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Vivencias Ciudadanas | Pensiones doradas: Revisar sin castigar a quien sí trabajo

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La gobernadora Margarita González Saravia ha dicho que el Ejecutivo no presentará una iniciativa para modificar el sistema de pensiones durante la actual Legislatura. La creación de un Instituto de Pensiones queda en pausa y, por ahora, no tiene fecha para retomarse. Al mismo tiempo, el gobierno anunció que analizará jurídicamente las llamadas pensiones doradas para determinar si hay elementos que permitan emprender acciones.

La decisión puede dar tranquilidad a miles de trabajadores y jubilados que temían que, con el argumento de corregir las finanzas públicas, se afectaran sus salarios o sus derechos adquiridos. Pero también abre una pregunta necesaria: ¿qué debe entenderse por una pensión dorada?

No basta con que una pensión sea alta para calificarla de irregular. Tampoco se puede concluir que alguien no la merece solo porque recibe más que otros o porque el monto aumentó con el tiempo. Una pensión puede crecer conforme a las reglas que se le aplican; eso, por sí mismo, no demuestra que haya sido otorgada indebidamente. La revisión debe mirar cómo se concedió, qué salario se tomó como base, cuántos años se trabajaron y si se cumplieron los requisitos legales.

Ahí está la diferencia entre una prestación legítima y una que merece investigarse. Hay personas que dedicaron más de 30 años al servicio público y que, al terminar su vida laboral, obtuvieron una pensión como resultado de ese trabajo. No sería justo ponerlas bajo sospecha ni usar su prestación para resolver un problema financiero que no provocaron. El salario de quienes siguen trabajando también debe quedar fuera de cualquier recorte, como ha sostenido el gobierno al hablar del respeto a los derechos laborales.

En cambio, sí merece atención el caso de quien obtuvo una jubilación tras pocos años de servicio, sin cumplir los requisitos que establecía la ley, con documentos falsos o mediante una base salarial que no correspondía a su trayectoria. Esas son hipótesis que deben comprobarse expediente por expediente. Los años de servicio pueden ser una señal para revisar un caso, pero no bastan por sí solos para declarar que una pensión es ilegal. Hace falta conocer las normas vigentes cuando se otorgó y las pruebas que respaldan la resolución.

La investigación anunciada, por tanto, no debe convertirse en una cacería de pensionados ni en un ejercicio de propaganda. El gobierno informó que hará un análisis jurídico con especialistas académicos y de la Consejería Jurídica para determinar si existen elementos para actuar. También ha reconocido la necesidad de contar con información actuarial suficiente para entender la situación completa del sistema. El siguiente paso debe ser presentar criterios claros y resultados verificables, sin juicios anticipados.

La transparencia es indispensable. La ciudadanía debe saber cuántos casos se revisarán, bajo qué reglas, quién hará el análisis y qué procedimiento tendrá cualquier persona señalada para presentar pruebas y defenderse. Si se encuentra una irregularidad, que se explique cuál fue, cómo se acreditó y qué medida permite la ley.

Si la pensión fue concedida conforme a derecho, debe respetarse, aunque su monto sea elevado.

También conviene evitar que el debate se reduzca a una cifra máxima. En las últimas declaraciones se mencionó la posibilidad de armonizar la regulación con un límite para futuras pensiones. Pero fijar un tope hacia adelante no resuelve automáticamente qué hacer con las prestaciones ya concedidas; ese punto exige análisis jurídico y no puede confundirse con revisar posibles abusos.

La suspensión de la iniciativa para crear el instituto puede abrir espacio para construir acuerdos con los sindicatos y estudiar el problema con más cuidado. Pero aplazar una reforma no debe significar aplazar indefinidamente la revisión de casos posiblemente irregulares ni dejar a los trabajadores sin respuestas sobre el futuro del sistema.

Si de verdad se busca justicia, hay que distinguir: proteger al trabajador que cumplió toda una vida de servicio y revisar a quien obtuvo una pensión sin reunir las condiciones legales. Esa distinción — hecha con documentos, reglas y resoluciones transparentes— es la que puede dar legitimidad a la investigación. La gobernadora anunció que se revisarán las pensiones doradas; ahora corresponde explicar cómo y con qué garantías. ¿No cree usted? -Dos de octubre no se olvida.

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Sobre el autor

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Teodoro Lavín León
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