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12 de julio: Así se Instituyó oficialmente el Día del Abogado en México Gracias a Federico Bracamontes Gálvez

Comunidad

Hoy, 12 de julio de 2026, México celebra a sus abogados. Pero, ¿sabes cómo una cátedra de leyes en 1553 y la visión de Federico Bracamontes Gálvez definieron esta fecha?

Federico Bracamontes Gálvez
Federico Bracamontes Gálvez

Hoy celebramos el Día del Abogado, una fecha que nos recuerda que el Derecho no es solamente una profesión, sino una vocación de servicio, una forma de vida y un compromiso permanente con la justicia.

El 12 de julio se celebra el Día del Abogado en México por una razón histórica ligada al nacimiento de la enseñanza jurídica en la Nueva España, aunque la conmemoración oficial es mucho más reciente.
 

Su origen tiene dos momentos fundamentales:


 • 12 de julio de 1553. Ese día comenzó la enseñanza formal del Derecho en la Real y Pontificia Universidad de México, mediante la denominada Primera Cátedra de Leyes (Prima de Leyes), impartida por el jurista Bartolomé Frías y Albornoz. Ese acontecimiento se considera el inicio institucional de la formación de abogados en México. 
 • 1960. A iniciativa del periódico Diario de México, encabezado por Federico Bracamontes Gálvez, se solicitó al presidente Adolfo López Mateos que se instituyera oficialmente el Día del Abogado. El presidente aceptó la propuesta y eligió precisamente el 12 de julio para recordar aquella primera cátedra de Derecho. 

Existe, sin embargo, un detalle histórico interesante. Encontrarás fuentes que hablan de 1533 y otras de 1553 como fecha de la primera cátedra. La investigación histórica más aceptada hoy sostiene que la Real y Pontificia Universidad de México fue fundada en 1551 e inaugurada en 1553, por lo que la referencia a 1553 resulta la más consistente. La mención de 1533 proviene de una tradición conmemorativa repetida durante décadas, pero es difícil de conciliar con la cronología de la propia universidad. 

Como abogado y notario, quizá te resulte significativa otra coincidencia histórica: el 12 de julio no recuerda una ley ni una sentencia célebre, sino el nacimiento de la enseñanza del Derecho en México. Es decir, la profesión decidió conmemorar el momento en que comenzó a formarse jurídicamente a quienes habrían de servir a la justicia y al Estado de Derecho.

Por ello, el 12 de julio es una fecha que celebra no solo el ejercicio profesional, sino también la tradición universitaria y humanista del Derecho en México, con más de cuatro siglos y medio de historia.

Ser abogado es asumir la responsabilidad de escuchar, orientar, defender, conciliar y, sobre todo, servir. Nuestra labor no se limita al conocimiento de las leyes; exige prudencia, ética, estudio constante y sensibilidad humana.

Eduardo J. Couture, en su Decálogo del Abogado, nos dejó una guía moral que conserva plena vigencia. Nos dijo: “Estudia”, porque el Derecho se transforma todos los días. “Piensa”, porque el Derecho se aprende estudiando, pero se ejerce pensando. “Trabaja”, porque la abogacía requiere esfuerzo constante. “Lucha”, porque nuestro deber es luchar por el Derecho, pero cuando el Derecho entra en conflicto con la justicia, debemos luchar por la justicia.

La abogacía encuentra una de sus expresiones más elevadas cuando converge con la academia y con el notariado.

La academia nos enseña que el Derecho nunca está terminado. Nos obliga a estudiar, a investigar, a cuestionar nuestras propias convicciones y a formar nuevas generaciones de juristas con pensamiento crítico y sólidos principios éticos. Un abogado que deja de estudiar deja de crecer, y quien deja de crecer difícilmente podrá servir con excelencia.

El notariado, por su parte, representa la dimensión preventiva del Derecho. Si el abogado litigante restablece la paz cuando el conflicto ya existe, el notario trabaja para que ese conflicto nunca nazca. Su misión consiste en brindar certeza, seguridad jurídica y confianza mediante la imparcialidad, el consejo profesional y la autenticidad de los actos que autoriza.

Cuando la academia y el notariado se encuentran, el Derecho cumple plenamente su finalidad: el conocimiento se convierte en servicio, la técnica en prudencia y la ley en un instrumento para fortalecer la convivencia social.

Ese principio resume la grandeza de nuestra profesión: el abogado no debe ser un simple operador de normas, sino un defensor de la dignidad humana, de la verdad, de la legalidad y de la paz social.

También nos enseñó Couture a ser leales, tolerantes, pacientes y a tener fe: fe en el Derecho, como instrumento de convivencia; fe en la justicia, como ideal superior; fe en la paz, como resultado de nuestra labor; y fe en la libertad, sin la cual no hay Derecho ni justicia verdaderos.

La abogacía es noble porque acompaña al ser humano en momentos decisivos: cuando busca protección, cuando reclama lo que le corresponde, cuando necesita certeza, cuando enfrenta una injusticia o cuando requiere que su voluntad quede jurídicamente protegida.

Nuestra mayor satisfacción no debe medirse por el número de asuntos atendidos ni por los cargos desempeñados, sino por las personas a quienes ayudamos a vivir con mayor certeza, por las familias cuyo patrimonio protegimos, por las empresas a las que dimos seguridad jurídica y por los estudiantes a quienes inspiramos a ejercer esta profesión con honestidad y vocación.
 

El mejor legado de un abogado


El mejor legado que puede dejar un abogado no son únicamente sus libros, sus sentencias o sus escrituras; es el ejemplo de una vida íntegra, dedicada al estudio permanente, al servicio desinteresado y a la defensa de la dignidad humana. Porque quien enseña Derecho forma conciencias, y quien ejerce el notariado fortalece la confianza de la sociedad en las instituciones.

Por eso, cada escrito, cada audiencia, cada asesoría, cada contrato, cada sentencia, cada instrumento jurídico y cada consejo profesional debe llevar impreso algo más que técnica: debe llevar responsabilidad, honestidad y conciencia.

Hoy vale la pena recordar que el prestigio del abogado no se construye únicamente con títulos, cargos o reconocimientos. Se construye con rectitud. Se construye con palabra cumplida. Se construye con estudio, prudencia y trato digno hacia todas las personas.

En tiempos en los que la sociedad exige instituciones confiables, abogados íntegros y justicia efectiva, nuestra profesión tiene una misión irrenunciable: defender el Estado de Derecho y actuar siempre con ética.

Ese mensaje tiene una profundidad especial para un notario que también mantiene un vínculo con la universidad. Presenta al abogado como constructor de paz, al académico como formador de conciencia jurídica y al notario como garante de la seguridad jurídica preventiva. Son tres facetas de una misma misión: servir a la justicia antes, durante y después de la aplicación del Derecho.

Celebremos, entonces, este día con orgullo, pero también con humildad. Que esta fecha nos recuerde que portar el título de abogado es un honor, pero ejercerlo con dignidad es una obligación.

Felicidades a todas y todos los abogados. Que nunca falte en nosotros el amor por la justicia, el respeto por la ley y la convicción de que el Derecho, cuando se ejerce con honestidad, es una de las más altas formas de servir a los demás.

 

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Sobre el autor

Hugo Salgado Castañeda