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More­los vive momen­tos difí­ci­les. Los pro­ble­mas pare­cen acu­mu­larse uno tras otro sin que exista una solu­ción de fondo que per­mita recu­pe­rar la tran­qui­li­dad y la con­fianza ciu­da­dana. Inse­gu­ri­dad, incon­for­mi­dad social, con­flic­tos en el trans­porte público, cre­ci­miento urbano desor­de­nado y cues­tio­na­mien­tos sobre el manejo de los recur­sos públi­cos con­for­man un esce­na­rio que preo­cupa cada vez más a la pobla­ción.

Los datos son con­tun­den­tes. Diver­sos aná­li­sis sobre inci­den­cia delic­tiva seña­lan que durante los pri­me­ros cinco meses del año se regis­tra­ron alre­de­dor de 450 homi­ci­dios en la enti­dad. Esta cifra coloca a More­los entre los esta­dos con mayo­res pro­ble­mas de vio­len­cia en el país. Más allá de los núme­ros, lo que real­mente preo­cupa es la per­cep­ción de inse­gu­ri­dad que se ha ins­ta­lado en la vida coti­diana de miles de fami­lias. Los hechos vio­len­tos se han vuelto noti­cia recu­rrente y los ciu­da­da­nos obser­van con inquie­tud cómo los ase­si­na­tos con­ti­núan ocu­rriendo prác­ti­ca­mente todos los días.

La inse­gu­ri­dad, sin embargo, no es el único pro­blema. Este día se espera una movi­li­za­ción en Cuer­na­vaca con­tra el incre­mento a las tari­fas del trans­porte público. El tema ha gene­rado una fuerte polé­mica por­que gran parte de la pobla­ción con­si­dera injusto pagar más por un ser­vi­cio que sigue pre­sen­tando defi­cien­cias impor­tan­tes. Las uni­da­des con­ti­núan mos­trando reza­Tam­bién gos, muchas no cum­plen con las con­di­cio­nes ópti­mas para brin­dar un ser­vi­cio digno y la pro­me­tida moder­ni­za­ción aún no se refleja de manera visi­ble para los usua­rios. Las auto­ri­da­des han infor­mado que los exá­me­nes anti­do­ping para los ope­ra­do­res y otras medi­das de super­vi­sión comen­za­rán a apli­carse en las pró­xi­mas sema­nas. No obs­tante, para muchos ciu­da­da­nos estas accio­nes debie­ron imple­men­tarse antes de auto­ri­zar cual­quier incre­mento tari­fa­rio. El reclamo social es sen­ci­llo: pri­mero mejo­rar el ser­vi­cio y des­pués soli­ci­tar un esfuerzo eco­nó­mico adi­cio­nal a quie­nes dia­ria­mente uti­li­zan el trans­porte público para tras­la­darse a sus cen­tros de tra­bajo, escue­las o acti­vi­da­des coti­dia­nas.

Mien­tras tanto, siguen apa­re­ciendo denun­cias sobre nue­vos asen­ta­mien­tos urba­nos en zonas eco­ló­gi­cas y áreas que debe­rían man­te­nerse pro­te­gi­das. Este fenó­meno no es nuevo, pero se ha inten­si­fi­cado en los últi­mos años. El cre­ci­miento irre­gu­lar de la man­cha urbana ame­naza recur­sos natu­ra­les fun­da­men­ta­les para el equi­li­brio ambien­tal del estado. Lo preo­cu­pante es que muchas veces estos desa­rro­llos avan­zan ante la mirada pasiva de las auto­ri­da­des res­pon­sa­bles de regu­lar el uso del suelo.

