De la aparición de la virgen de Guadalupe este día se cumplen 491 años. La imagen original de la virgen de Guadalupe es de Extremadura, España. No por nada Hernán Cortés y muchos de sus soldados eran extremeños. Uno de ellos traía una imagen de dicha virgen con todo y marco, la cual tuvo que abandonar en el campo por estar herido durante el fragor de la famosa persecución mexica conocida como “La noche triste”.
La virgen de Guadalupe española se “apareció” en la sierra de Guadalupe (Extremadura) poco más de doscientos años antes que la mexicana, hacia 1322. La leyenda española es muy similar a la mexicana: la virgen se le aparece en el cerro a un humilde pastorcillo y pide que se le construya allí mismo una iglesia. El pastor lleva la petición a los clérigos, que no le hacen caso. La aparición y la petición se repiten. Un hijo del pastor resucita después de ser dado por muerto. Los clérigos van al lugar de la aparición con el pastor y encuentran oculta una escultura de la virgen, “esculpida sin intervención humana”. Levantan el santuario y a la virgen se le conoce también como “morenita de las Villuercas” (un pueblo cercano), porque la imagen de madera es morena.
Fray Juan de Zumárraga, obispo de México, no conoció a Juan Diego. En sus múltiples relatos, archivos y cartas el primer obispo de México –a quien se pone como el testigo de la aparición milagrosa de la imagen de Guadalupe en la tilma de Juan Diego– no menciona a Juan Diego, ni al milagro ni a la virgen milagrosa, ni siquiera da un indicio de que hubiera oído hablar de ellos. Existe en cambio un sermón del mismo Zumárraga, posterior a la supuesta o real aparición, que habla de que “ya no hay milagros en su época, ni son necesarios para creer en Cristo”.
Hay documentos que prueban que la imagen de Guadalupe y la capilla del Tepeyac existían desde antes de 1556 y los indios la consideraban “milagrosa” en el sentido de que hacía milagros. Pero no se menciona la aparición, ni al indio Juan Diego, ni el plasmado sobrenatural de la imagen.
El sucesor de Zumárraga, el obispo Fray Alonso de Montufar, en un sermón de 1556 se suma a los rumores de que la Virgen hace milagros para atraer una mayor devoción de los indios hacia ella, lo que le trae severas críticas de los franciscanos, enemigos de la idolatría.
En el mismo año de 1556, Fray Antonio de Huete pide al arzobispo que por lo menos deje de llamarla “Nuestra señora de Guadalupe”, sino de Tepeaca (Tepeyac), puesto que en España ya había una virgen con ese nombre por el lugar que se llamaba así, Guadalupe.
Considerado el primer etnólogo de México, en 1570 Fray Bernardino de Sahagún califica de fe la “invención satánica para ocultar la idolatría, a la adoración a la virgen de Guadalupe que sólo disfraza la adoración a la diosa Tonantzin, como también llaman los indios a Nuestra Señora de Guadalupe”.
Para mayores complicaciones, en 1574 le cae a la ermita una inspección del monasterio de Guadalupe de Extremadura por el asunto de las limosnas que debía entregar la casa Guadalupana de México a la casa Matriz en Extremadura. Algo así como los derechos de uso o regalías de la imagen original…
Entre los días de ayer y hoy, doce millones de peregrinos habrán visitado la Basílica de Guadalupe. Y ello no es milagro, es una realidad que se repite año con año… (Me leen mañana).
Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]
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