Atril: De alcalde a Gobernador

ATRIL.jpg
ATRIL.jpg

Sólo cuatro de cincuenta y un presidentes municipales de Cuernavaca lograron ascender al cargo de gobernador de Morelos: Felipe Rivera Crespo, Sergio Estrada Cajigal, Jorge Morales Barud y Cuauhtémoc Banco Bravo. De éstos, solamente dos nacieron aquí (Estrada en Cuernavaca y Morales en Puente de Ixtla). Don Felipe vio a primera luz en Iguala, Guerrero, pero vivió la mayor parte de su vida en Cuernavaca. Oriundo del barrio de Tlatilco y luego avecindado en Tepito, hace apenas siete años que Blanco radica en Cuernavaca. De municipios del interior del estado, en la digamos época moderna no hay registros de alcaldes cuernavacenses que llegaron a gobernador. Y más atrás, nombres de gobernadores históricos que tampoco fueron oriundos de esta parte de México. Así que, vista la agitación política que por estos días ha generado la interrogante sobre si cambio de gobernador habrá próximamente, eso mete dos nombres a botepronto: el subsecretario de Gobernación, Rabindranath Salazar Mejía, y el alcalde de Jiutepec, Rafael Reyes Reyes. La situación de “Rabín” da para la pregunta de si cronológicamente le convendría ser gobernador por dos años o esperar para serlo de seis, y de “Rafa”, que si ciertamente no nació en Morelos aquí ha vivido la mitad de su existencia y hoy gente de la política y la iniciativa lo reconocen como el mejor edil de la zona conurbada. Un gobernador que surja del gabinete es legalmente imposible en los secretarios de estado, pues no satisfacen el requisito constitucional de haber residido los últimos cinco años en territorio morelense, excepto Víctor Mercado Salgado, oriundo de Morelos, sí, pero por Morena seguramente no…

LA idea es reabrir el Paseo Ribereño en febrero y que no vuelva a ser cerrado por falta de recursos para su mantenimiento. Por un lado, tramitando que el gobierno federal lo reconozca como reserva natural protegida, y por otro, alquilándolo para eventos sociales (bodas, cumpleaños, arrejuntes) y cobrando una cuota pequeña por entrar.

El columnista no exagera al afirmar que nomás uno de cada cien cuernavacenses conoce las entrañas de la barranca de Amanalco, específicamente, el tramo de entre la ex vecindad de Los Lavaderos y el Puente Porfirio Díaz. Los sorprendería la vegetación exuberante, los miles de aves, la flora y a fauna que pueblan el lecho y las paredes de la barranca, las dimensiones el estilo y solidez del puente visto desde abajo.

La maravilla de las cañadas de la antigua Cuauhnáhuac radica en una orografía hundida pero escondida por el devastador crecimiento urbano. Las hemos llenado de desagües y utilizado como basureros, habitamos sus riberas y casi hemos acabado con semejante bendición.

En la última década del siglo pasado, Amanalco fue parcialmente rescatada; se construyó el andador de trescientos metros acondicionado como paseo turístico. La entrada es al lado de la vecindad La Coronela, y la caminata se prolonga hasta abajo del puente Porfirio Díaz en donde se admira el denso follaje y la tranquilidad que se siente al bajar, ahogados los ruidos del trajín de la ciudad al punto de que sólo se escuchan los cantos de las aves y el agua que corre entre las piedras. Si no ha hecho ese recorrido, pronto podrá hacerlo. Debajo del puente, una maravilla de ingeniería de finales del siglo XIX, se advierte la magnitud del valor natural y ambiental de las barrancas. En una breve descripción técnica, las cañadas capitalinas forman un gran cono de deyección que parte de la arista sur de la Sierra de Zempoala y se proyecta unos 20 kilómetros al sur, afuera de los límites del municipio de Cuernavaca y hasta Acatlipa, ya en Temixco. El paseo ribereño fue creado por Alfonso Sandoval Camuñas, el alcalde más popular que ha tenido Cuernavaca… (Me leen después).

Por: José Manuel Pérez Durán

jmperezduran@hotmail.com 

Añadir Diario de Morelos como fuente preferida de Google de forma gratuita.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora
Archivado en