitarios ni plantas separadoras de desechos sólidos, como sí existen en otras entidades. Un problema añejo que resurge de vez en cuando, a veces con un trasfondo político.

En agosto de 2021 Cuernavaca padeció un gran problema por la basura. Echándole más lumbre a la hoguera, un grupo de vecinos bloqueó el paso de los camiones al tiradero de Loma de Mejía, en la Subida a Chalma, donde empleados de la empresa KS Corporativo Ambiental y vecinos se liaron a puñetazos. Dieciséis años atrás, la gente de Cuernavaca enfrentó la llamada “crisis de la basura”. Convertida entonces la Ciudad de la Eterna Primavera en tal vez el basurero más grande de México, el confinamiento de bolsas y desperdicios malolientes fue el resultado de la estulticia política del gobierno municipal en turno.

La desesperación de los pobladores de Alpuyeca bocetó el paisaje apocalíptico de lo que sucedería si se dejase de recoger la basura. En marzo de 2006, sucedió el cierre del tiradero de Alpuyeca y fue impedido el paso a los camiones recolectores de desechos, lo que el ayuntamiento panista aprovechó para privatizar la basura, hacer un negocio de carácter personal y transmitir la deuda de la empresa “Pasa”. El fondo del problema fue advertido por ambientalistas así: la basura es generada por todos, se separe o no, y se mezcla de esta forma: residuos orgánicos 50 por ciento, residuos inorgánicos reciclables 40 por ciento y residuos inorgánicos no reciclables 10 por ciento. Únicamente se recicla el 2 por ciento del total, el resto envenena el medio ambiente.

A “la isla de plástico” se refirió el columnista en más de una ocasión, y hoy cabe la insistencia. También llamado “el séptimo continente”, se encuentra en medio del Océano Pacífico. Es una isla de tamaño incalculable formada por cepillos de dientes, zapatos, llantas, ropa y toda clase de desperdicios plásticos. En 2021 habían pasado 24 años desde su descubrimiento, y aún no hay una solución que frene su impacto nefasto en el ambiente marino.

La historia: “El séptimo continente” fue descubierto por Charles Moore el 13 de agosto de 1997. Navegaba en su velero de Hawái a California cuando al desviarse de su ruta encontró flotando en el agua una hilera de botellas de plástico, envases, ropa, bolsas de basura, entre otros muchos materiales que formaron una “isla de basura” de dimensiones colosales. El reporte técnico o explicación sobre el motivo de la acumulación del vertedero a la mitad del Océano Pacífico, fue la confluencia en ese punto de la corriente en vórtice del Pacífico Norte con los vientos Alisios del sur que se mueven en direcciones opuestas. Esto da lugar a un remolino que impide que los desechos plásticos se dispersen hacia las costas. En cuanto a la procedencia de los residuos, el 80 por ciento de la basura acumulada en ese sitio proviene de zonas terrestres llegadas a través de ríos, aguas residuales y playas. Es decir, provenientes de nuestros botes de basura, de los contenedores públicos, de las bolsas de plástico llenas de basura dejadas en las calles. El 20% restante está asociado a barcos y a otras plataformas marítimas. Un problema de proporciones apocalípticas que recuerdan la inconveniencia de las bolsas de un solo uso… (Me leen mañana).

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