Vivencias Ciudadanas: La oposición no se reconstruye con los mismos de siempre

TEODORO LAVÍN LEÓN
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El reciente e inte­re­sante artí­culo de Jorge Carri­llo Olea sobre la recons­truc­ción de la opo­si­ción abre un debate que México no puede seguir pos­ter­gando. La demo­cra­cia nece­sita con­tra­pe­sos fuer­tes, serios y creí­bles. Nin­gún país gana cuando una sola fuerza polí­tica domina todos los espa­cios sin una opo­si­ción capaz de cues­tio­nar, pro­po­ner y vigi­lar el ejer­ci­cio del poder. Sin embargo, la pre­gunta obli­gada es: ¿quién puede recons­truir esa opo­si­ción?

La res­puesta, quizá incó­moda para muchos, es que no serán los mis­mos per­so­na­jes de siem­pre.

Durante años hemos visto des­fi­lar a diri­gen­tes par­ti­dis­tas que cam­bian de dis­curso según la con­ve­nien­cia del momento. Son los mis­mos nom­bres, los mis­mos gru­pos, las mis­mas dis­pu­tas inter­nas y las mis­mas prác­ti­cas que lle­va­ron a los par­ti­dos tra­di­cio­na­les a per­der la con­fianza ciu­da­dana. Hoy pre­ten­den regre­sar como si nada hubiera ocu­rrido, con­ven­ci­dos de que basta con seña­lar los erro­res del gobierno para recu­pe­rar el res­paldo popu­lar.

No parece ser así. La socie­dad mexi­cana ha cam­biado pro­fun­da­mente. El ciu­da­dano ya no vota sola­mente por colo­res o por siglas. Observa tra­yec­to­rias, com­para resul­ta­dos y cas­tiga la incon­gruen­cia. Quien alguna vez pro­me­tió com­ba­tir pri­vi­le­gios y ter­minó bene­fi­cián­dose de ellos difí­cil­mente podrá pre­sen­tarse como el ros­tro de una nueva opo­si­ción.

Ese es el gran pro­blema. La opo­si­ción quiere reno­varse, pero con­ti­núa apos­tando por los mis­mos lide­raz­gos que la lle­va­ron al des­cré­dito.

Los par­ti­dos polí­ti­cos deben acep­tar una rea­li­dad que durante mucho tiempo se nega­ron a reco­no­cer: la con­fianza se per­dió. Y la con­fianza no se recu­pera con cam­pa­ñas publi­ci­ta­rias, dis­cur­sos encen­di­dos o alian­zas impro­vi­sa­das. Se recu­pera con cre­di­bi­li­dad, y la cre­di­bi­li­dad comienza por abrir espa­cio a nue­vos per­fi­les.

México nece­sita una opo­si­ción, sí. Pero una opo­si­ción dis­tinta.

No una opo­si­ción dedi­cada úni­ca­mente a des­ca­li­fi­car al gobierno en turno, sino una capaz de pre­sen­tar pro­pues­tas via­bles, cons­truir acuer­dos y defen­der cau­sas ciu­da­da­nas. Una opo­si­ción que repre­sente a quie­nes pro­du­cen, tra­ba­jan, estu­dian, inves­ti­gan y sos­tie­nen dia­ria­mente al país.

Por ello, el lide­razgo difí­cil­mente sur­girá de las estruc­tu­ras tra­di­cio­na­les de los par­ti­dos. Ten­drá que venir de la socie­dad civil.

De uni­ver­si­da­des, empre­sa­rios, aca­dé­mi­cos, orga­ni­za­cio­nes socia­les, jóve­nes, pro­fe­sio­nis­tas, inves­ti­ga­do­res, cam­pe­si­nos, tra­ba­ja­do­res y ciu­da­da­nos que nunca han hecho de la polí­tica un modo de vida. Per­so­nas cuya auto­ri­dad pro­venga de su tra­bajo y de su pres­ti­gio, no de los car­gos acu­mu­la­dos durante déca­das.

No sig­ni­fica desa­pa­re­cer a los par­ti­dos. En una demo­cra­cia siguen siendo indis­pen­sa­bles. Pero sí sig­ni­fica enten­der que deja­ron de ser los úni­cos intér­pre­tes de la volun­tad ciu­da­dana. Hoy exis­ten orga­ni­za­cio­nes, colec­ti­vos y movi­mien­tos socia­les capa­ces de repre­sen­tar cau­sas que los par­ti­dos aban­do­na­ron hace tiempo.

Mien­tras los diri­gen­tes par­ti­dis­tas sigan cre­yendo que ellos solos pue­den enca­be­zar la recons­truc­ción de la opo­si­ción, segui­rán hablando entre ellos mis­mos. El ciu­da­dano común observa desde fuera con indi­fe­ren­cia, cuando no con des­con­fianza.

Y esa des­con­fianza tiene razo­nes.

Muchos de quie­nes hoy bus­can con­ver­tirse nue­va­mente en refe­ren­tes polí­ti­cos fue­ron parte de gobier­nos cues­tio­na­dos, pro­ta­go­ni­za­ron divi­sio­nes inter­nas o sim­ple­mente desa­pa­re­cie­ron cuando la ciu­da­da­nía más nece­si­taba una defensa firme de sus dere­chos.

La reno­va­ción exige gene­ro­si­dad. Exige que algu­nos den un paso al cos­tado para per­mi­tir el sur­gi­miento de nue­vas gene­ra­cio­nes y de nue­vos lide­raz­gos.

Por­que el obje­tivo no debe ser res­ca­tar par­ti­dos polí­ti­cos. El obje­tivo debe ser for­ta­le­cer la demo­cra­cia.

Una opo­si­ción fuerte no es ene­miga del gobierno; es aliada del país. Señala erro­res, pro­pone solu­cio­nes y obliga a gober­nar mejor. Cuando la opo­si­ción desa­pa­rece o pierde legi­ti­mi­dad, tam­bién pierde la ciu­da­da­nía, por­que desa­pa­re­cen los equi­li­brios indis­pen­sa­bles para cual­quier sis­tema demo­crá­tico.

Quizá ese sea el ver­da­dero reto de los pró­xi­mos años. No recons­truir una alianza elec­to­ral, sino recons­truir la con­fianza pública.

Y esa con­fianza no se com­pra, no se decreta y tam­poco se hereda. Se gana.

Si los par­ti­dos entien­den ese men­saje, toda­vía podrán desem­pe­ñar un papel impor­tante en el futuro polí­tico de México. Si insis­ten en pre­sen­tar los mis­mos ros­tros, repe­tir los mis­mos dis­cur­sos y pro­te­ger los mis­mos inte­re­ses, la socie­dad con­ti­nuará bus­cán­do­los... pero sola­mente para recor­dar­les por qué dejó de creer en ellos.¿ no cree usted?.

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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