Vivencias Ciudadanas: El transporte en Morelos: El problema crece

TEODORO LAVÍN LEÓN
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El trans­porte público en More­los atra­viesa una de sus eta­pas más com­pli­ca­das. Lejos de mejo­rar, las que­jas de los usua­rios aumen­tan dia­ria­mente por el mal estado de muchas uni­da­des, la falta de res­peto a las tari­fas pre­fe­ren­cia­les y un ser­vi­cio que, en nume­ro­sos casos, deja mucho que desear.

Miles de ciu­da­da­nos depen­den todos los días de rutas y colec­ti­vos para lle­gar a sus cen­tros de tra­bajo, escue­las y hos­pi­ta­les, pero se evi­den­cian años de rezago con vehí­cu­los dete­rio­ra­dos, pro­ble­mas mecá­ni­cos, falta de como­di­dad y, en algu­nos casos, ries­gos para la segu­ri­dad de los pasa­je­ros, todo parte del pano­rama coti­diano.

Por otro lado, los com­pro­mi­sos rela­cio­na­dos con des­cuen­tos para estu­dian­tes y adul­tos mayo­res siguen gene­rando con­tro­ver­sia. Los con­ce­sio­na­rios argu­men­tan que los cos­tos de ope­ra­ción son ele­va­dos, mien­tras que los usua­rios seña­lan que los bene­fi­cios esta­ble­ci­dos por la ley no siem­pre se res­pe­tan. La falta de super­vi­sión efec­tiva ha pro­vo­cado que el con­flicto per­ma­nezca sin una solu­ción tan­gi­ble.

El gobierno esta­tal ha plan­teado diver­sas medi­das, pero los resul­ta­dos aún no son visi­bles. Quizá el prin­ci­pal pro­blema sea la ausen­cia de una nego­cia­ción firme y pro­fe­sio­nal con los gru­pos trans­por­tis­tas. Se requiere una auto­ri­dad con capa­ci­dad de diá­logo, pero tam­bién con la deter­mi­na­ción nece­sa­ria para hacer cum­plir la ley.

Las solu­cio­nes exis­ten. La pri­mera debe ser un pro­grama obli­ga­to­rio de reno­va­ción de uni­da­des con pla­zos defi­ni­dos. La segunda, audi­to­rías per­ma­nen­tes para veri­fi­car con­di­cio­nes mecá­ni­cas y de segu­ri­dad. La ter­cera, garan­ti­zar el res­peto a estu­dian­tes y adul­tos mayo­res mediante meca­nis­mos de super­vi­sión efi­ca­ces. Final­mente, el gobierno debe recor­dar que las con­ce­sio­nes son una auto­ri­za­ción pública y que quien no cum­pla con las obli­ga­cio­nes del ser­vi­cio debe enfren­tar san­cio­nes.

More­los nece­sita un trans­porte moderno, seguro y efi­ciente. Los ciu­da­da­nos ya han espe­rado dema­siado tiempo. Es momento de pasar de las pro­me­sas a las accio­nes con­cre­tas, ya que el trans­porte público en More­los se encuen­tra en un calle­jón sin salida. Cada día, miles de usua­rios sufren por las malas con­di­cio­nes de las uni­da­des, la falta de res­peto a las tari­fas pre­fe­ren­cia­les y una falta de super­vi­sión que agrava la cri­sis. El gobierno, dueño de las con­ce­sio­nes, ha fallado al no impo­ner un cam­bio real en las uni­da­des ni en las tari­fas.

Los gru­pos trans­por­tis­tas argu­men­tan que no pue­den sub­si­diar más a estu­dian­tes y adul­tos mayo­res. Dicen que los cos­tos de ope­ra­ción los aho­gan, pero la rea­li­dad es que las uni­da­des son vie­jas, inse­gu­ras y, en muchos casos, ni siquiera se detie­nen para las per­so­nas con dere­cho a des­cuen­tos. La falla del gobierno se hace enton­ces muy evi­dente, pues si el estado es el dueño, ¿por qué no renueva las uni­da­des? ¿Por qué no exige un ser­vi­cio digno?

La solu­ción pasa por una nego­cia­ción firme, pero no sólo con buena volun­tad, sino con un plan estruc­tu­rado. Se nece­si­tan una agenda, cro­no­gra­mas de reno­va­ción, audi­to­rías cons­tan­tes y san­cio­nes a quie­nes incum­plan. More­los no puede seguir espe­rando. Es hora de que las pro­me­sas se con­vier­tan en accio­nes y que los more­len­ses recu­pe­ren un ser­vi­cio que es una nece­si­dad básica. La mano firme, la nego­cia­ción experta y la exi­gen­cia de resul­ta­dos son el camino a seguir. El poder se ejerce y no se com­parte, pero las mañas de los con­ce­sio­na­rios son muchas, así que se nece­sita alguien que sepa poner orden con solu­cio­nes prác­ti­cas con­cre­tas. ¿No cree usted?

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