Atril: “El Morelotes” andarín

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“El Morelotes” el monumento más estimado por los cuernavacenses al que han traído de la seca a la meca, que ha andado y desandado del costado sur del Palacio de Cortés a la Plaza de Armas, frente al Palacio de Gobierno, y viceversa. En agosto de 2015 lamenté: “¿En cuál capital del mundo se puede ver la estatua o monumento de un prócer nacional, forjador de la nación, arrumbada y arrinconada? En pocas o ninguna, hasta donde la memoria nos alcanza, de algunos lugares visitados y de lo que uno sabe por filmes o Internet. Advertí que “la monumental efigie del Siervo de la Nación se hallaba en paupérrima condición, rodeada de puestos de fritangas y artesanías”. Que no sólo por su valor histórico, sino por espacio arquitectónico y estético, “El Morelotes” no merecía estar donde y de la manera en que aún se encuentra. Propuse, una “catafixia”, dado el clamor de buena parte de los capitalinos o al menos de quienes dedican tiempo y esfuerzos para colaborar con historia y paisaje de la ciudad, y al Morelotes emplazarlo en el lugar de la estatua del gobernador porfirista Carlos Pacheco, situada desde su develación frente al Museo Cuauhnáhuac (para los hispanófilos, Palacio de Cortés), y con este movimiento ganar en atractivo para el centro histórico de la ciudad. Por demás fue apuntar que, de hacerse así, el Generalísimo ocuparía un sitio digno, como corresponde a su vida y obra y por llevar nuestra entidad su nombre.

Sin ningunear, ni ser chovinistas o antiporfiristas, a los morelenses representa más este monumento que la estatua del general Pacheco. En los albores de 1992, el gobernador Antonio Riva Palacio realizó la octava modificación de la plaza que, con el nombre de Jardín Morelos, fue inaugurada el 15 de septiembre, colocada en el centro de la explanada la estatua del “Morelotes” y en 2010 regresada a su sitio original.

Por años, la estatua del héroe epónimo de nuestra entidad ha sido rehén de la estulticia de las autoridades. Remodelado en 2011 el oriente de la Plaza de Armas General Emiliano Zapata, la desaparición del Puente del Mariachi amplío la perspectiva de la plancha de cemento, pero no para bien de la ciudad, sino para el desorden que se extendió al primer cuadro y más allá.

En el centro de Cuernavaca el comercio ambulante vino de los ochenta con la implantación del modelo de gobierno neoliberal. Invadidas las aceras de Guerrero por vendedores de mercancía contrabandeada, fueron metidos al Pasaje Degollado, entonces más conocido como “Mercado de la Fayuca”.

Mercaderes ambulantes siempre ha habido en las afueras del mercado ALM y en los mercaditos municipales; el ambulantaje que vino surgiendo del desempleo se apoderó gradualmente de sitios alejados del primer cuadro hasta convertirse en negocios semifijos. Fue en este contexto que la construcción del Pasaje Lido y el “reordenamiento” del Puente del Dragón sacó del Zócalo y de calles circundantes a una parte del comercio informal. Sin embargo, ante la persistencia de la falta de empleos formales, más familias vinieron engrosando el ambulantaje hasta formar parte del paisaje del Zócalo, el Jardín Juárez, la explanada del “Morelotes”, Galeana, Matamoros, Guerrero y No Reelección. Un cuento de nunca acabar que también se dio en la banqueta del hospital del IMSS de Plan de Ayala y en otros sitios. Y así hasta hoy… (Me leen mañana).

Por: José Manuel Pérez Durán / jmperezduran@hotmail.com 


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