Vivencias Ciudadanas: ¿Instituto de pensiones o conflicto social?

TEODORO LAVÍN LEÓN
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En More­los comienza a enre­darse cada vez más la pro­puesta para crear un nuevo Ins­ti­tuto de Pen­sio­nes. Lo que en prin­ci­pio podría repre­sen­tar una opor­tu­ni­dad para orde­nar las finan­zas y dar via­bi­li­dad al sis­tema de jubi­la­cio­nes, ame­naza con con­ver­tirse en un con­flicto social de gran­des dimen­sio­nes, por la forma en que se pre­tende impul­sar y por las dudas que genera entre miles de tra­ba­ja­do­res y pen­sio­na­dos.

Nadie puede negar que es nece­sa­ria una revi­sión pro­funda del sis­tema de pen­sio­nes. Durante muchos años hubo deci­sio­nes polí­ti­cas que hoy pesan sobre las finan­zas públi­cas. Es un secreto a voces que exis­tie­ron jubi­la­cio­nes otor­ga­das sin que se cum­plie­ran ple­na­mente los requi­si­tos lega­les, pro­ducto de una época en la que algu­nos dipu­ta­dos hicie­ron de la simu­la­ción, la nego­cia­ción y el engaño una prác­tica común. Si exis­ten irre­gu­la­ri­da­des com­pro­ba­bles en esos casos, deben revi­sarse con­forme a la ley y res­pe­tando el debido pro­ceso.

Sin embargo, una cosa es inves­ti­gar posi­bles abu­sos y otra muy dis­tinta afec­tar los dere­chos de quie­nes durante déca­das tra­ba­ja­ron hones­ta­mente, cum­plie­ron con todos los requi­si­tos lega­les y hoy reci­ben una pen­sión legí­ti­ma­mente obte­nida. No puede meterse a todos en el mismo saco.

La Cons­ti­tu­ción es muy clara. El artí­culo 14 esta­blece el prin­ci­pio de irre­troac­ti­vi­dad de la ley en per­jui­cio de las per­so­nas. En otras pala­bras, nin­gún decreto o reforma puede des­co­no­cer dere­chos adqui­ri­dos de manera legal. Quien obtuvo una pen­sión, con­forme a la legis­la­ción vigente en su momento, tiene una pro­tec­ción cons­ti­tu­cio­nal que no puede desa­pa­re­cer por la sim­ple volun­tad de un gobierno o por la nece­si­dad de equi­li­brar las finan­zas públi­cas.

Tam­bién llama la aten­ción que la ini­cia­tiva, según ha tras­cen­dido, esta­blezca excep­cio­nes para deter­mi­na­dos sec­to­res, como las Fuer­zas Arma­das. Ello abre un debate sobre el prin­ci­pio de igual­dad jurí­dica. El artí­culo 1° de la Cons­ti­tu­ción esta­blece que todas las per­so­nas goza­rán de los dere­chos huma­nos reco­no­ci­dos por la pro­pia Cons­ti­tu­ción y queda prohi­bida cual­quier forma de dis­cri­mi­na­ción. Si el nuevo esquema pre­tende apli­carse úni­ca­mente a unos tra­ba­ja­do­res y excluir a otros sin una jus­ti­fi­ca­ción cons­ti­tu­cio­nal sufi­ciente, ine­vi­ta­ble­mente sur­gi­rán cues­tio­na­mien­tos jurí­di­cos. A ello se suma otro ingre­diente que comienza a gene­rar incon­for­mi­dad. Cada vez son más insis­ten­tes los rumo­res de que algu­nos líde­res sin­di­ca­les están siendo pre­sio­na­dos o incluso con­ven­ci­dos para no opo­nerse al pro­yecto. Hasta ahora se trata de ver­sio­nes que debe­rán com­pro­barse, pero el sim­ple hecho de que cir­cu­len con tanta fuerza demues­tra el ambiente de des­con­fianza que existe entre la base tra­ba­ja­dora.

Los jubi­la­dos ya empie­zan a orga­ni­zar reu­nio­nes. Hablan de defensa jurí­dica, de movi­li­za­cio­nes y de acu­dir a los tri­bu­na­les si con­si­de­ran que sus dere­chos están siendo vul­ne­ra­dos. Nadie debe­ría sor­pren­derse. Cuando se toca el patri­mo­nio de quie­nes dedi­ca­ron treinta o cua­renta años al ser­vi­cio público, la reac­ción es natu­ral.

Lo preo­cu­pante es que este tema surge en un momento espe­cial­mente deli­cado para More­los. La enti­dad enfrenta pro­ble­mas de gober­na­bi­li­dad en dis­tin­tas regio­nes; per­siste la vio­len­cia, y prác­ti­ca­mente todos los días se regis­tran homi­ci­dios dolo­sos que man­tie­nen a la pobla­ción con una pro­funda sen­sa­ción de inse­gu­ri­dad. Más allá de las cifras ofi­cia­les, la per­cep­ción ciu­da­dana es que la vio­len­cia con­ti­núa afec­tando la vida coti­diana.

Frente a ese esce­na­rio, abrir un nuevo frente de con­flicto con miles de tra­ba­ja­do­res acti­vos y pen­sio­na­dos parece una deci­sión poco pru­dente. Gober­nar tam­bién sig­ni­fica saber medir los tiem­pos polí­ti­cos y socia­les.

El pro­blema de fondo no es úni­ca­mente finan­ciero. Es un asunto de con­fianza. Los tra­ba­ja­do­res nece­si­tan tener la cer­teza de que las reglas del juego no cam­bia­rán cuando ya cum­plie­ron su parte del con­trato con el Estado. De lo con­tra­rio, ¿qué incen­tivo ten­drán las nue­vas gene­ra­cio­nes para dedi­car su vida al ser­vi­cio público?

Si exis­ten pen­sio­nes irre­gu­la­res, que se inves­ti­guen. Si hubo fun­cio­na­rios o legis­la­do­res que actua­ron al mar­gen de la ley, que res­pon­dan por sus actos. Pero cas­ti­gar de manera gene­ra­li­zada a quie­nes sí cum­plie­ron sería no sólo injusto, sino pro­ba­ble­mente incons­ti­tu­cio­nal.

Toda­vía hay tiempo para corre­gir el rumbo. El diá­logo con sin­di­ca­tos, pen­sio­na­dos, espe­cia­lis­tas y orga­ni­za­cio­nes civi­les puede evi­tar un con­flicto mayor. Un tema tan deli­cado no puede resol­verse con pri­sas ni mediante acuer­dos en lo oscu­rito. La trans­pa­ren­cia debe ser la regla por­que, al final, sigue vigente la pre­gunta: ¿vale la pena abrir una con­fron­ta­ción con miles de tra­ba­ja­do­res, cuando More­los enfrenta tan­tos otros pro­ble­mas que exi­gen aten­ción inme­diata? Esa es una deci­sión que el gobierno deberá valo­rar con enorme res­pon­sa­bi­li­dad. De eso depen­derá que el nuevo ins­ti­tuto nazca como una solu­ción o se con­vierta, desde su ori­gen, en una fuente per­ma­nente de con­flicto social. ¿No cree usted?

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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