En Morelos la salud pública dejó de ser una promesa para convertirse en una carrera de obstáculos. No por falta de diagnósticos, sino por falta de conducción. Hoy, cada visita a un hospital público confirma una percepción que se repite en voz baja entre médicos, enfermeras y pacientes: al Secretario de Salud le quedó grande el cargo y la realidad lo rebasó. No es una frase retórica. Es una conclusión que se construye con testimonios, pasillos saturados, recetas incompletas y una autoridad que parece vivir en una versión paralela del estado. En el Hospital General de Cuernavaca, Laura — enfermera desde hace 14 años— no necesita estadísticas para describir el problema: “Hay días en que tenemos pacientes, pero no insumos. O médicos, pero no medicamentos. O todo… menos una dirección clara. Así no se puede”. El discurso oficial habla de “regularización” y “transición administrativa”, pero en la práctica eso se traduce en escasez constante. Antibióticos básicos, material de curación, reactivos para laboratorio, todo llega tarde o no llega. La salud en Morelos se maneja como si el tiempo sobrara. Pero, en un hospital, el tiempo mata. Uno de los mayores reclamos del personal médico es la falta de planeación. Cambios repentinos, instrucciones contradictorias y decisiones tomadas sin consultar a quienes están en el terreno. Carlos, médico general en la zona oriente del estado, lo explica así: “Cada mes nos cambian el procedimiento. Nadie capacita, nadie explica. Solo llegan oficios. Parece que están aprendiendo sobre la marcha… con los pacientes como conejillos de indias”. Cuando la cabeza no tiene claridad, el sistema entero se paraliza. Y eso es exactamente lo que ocurre hoy en Morelos con una Secretaría de Salud que administra papeles, pero no resuelve problemas.

Si en Cuernavaca la situación es grave, en las zonas rurales es crítica. Centros de salud que abren sólo algunos días, médicos que cubren hasta tres comunidades y pacientes que recorren horas para escuchar la misma respuesta: “no hay”. María, habitante de una comunidad en la región sur, relata: “Mi papá es diabético. Antes aquí nos daban el medicamento. Ahora nos mandan a otro municipio. No tenemos dinero para ir cada mes. ¿Eso es atención universal?” Morelos no es un estado pequeño cuando se trata de desigualdad. Y la Secretaría de Salud parece no haber entendido que gobernar implica reducir brechas, no ampliarlas. El problema ya no es sólo operativo. Es político y humano. La ausencia del secretario en los momentos clave, la falta de diálogo con trabajadores y la incapacidad de asumir errores han profundizado la crisis. Rosa, trabajadora administrativa del sector salud, lo dice con resignación: “Cuando hay protestas, nos piden aguantar. Cuando hay reclamos, nos piden callar. Pero arriba nadie responde”.

En Morelos, la salud pública se sostiene más por la vocación del personal que por la capacidad del liderazgo. Eso no es un mérito del sistema, es una señal de alarma. Madres que compran medicamentos por su cuenta, adultos mayores que interrumpen tratamientos, pacientes crónicos en lista de espera permanente; esta es la consecuencia directa de una gestión desconectada. Jorge, padre de un niño con asma, cuenta: “Nos dijeron que el trata miento estaba cubierto. Dos meses después seguimos esperando. El secretario sale en medios, pero nunca ha venido aquí”. La salud no se gobierna con comunicados. Se gobierna con presencia. No todos los errores son casuales. Algunos son estructurales. En Morelos, la Secretaría de Salud parece encabezada por alguien que no dimensionó el peso del encargo. Falta experiencia, falta sensibilidad y sobra soberbia institucional. Pedirle aceptar que el cargo le quedó grande no es un ataque personal, es una exigencia pública. Porque mientras el funcionario aprende, la gente empeora. Y las consecuencias ya están aquí: Saturación hospitalaria. Personal médico exhausto. Desconfianza ciudadana. Enfermedades mal atendidas. Familias endeudadas por gastos médicos. Nada de eso aparece en los informes triunfa listas. Pero todo aparece en la vida diaria de Morelos. ¿Cuánto más va a resistir el estado con una Secretaría de Salud que no da resultados? ¿Cuántos testimonios más hacen falta para aceptar que la estrategia fracasó? En Morelos, la crisis de salud no es un misterio. Es una consecuencia y tiene responsables. Porque en salud pública, cuando el cargo queda grande, la realidad no se ajusta al funcionario. Es el funcionario quien debería hacerse a un lado… antes de que el daño sea irreversible. ¿No cree usted?

Cumple los criterios de The Trust Project

Saber más

Síguenos en Google Noticias para mantenerte siempre informado

Sigue el canal de Diario De Morelos en WhatsApp