Vivencias ciudadanas: ¿Qué manos mecen la cuna en el conflicto universitario?

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El conflicto que atraviesa la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) no puede entenderse únicamente como un movimiento estudiantil espontáneo ni como una disputa administrativa más. Lo que hoy vive la universidad es un episodio complejo en el que se mezclan inconformidades legítimas, intereses políticos, luchas de poder internas y, como suele ocurrir en la vida pública mexicana, la presencia de actores que prefieren operar desde las sombras.

La universidad pública es, por naturaleza, un espacio de debate, inconformidad y crítica. Los estudiantes tienen no sólo el derecho sino incluso la obligación moral de señalar lo que consideran injusto dentro de su institución.

Sin embargo, cuando las protestas derivan en tomas de instalaciones, bloqueos prolongados o acciones que paralizan la vida académica, inevitablemente surge la pregunta: ¿quién gana con la crisis? En el caso de la UAEM, el conflicto ha escalado más allá de las demandas iniciales.

La toma de espacios universitarios y la presión constante sobre las autoridades reflejan un escenario donde el diálogo parece haberse vuelto insuficiente. Pero detrás de esa radicalización también empiezan a asomarse señales de algo tan profundo como la posible intervención de grupos o personajes del pasado que conservan influencia en la vida universitaria.

No es un secreto que históricamente la universidad ha sido también un espacio de disputa política. Diversos grupos han intentado, en diferentes momentos, influir en sus decisiones internas, porque controlar o influir en la universidad significa también tener presencia en el sector social importante de la juventud.

Por eso, cada vez que surge un conflicto universitario en Morelos, aparece inevitablemente la sospecha de que manos externas buscan aprovechar la inconformidad estudiantil para reposicionarse o cobrar facturas políticas pendientes. Exfuncionarios, exdirigentes universitarios o grupos desplazados del poder pueden ver en la crisis una oportunidad para regresar al tablero. La estrategia no es nueva. En muchas ocasiones basta con alimentar la inconformidad, radicalizar posturas o incentivar la desconfianza hacia cualquier intento de negociación.

El resultado es un movimiento que, sin que casi nadie se dé cuenta, puede terminar sirviendo a intereses que poco tienen que ver con las verdaderas preocupaciones estudiantiles. Los jóvenes universitarios suelen movilizarse por convicción, por idealismo o por la sensación legítima de que algo debe cambiar.

Pero cuando aparecen actores externos que “orientan”, “aconsejan” o incluso financian ciertas acciones, el movimiento corre el riesgo de perder su esencia. Ése es el punto delicado que hoy enfrenta la UAEM. Porque más allá de las consignas y de la intensidad de las protestas, la pregunta central sigue siendo: ¿qué se busca realmente con la prolongación del conflicto? Si la meta fuera únicamente resolver problemas internos, el camino lógico sería el diálogo y la construcción de acuerdos.

Pero cuando las posiciones se endurecen sistemáticamente, cuando cada intento de negociación se sabotea o cuando nuevas exigencias aparecen constantemente, el escenario empieza a parecer más una estrategia de desgaste que una búsqueda genuina de soluciones.

En medio de todo esto, los principales perjudicados siguen siendo los estudiantes que sí quieren clases, los profesores que desean trabajar y las familias que hacen un esfuerzo enorme para sostener la educación universitaria de sus hijos. La universidad no puede convertirse en rehén de intereses políticos ni en campo de batalla de grupos que buscan recuperar espacios de poder.

La UAEM es una institución fundamental para el desarrollo de Morelos y su estabilidad debe ser una prioridad para todos. La solución al conflicto pasa, inevitablemente, por tres elementos fundamentales: El primero es el diálogo verdadero. No algo para la foto o para ganar tiempo, sino una acción en la que todas las partes estén dispuestas a escuchar y a ceder. En cualquier negociación real nadie obtiene todo, pero todos pueden avanzar. El segundo elemento es la transparencia.

Si existen dudas sobre decisiones administrativas, uso de recursos o políticas universitarias, lo correcto es abrir la información y permitir que la comunidad universitaria tenga claridad sobre lo que ocurre dentro de su institución.

El tercer elemento, quizá el más importante, es que los propios estudiantes reflexionen sobre quiénes los acompañan y quiénes podrían estar influyendo en sus decisiones. Un movimiento estudiantil fuerte es aquel que mantiene su independencia y que no permite ser utilizado como instrumento de intereses ajenos. Morelos necesita una universidad activa, crítica y libre, pero también estable. La crisis permanente sólo debilita a la institución y termina afectando a quienes dice defender.

Hoy más que nunca, se requiere madurez política de todos los actores involucrados; de las autoridades universitarias para abrir los canales necesarios de entendimiento; de los estudiantes para defender sus causas, sin permitir manipulaciones; y también de aquellos personajes del pasado que, si realmente quieren a la universidad, deberían dejar de intentar mover la cuna desde la oscuridad después de haberse servido del estado que los sacó de pobres.

Porque cuando las manos invisibles se empeñan en prolongar los conflictos, quienes terminan pagando el precio son siempre los jóvenes y el futuro de la educación pública en Morelos. ¿No cree usted? El 27 de marzo se realizará el tradicional y gran “Baile de los Cuernavacos” en “Mañanitas Casa Nueva”, con la coronación de nuestra reina 2026 Rebeca Krause, con cena de gala y magnifica orquesta en vivo. Para volvernos a ver. No se lo pierda, los boletos con el Lic. Cortés en Comonfort 13 y en los telefonos 777 3145191 y 777314 5189. Los esperamos