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Morelos llega al ciclo electoral de 2026 con un escenario político marcado por tensiones internas dentro de los principales partidos, errores administrativos visibles y una oposición que ha ganado terreno en muchos municipios. En la elección estatal de 2024, la coalición encabezada por Morena con aliados como PT, PVEM, PES, Panal y MAS llevó a Margarita González Saravia a la gubernatura.

Fue un resultado importante, pues por primera vez hay una mujer gobernadora en la entidad, con un proyecto que proponía continuidad con la mayoría legislativa local y agenda de seguridad y bienestar social. Sin embargo, apenas dos años después, la escena política está marcada por retos que definirán cómo se posicionan las fuerzas para los comicios de 2026, cuando se renovarán —entre otros cargos— diputaciones federales y locales, ayuntamientos y, posiblemente, curules en el Congreso. Morena no es un bloque monolítico. A nivel nacional y local se percibe una multiplicidad de grupos con intereses propios, algo que ya se ha visto repetidamente en procesos internos, y el abandono de la actual dirigencia, lo que se nota en la falta de control político por grupos como los morenistas “decepa”, alineados con figuras de la dirigencia nacional, normalmente cercanos a AMLO y a la línea oficial de la Cuarta Transformación; otro sector está compuesto por militantes que provienen de otros partidos o que tienen un perfil más pragmático, con lealtades divididas; a su vez, hay quienes se identifican directamente con figuras locales, como perfiles vinculados al gobernador o vinculados a liderazgos históricos regionales.

Esta fragmentación —algo común en Morena desde su fundación, cuando surgieron múltiples facciones internas enfrentadas por espacios y candidaturas— tiene implicaciones en la selección de candidatos para 2026, la construcción de listas y la movilización del electorado. En el proceso de 2024, el Partido del Trabajo (PT) fue aliado de Morena, pero ese apoyo no fue uniforme ni sin fricciones. Líderes estatales del PT acusaron que hubo imposición de candidaturas dentro de Morena, particularmente relacionadas con grupos asociados al gobernador y a dirigentes nacionales, lo que generó tensiones internas y advertencias de que el PT tomaría caminos distintos para ciertos cargos, porque además deberían tener cuidado con la dirigencia del PVEM en Morelos, que es nueva, pero la problemática nacional puede influir en un rompimiento a nivel local. Este tipo de conflicto político indica que Morena y sus aliados deben administrar contradicciones internas si quieren mantener su fuerza electoral en lugares clave. Morena cuenta con políticos con peso propio en el estado, como el precandidato a la alcaldía de Cuernavaca, el senador Victor Mercado; el diputado federal Juan Ángel Flores, dirigente con trayectoria local y ex presidente municipal de Jojutla; la diputada Meggie Salgado y de los liderazgos locales el diputado local Rafa Reyes y el ex diputado Alejandro Mojica.

La presencia de candidatos con ambiciones propias —que no siempre coinciden con las directrices de la dirigencia nacional— es un factor que puede intensificar la competencia interna. En comicios pasados (por ejemplo 2021 y 2024), el partido guinda perdió el gobierno de una gran mayoría de municipios que había ganado previamente, lo que podría interpretarse no sólo como un desplazamiento por la oposición, sino también por la falta de consolidación interna. Esto es clave, el control territorial no sólo influye en la capacidad de movilización en el día de la elección, sino también en la percepción ciudadana sobre eficacia de gobierno. ¿Qué puede pasar? Morelos llega al 2026 con un panorama político dinámico y en cierta medida fracturado dentro de Morena.

Las señales de múltiples grupos in ternos, conflictos sobre candidaturas, y la necesidad de alinear a diversos sectores, apuntan a que la elección podría decidirse no sólo en las urnas, sino también en las decisiones internas de cada partido. Si Morena logra sentar acuerdos entre sus grupos —equilibrando liderazgos estatales, nacionales y locales— puede exhibir un frente unido que podría ser competitivo. Si no, corre el riesgo de dividir su propio voto o de debilitar su estructura local frente a la oposición. El resultado de 2027 en Morelos dependerá, en gran medida, de cómo se resuelvan estas tensiones internas y de si el partido logra traducir su base de apoyo en una propuesta coherente que conecte con la ciudadanía, especialmente frente a desafíos de seguridad, economía y gobernabilidad, que siguen siendo prioritarios para la población. ¿No cree usted?

Sobre el autor

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TEODORO LAVÍN LEÓN
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