No Centro Cultural Palmira, sino Centro Cultural Lázaro Cárdenas debería ser llamado en honor al autor  de la expropiación petrolera, el conjunto de instalaciones recientemente inaugurado en la casa del presidente Cárdenas, ubicada en la avenida Palmira del sur de Cuernavaca: salones, terrazas, foro y más para la enseñanza de artes a niños y jóvenes. Hace semanas que las obras estaban listas para ser puestas en servicio por el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien, si no vino, no fue precisamente por cuestiones de agenda, Elena Hernández Meraza, presidenta de la Fundación Instituto Palmira, resaltando lo sabido: que “la Expropiación Petrolera, una de las más importantes decisiones para el rumbo de México, la tomó el presidente de la República Lázaro Cárdenas del Río en su finca de Morelos, para ser exactos, en Cuernavaca”. Detalló: para entonces una finca de 40 hectáreas ubicada en la cercanía del Internado Palmira, la casa de descanso del general Lázaro Cárdenas que tras varios años de solicitar su rescate finalmente fue rehabilitada y convertida en un Centro Cultural mediante la inversión de más de 50 millones de pesos.
La inversión fue del gobierno federal, no del estatal. Apenas en abril referí: “Cuenta la leyenda que fue en su finca de descanso, al sur de Cuernavaca, donde el presidente Lázaro Cárdenas del Río ‘se acuarteló’ unos días para trabajar a detalle y en el mayor sigilo la expropiación petrolera. Años después, Cárdenas donaría la casa y sus terrenos para crear ahí el Internado Palmira para Niñas. Los historiadores consideran que el 18 de marzo de 1938, la Revolución Mexicana llegó a su mayor grado de soberanía resolviendo de tajo el problema del petróleo que venía desde el siglo XIX. Es hora de retomar aquellas horas históricas, transcurridas ahí, en la finca Palmira, cuando el presidente Cárdenas diseñó con toda determinación la estrategia para defender el petróleo. Próximos a ser entregados al pueblo los trabajos de restauración de la finca Palmira, esto debió suceder desde fines de abril o principios de mayo, según anunció Román Meyer el 16 de marzo cuando realizó una visita de campo en la histórica casa ubicada al sur de Cuernavaca, en los límites con Temixco”. En la misma entrega señalé: una cosa es posible: que venga el presidente Andrés Manuel López Obrador, y otra previsible: que el jefe del Gobierno del Estado “se adorne” presumiendo una obra que no hizo en un lugar cuya historia desconoce.
El portal DOC.MX documenta “La Historia del Barrio Internado Palmira”; da una idea de cómo era la casa del divisionario de Jiquilpan: “Aquí florecían muchos frutos comestibles. La tierra fértil y la cercanía del río Apatlaco permitían el cultivo de caña de azúcar, el arroz, la guayaba, la naranja y la toronja. Había gran diversidad de árboles frutales, y no precisamente cercados, sino en el campo. Antiguamente existían pomelos, mandarinas, chicozapotes, mangos, limones, membrillos y nueces, y nadie se molestaba si alguien los cortaba, todos podían comerlos. Este barrio comprende desde lo que hoy es el puente de Palmira o la Plaza de las Guacamayas hasta la calle Humboldt: cuando se creó era un lugar hermoso, un edén”. Yo añadiría: lo sigue siendo… (Me leen mañana)

Por: José Manuel Pérez Durán


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