Como si todo eso no fuera sufi­ciente, la con­vo­ca­to­ria a la mar­cha con­tra el aumento del trans­porte ha des­per­tado inte­rro­gan­tes polí­ti­cas. Diver­sas orga­ni­za­cio­nes, que hasta hace poco eran prác­ti­ca­mente des­co­no­ci­das, han apa­re­cido como pro­mo­to­ras de la movi­li­za­ción. Esto ha gene­rado sos­pe­chas y espe­cu­la­cio­nes sobre posi­bles inte­re­ses polí­ti­cos detrás de algu­nas pro­tes­tas. No sería la pri­mera vez que gru­pos polí­ti­cos apro­ve­chan el legí­timo des­con­tento ciu­da­dano para impul­sar agen­das par­ti­cu­la­res. Y es que el ambiente polí­tico comienza a calen­tarse con­forme se acer­can los pró­xi­mos pro­ce­sos elec­to­ra­les. Aun­que toda­vía fal­tan meses para las defi­ni­cio­nes for­ma­les, los dis­tin­tos acto­res ya se encuen­tran en movi­miento. Los par­ti­dos polí­ti­cos empie­zan a reor­ga­ni­zarse, los gru­pos de poder bus­can posi­cio­narse y las dife­ren­cias entre corrien­tes comien­zan a hacerse evi­den­tes. En este con­texto tam­bién ha gene­rado con­tro­ver­sia la asig­na­ción de cien­tos de millo­nes de pesos des­ti­na­dos al magis­te­rio bajo el argu­mento de bene­fi­ciar a los estu­dian­tes. El pro­blema no radica nece­sa­ria­mente en apo­yar a la edu­ca­ción, sino en la per­cep­ción de una ciu­da­da­nía que exige resul­ta­dos con­cre­tos y trans­pa­ren­cia abso­luta en el manejo de los recur­sos públi­cos. Muchos ciu­da­da­nos con­si­de­ran que las expli­ca­cio­nes ofi­cia­les no han sido sufi­cien­tes y deman­dan mayor cla­ri­dad sobre el des­tino final de esos recur­sos y los bene­fi­cios rea­les que pro­du­ci­rán.

La situa­ción se com­plica aún más cuando las redes socia­les y diver­sos espa­cios de comu­ni­ca­ción ampli­fi­can el des­con­tento exis­tente. Las crí­ti­cas se mul­ti­pli­can y la per­cep­ción de que los pro­ble­mas cre­cen más rápido que las solu­cio­nes se for­ta­lece día con día. La opi­nión pública observa con preo­cu­pa­ción un esce­na­rio donde los con­flic­tos pare­cen acu­mu­larse sin encon­trar una res­puesta inte­gral.

La gober­na­bi­li­dad no depende úni­ca­mente de inau­gu­rar obras o anun­ciar pro­gra­mas. requiere cons­truir con­fianza, gene­rar cer­ti­dum­bre y demos­trar capa­ci­dad para resol­ver los pro­ble­mas que afec­tan direc­ta­mente a la pobla­ción. Cuando la inse­gu­ri­dad crece, los ser­vi­cios públi­cos son cues­tio­na­dos y las deci­sio­nes guber­na­men­ta­les gene­ran dudas, la con­fianza ciu­da­dana comienza a ero­sio­narse.

More­los nece­sita res­pues­tas cla­ras y resul­ta­dos tan­gi­bles. La socie­dad exige segu­ri­dad, trans­pa­ren­cia, ser­vi­cios públi­cos efi­cien­tes y una estra­te­gia que per­mita recu­pe­rar la con­fianza en las ins­ti­tu­cio­nes. De lo con­tra­rio, el riesgo es que el males­tar social con­ti­núe cre­ciendo y que la incon­for­mi­dad se con­vierta en el prin­ci­pal pro­ta­go­nista de la vida pública del estado.

Los pró­xi­mos meses serán deci­si­vos. El gobierno ten­drá que demos­trar que puede enfren­tar los desa­fíos actua­les y la opo­si­ción deberá pro­bar que sus crí­ti­cas están acom­pa­ña­das de pro­pues­tas via­bles. Lo que está en juego no es úni­ca­mente el futuro polí­tico de algu­nos acto­res, sino la esta­bi­li­dad y el bie­nes­tar de millo­nes de more­len­ses que espe­ran solu­cio­nes rea­les a pro­ble­mas cada vez más urgen­tes. ¿No cree usted?

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

Sobre el autor

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TEODORO LAVÍN LEÓN
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