Vivencias Ciudadanas: La universidad necesita pasar de las palabras a los hechos

TEODORO LAVÍN LEÓN
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La Uni­ver­si­dad Autó­noma del Estado de More­los atra­viesa una etapa deci­siva. Con el periodo vaca­cio­nal en mar­cha, las acti­vi­da­des aca­dé­mi­cas dis­mi­nu­yen, pero eso no sig­ni­fica que los pro­ble­mas hayan desa­pa­re­cido. Al con­tra­rio, este es el momento ideal para que las auto­ri­da­des uni­ver­si­ta­rias, junto con los gobier­nos esta­tal y fede­ral, tomen deci­sio­nes de fondo que per­mi­tan recu­pe­rar ple­na­mente la vida ins­ti­tu­cio­nal.

Uno de los temas sobre los que poco se ha infor­mado es el plan de segu­ri­dad uni­ver­si­ta­ria. En su momento se anun­ció la ins­ta­la­ción de un sis­tema de video­vi­gi­lan­cia para for­ta­le­cer la pro­tec­ción de estu­dian­tes, pro­fe­so­res, tra­ba­ja­do­res y visi­tan­tes. Sin embargo, hasta ahora la comu­ni­dad uni­ver­si­ta­ria des­co­noce cuán­tas cáma­ras serán colo­ca­das, en qué pun­tos esta­rán ins­ta­la­das y cuál será la estra­te­gia inte­gral para pre­ve­nir nue­vos hechos de vio­len­cia o van­da­lismo.

La segu­ri­dad no puede que­darse en un anun­cio. La comu­ni­dad uni­ver­si­ta­ria tiene dere­cho a cono­cer el avance de ese pro­yecto y los tiem­pos en que será eje­cu­tado. La trans­pa­ren­cia tam­bién genera con­fianza.

De igual forma, es indis­pen­sa­ble reco­no­cer que la uni­ver­si­dad nece­sita recur­sos extraor­di­na­rios. Los daños oca­sio­na­dos durante el con­flicto ante­rior deja­ron afec­ta­cio­nes mate­ria­les y admi­nis­tra­ti­vas que difí­cil­mente podrán resol­verse con el pre­su­puesto ordi­na­rio. Ofi­ci­nas, equi­pos, docu­men­tos, mobi­lia­rio e ins­ta­la­cio­nes requie­ren aten­ción inme­diata para que la ins­ti­tu­ción vuelva a ope­rar con nor­ma­li­dad.

Espe­cial preo­cu­pa­ción merece la situa­ción de la Torre de Rec­to­ría. De acuerdo con la infor­ma­ción pública dis­po­ni­ble, toda­vía exis­ten espa­cios que no han recu­pe­rado ple­na­mente su fun­cio­na­miento. La uni­ver­si­dad nece­sita res­ta­ble­cer sus áreas admi­nis­tra­ti­vas por­que de ellas depen­den cien­tos de trá­mi­tes para estu­dian­tes, aca­dé­mi­cos y tra­ba­ja­do­res.

Tam­bién es momento de que las auto­ri­da­des con­clu­yan las inves­ti­ga­cio­nes corres­pon­dien­tes para des­lin­dar res­pon­sa­bi­li­da­des por los daños oca­sio­na­dos al patri­mo­nio uni­ver­si­ta­rio. Si exis­tie­ron pér­di­das de bie­nes públi­cos o actos que afec­ta­ron el fun­cio­na­miento ins­ti­tu­cio­nal, esos hechos deben escla­re­cerse con­forme a la ley y con pleno res­peto al debido pro­ceso. La impu­ni­dad nunca for­ta­lece a una ins­ti­tu­ción; por el con­tra­rio, debi­lita la con­fianza de toda la comu­ni­dad.

Los movi­mien­tos uni­ver­si­ta­rios tie­nen un ori­gen y obje­ti­vos espe­cí­fi­cos. Cuando esos obje­ti­vos con­clu­yen, corres­ponde regre­sar a la nor­ma­li­dad ins­ti­tu­cio­nal y pri­vi­le­giar el diá­logo den­tro de los cau­ces lega­les. La uni­ver­si­dad nece­sita recu­pe­rar sus espa­cios para cum­plir con su misión prin­ci­pal: for­mar pro­fe­sio­nis­tas, gene­rar cono­ci­miento e impul­sar el desa­rro­llo de More­los.

En medio de este pano­rama tam­bién exis­ten noti­cias alen­ta­do­ras. La cons­truc­ción de nue­vas via­li­da­des y acce­sos hacia la zona uni­ver­si­ta­ria, par­ti­cu­lar­mente por el rumbo de Oco­te­pec y las obras que faci­li­ta­rán la comu­ni­ca­ción con la auto­pista, repre­sen­tan una opor­tu­ni­dad para mejo­rar la movi­li­dad de miles de estu­dian­tes y tra­ba­ja­do­res. Una mejor conec­ti­vi­dad sig­ni­fica mayor segu­ri­dad, menor tiempo de tras­lado y mejo­res con­di­cio­nes para el desa­rro­llo aca­dé­mico.

Sin embargo, la infraes­truc­tura vial, por impor­tante que sea, no resol­verá por sí sola los retos que enfrenta la uni­ver­si­dad. Se requie­ren recur­sos fres­cos para reha­bi­li­tar ins­ta­la­cio­nes, moder­ni­zar equi­pos, for­ta­le­cer la segu­ri­dad, mejo­rar labo­ra­to­rios, recu­pe­rar espa­cios admi­nis­tra­ti­vos y ofre­cer mejo­res con­di­cio­nes para la ense­ñanza y la inves­ti­ga­ción.

La uni­ver­si­dad es patri­mo­nio de todos los more­len­ses. No per­te­nece úni­ca­mente a quie­nes estu­dian o tra­ba­jan en ella; repre­senta uno de los prin­ci­pa­les moto­res del desa­rro­llo cien­tí­fico, cul­tu­ral y pro­fe­sio­nal del estado. Por ello, su recu­pe­ra­ción debe con­ver­tirse en una causa com­par­tida.

Tal vez haya lle­gado el momento de pen­sar en meca­nis­mos extraor­di­na­rios de apoyo. Gobier­nos, empre­sa­rios, egre­sa­dos, orga­ni­za­cio­nes civi­les y ciu­da­da­nía podrían par­ti­ci­par en cam­pa­ñas de recau­da­ción o en pro­gra­mas espe­cia­les que per­mi­tan reu­nir recur­sos para la recons­truc­ción y moder­ni­za­ción de la ins­ti­tu­ción. Lo impor­tante es que exista volun­tad para sumar esfuer­zos.

La Uni­ver­si­dad Autó­noma del Estado de More­los ha supe­rado momen­tos difí­ci­les a lo largo de su his­to­ria y segu­ra­mente vol­verá a hacerlo. Pero para lograrlo nece­sita algo más que bue­nos deseos: requiere pla­nea­ción, trans­pa­ren­cia, apoyo finan­ciero y deci­sio­nes fir­mes. Hoy más que nunca, ayu­dar a la uni­ver­si­dad sig­ni­fica inver­tir en el futuro de More­los.¿No cree usted?

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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