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La dis­cu­sión sobre el sis­tema de pen­sio­nes en More­los ya no puede pre­sen­tarse como una dife­ren­cia ais­lada entre algu­nos diri­gen­tes y el Gobierno esta­tal. Las decla­ra­cio­nes rea­li­za­das ayer por José Ramón Wong Bal­boa, diri­gente sin­di­cal del Poder Eje­cu­tivo, mues­tran que dis­tin­tas repre­sen­ta­cio­nes de tra­ba­ja­do­res y jubi­la­dos de los pode­res públi­cos y de varios muni­ci­pios man­tie­nen una pos­tura común: no acep­tan que se modi­fi­quen sus dere­chos sin infor­ma­ción sufi­ciente, sin estu­dios cla­ros y sin su par­ti­ci­pa­ción.

En la reu­nión par­ti­ci­pa­ron repre­sen­tan­tes de Cuer­na­vaca, Temixco, Cuautla, Yau­te­pec, Jojutla y Emi­liano Zapata, ade­más de jubi­la­dos y pen­sio­na­dos de los pode­res Judi­cial, Legis­la­tivo y Eje­cu­tivo. Wong sos­tuvo que los tra­ba­ja­do­res deben man­te­nerse aler­tas por­que la pausa anun­ciada por el Gobierno no les garan­tiza que el pro­yecto esté can­ce­lado. Esa des­con­fianza no apa­re­ció de la nada: durante meses, los sin­di­ca­tos han recla­mado que se les expli­que con pre­ci­sión qué se pre­tende hacer y qué efec­tos ten­dría cual­quier cam­bio.

La coin­ci­den­cia entre orga­ni­za­cio­nes de dis­tin­tos pode­res y muni­ci­pios tiene peso polí­tico. No sig­ni­fica que todas ten­gan exac­ta­mente las mis­mas deman­das ni que sus inte­gran­tes estén de acuerdo en cada punto, pero sí deja claro que la inquie­tud rebasa a un solo sin­di­cato. Cuando quie­nes repre­sen­tan a tra­ba­ja­do­res acti­vos y jubi­la­dos se reú­nen para adver­tir que no baja­rán la guar­dia, el Gobierno debe­ría enten­der que no se trata de una incon­for­mi­dad pasa­jera que pueda resol­verse con decla­ra­cio­nes tran­qui­li­za­do­ras.

El tema de fondo tam­poco es negar que el sis­tema de pen­sio­nes enfrenta pre­sio­nes finan­cie­ras. El

Gobierno ha plan­teado la nece­si­dad de revi­sar su via­bi­li­dad y ha seña­lado que se requie­ren diag­nós­ti­cos téc­ni­cos. Pre­ci­sa­mente por eso, los sin­di­ca­tos exi­gen estu­dios actua­ria­les que per­mi­tan cono­cer la situa­ción real: cuánto cuesta hoy el sis­tema, qué obli­ga­cio­nes ten­drá en los pró­xi­mos años y qué medi­das serían nece­sa­rias. Sin esos datos, cual­quier pro­puesta corre el riesgo de gene­rar temor y sos­pe­chas, aun­que la auto­ri­dad ase­gure que no pre­tende afec­tar dere­chos adqui­ri­dos.

A fines de sep­tiem­bre, el Gobierno y repre­sen­tan­tes sin­di­ca­les acor­da­ron poner en pausa las mesas de tra­bajo y no lle­var una ini­cia­tiva al Con­greso hasta alcan­zar con­senso. En esa reu­nión se habló de diag­nós­ti­cos finan­cie­ros y de la falta de estu­dios actua­ria­les en muni­ci­pios, pode­res, órga­nos autó­no­mos y enti­da­des paraes­ta­ta­les. La pausa, sin embargo, no resuelve las dife­ren­cias: deja pen­diente la pre­gunta sobre qué se está ana­li­zando y cómo par­ti­ci­pa­rán los tra­ba­ja­do­res en las deci­sio­nes futu­ras.

El pro­pio Wong expresó que los sin­di­ca­tos no con­fían en que la pausa sig­ni­fi­que una can­ce­la­ción defi­ni­tiva. Su preo­cu­pa­ción es enten­di­ble: dete­ner una ini­cia­tiva no equi­vale a cons­truir un acuerdo. Si el pro­yecto puede reto­marse más ade­lante, la manera de recu­pe­rar la con­fianza es hacer públi­cos los estu­dios, expli­car las alter­na­ti­vas y per­mi­tir que las orga­ni­za­cio­nes labo­ra­les inter­ven­gan desde el prin­ci­pio, no cuando las deci­sio­nes ya estén toma­das.

Tam­bién hace falta sepa­rar con cla­ri­dad dos asun­tos que el debate suele mez­clar: la situa­ción gene­ral de las pen­sio­nes y la revi­sión de los casos que se han lla­mado “pen­sio­nes dora­das”. Inves­ti­gar jubi­la­cio­nes posi­ble­mente irre­gu­la­res puede ser nece­sa­rio, siem­pre que se haga con cri­te­rios lega­les y evi­den­cia. Pero ese pro­pó­sito no debe con­ver­tirse en una jus­ti­fi­ca­ción para sem­brar incer­ti­dum­bre entre miles de tra­ba­ja­do­res que cum­plie­ron déca­das de ser­vi­cio y tie­nen dere­chos reco­no­ci­dos.

El Gobierno ha dicho que no pre­sen­tará una reforma gene­ral durante la actual Legis­la­tura y que res­pe­tará los dere­chos adqui­ri­dos, mien­tras revisa los casos de pen­sio­nes ele­va­das. Es un men­saje que debe tra­du­cirse en pro­ce­di­mien­tos trans­pa­ren­tes y expli­ca­cio­nes públi­cas, no que­darse en una pro­mesa.

La fuerza que ayer mos­tra­ron las orga­ni­za­cio­nes sin­di­ca­les obliga a cam­biar el tono de la dis­cu­sión. La auto­ri­dad no puede tra­tar a los tra­ba­ja­do­res como un obs­tá­culo ni los diri­gen­tes pue­den con­for­marse con adver­tir que están en alerta. Hace falta una mesa con repre­sen­ta­ción legí­tima, infor­ma­ción veri­fi­ca­ble y com­pro­mi­sos que pue­dan revi­sarse.

El sis­tema de pen­sio­nes nece­sita una solu­ción sos­te­ni­ble y justa. Para alcan­zarla, el Gobierno debe expli­car sus diag­nós­ti­cos y los sin­di­ca­tos deben pre­sen­tar pro­pues­tas y par­ti­ci­par en su eva­lua­ción. Si se intenta avan­zar sin con­fianza, cual­quier reforma —o incluso cual­quier pausa— será inter­pre­tada como una manio­bra. Y cuando tan­tos repre­sen­tan­tes coin­ci­den en exi­gir garan­tías, igno­rar­los sería con­ver­tir un pro­blema finan­ciero en un con­flicto polí­tico de mayo­res dimen­sio­nes. ¿NO CREE USTED?

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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Sobre el autor

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Teodoro Lavín León
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