Cuando se habla de cultura en Morelos, casi siempre terminamos viendo las mismas actividades: algunos conciertos, desfiles tradicionales, muestras gastronómicas, exposiciones aisladas y eventos que, aunque tienen valor, rara vez logran trascender o convertirse en proyectos que fortalezcan la identidad cultural del estado. La pregunta es obligada: ¿no podemos aspirar a algo más grande?
Morelos es uno de los estados con mayor riqueza cultural de México. Su historia, su ubicación geográfica, su clima y su enorme talento artístico le han permitido convertirse durante décadas en refugio de escritores, pintores, músicos, escultores y creadores de toda índole. Sin embargo, esa riqueza pocas veces se traduce en proyectos permanentes que coloquen al estado como una referencia nacional en materia cultural.
Tomemos como ejemplo la música. Morelos cuenta con algunas de las mejores bandas de viento del país. Existen agrupaciones municipales, escolares y comunitarias con una calidad extraordinaria. ¿Por qué no organizar un gran concurso nacional de bandas con sede permanente en Morelos? Un evento de esa naturaleza atraería visitantes, generaría derrama económica, impulsaría el turismo y colocaría al estado en el mapa cultural nacional. No sería un gasto, sino una inversión.
Lo mismo ocurre con las artes plásticas. Miles de pintores desarrollan su trabajo en Morelos. Hay artistas consagrados, jóvenes promesas y creadores populares que reflejan en sus obras la riqueza histórica y natural de la entidad. Sin embargo, no existe una estrategia que permita consolidar una auténtica Escuela Morelense de Pintura que proyecte una identidad artística propia.
Resulta paradójico que, teniendo tanto talento local, muchas veces la actividad cultural se limite a espacios tradicionales o a eventos que benefician más a organizadores externos que a los propios artistas morelenses. Las escuelas y academias son importantes y cumplen una función indispensable, pero no pueden ser el único horizonte cultural. Se necesita una visión más amplia que permita construir proyectos duraderos y con identidad estatal.
La historia de Morelos ofrece posibilidades prácticamente ilimitadas. Desde las culturas prehispánicas hasta la lucha de Independencia, la Revolución Mexicana y la figura de Emiliano Zapata, existen innumerables episodios que podrían convertirse en festivales temáticos, exposiciones permanentes, rutas turísticas, concursos literarios, producciones teatrales o encuentros académicos de alcance nacional e internacional.
Basta observar lo que ocurre en otras entidades del país. Muchos estados han logrado posicionarse mediante festivales que hoy son referentes culturales y turísticos. Lo han conseguido gracias a una combinación de creatividad, planeación y continuidad. No se trata de inventar algo imposible, sino de aprovechar lo que ya existe y hacerlo crecer. También es necesario dejar de pensar que la cultura se limita al entretenimiento. La cultura genera identidad, cohesión social y oportunidades económicas. Un festival exitoso puede beneficiar a hoteles, restaurantes, transportistas, comerciantes y prestadores de servicios. Un concurso nacional puede atraer visitantes y medios de comunicación. Una exposición relevante puede proyectar la imagen de una ciudad mucho más allá de sus fronteras.
Por supuesto, las tradiciones deben preservarse. Los desfiles, las cocineras tradicionales y las celebraciones populares forman parte esencial del patrimonio cultural de Morelos. Nadie propone sustituirlas. Lo que se plantea es complementarlas con proyectos innovadores que permitan aprovechar todo el potencial artístico e histórico del estado.
La cultura necesita imaginación. Repetir año tras año los mismos esquemas termina por generar desgaste y desinterés. Los ciudadanos merecen propuestas que sorprendan, que entusiasmen y que permitan descubrir nuevos talentos. Los artistas merecen espacios para crecer y proyectarse. Y el estado merece una política cultural que piense en grande.
Que las cosas no queden en esfuerzos privados limitados por falta de recursos materiales, como sucede, por mencionar un ejemplo, con la Sociedad de Escritores de Morelos, que está celebrando 25 años de trabajar editando libros con dinero que sale de los bolsillos de los miembros del grupo; dando conferencias sobre literatura y poniendo cara a cara a los autores con el público para despertar interés en ellos y en sus obras; todo sin más ayuda de las autoridades que el préstamo, a veces de mala gana, de espacios para que desarrollen sus actividades públicas de promoción cultural.
Morelos tiene los recursos humanos, la historia, el talento y el prestigio necesarios para convertirse en una verdadera potencia cultural. Lo único que parece faltar es la decisión de apostar por proyectos ambiciosos y de largo plazo. Porque, cuando un pueblo invierte en cultura, no sólo fortalece su identidad; también construye futuro.
Y Morelos, sin duda, merece mucho más que conformarse con lo de siempre. ¿No cree usted?
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