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El segundo ani­ver­sa­rio de una admi­nis­tra­ción siem­pre invita a pre­sen­tar balan­ces. En segu­ri­dad, las cifras mere­cen revi­sarse con cui­dado: el Gobierno de More­los informó que el pro­me­dio dia­rio de homi­ci­dios dolo­sos bajó 51 por ciento, de 4.3 casos en noviem­bre de 2024 a 2.1 en julio de 2026. Es un dato rele­vante y debe reco­no­cerse. Pero un pro­me­dio no des­cribe por sí solo todo lo que ocu­rre en el estado ni res­ponde todas las pre­gun­tas de la ciu­da­da­nía.

La preo­cu­pa­ción no se limita al número de homi­ci­dios. Este domingo se difun­dió un aná­li­sis inde­pen­diente sobre el con­trol del cri­men orga­ni­zado que coloca a

More­los en cuarto lugar nacio­nal, con 78 pun­tos. La lista repor­tada ubica pri­mero a Colima, con 92; des­pués a Sina­loa, con 88; y a Gua­na­juato, con 86. Con­viene pre­ci­sar el dato: More­los no apa­rece en ter­cer lugar en ese índice, y los 78 pun­tos tam­poco sig­ni­fi­can que 78 por ciento del terri­to­rio esté bajo con­trol cri­mi­nal.

El índice com­puesto con­si­dera fac­to­res que no se redu­cen a los homi­ci­dios: cobro de piso, rete­nes ile­ga­les, con­trol de acti­vi­da­des eco­nó­mi­cas y res­tric­cio­nes a la movi­li­dad, entre otros. Por eso mide una dimen­sión dis­tinta de la que refle­jan las cifras ofi­cia­les de víc­ti­mas. No hay que poner ambos datos a com­pe­tir como si uno inva­li­dara al otro: jun­tos mues­tran que la segu­ri­dad exige mirar tanto la vio­len­cia letal como la capa­ci­dad de los gru­pos cri­mi­na­les para impo­ner con­di­cio­nes en la vida coti­diana.

Los hechos recien­tes recuer­dan la urgen­cia de esa eva­lua­ción. El jue­ves 1 de octu­bre, medios repor­ta­ron una jor­nada vio­lenta en dis­tin­tos muni­ci­pios de More­los. Los recuen­tos publi­ca­dos no coin­ci­die­ron: uno habló de ocho per­so­nas ase­si­na­das y otro de nueve. No encon­tré con­fir­ma­ción sufi­ciente para afir­mar que fue­ron trece en un solo día. La dife­ren­cia tam­bién obliga a pre­gun­tar qué cifras con­so­li­da­das maneja la auto­ri­dad y con qué fecha de corte.

Nada de esto exige des­ca­li­fi­car el balance guber­na­men­tal ni des­co­no­cer una dis­mi­nu­ción esta­dís­tica. Exige expli­car con cla­ri­dad qué se está midiendo, durante qué periodo y con qué método. Com­pa­rar noviem­bre de 2024 con julio de 2026 puede mos­trar una ten­den­cia; no per­mite con­cluir, por sí solo, que el pro­blema está resuelto ni que todos los muni­ci­pios viven la misma rea­li­dad.

La res­puesta debe ser ins­ti­tu­cio­nal. La Secre­ta­ría de Segu­ri­dad, la Fis­ca­lía y las auto­ri­da­des muni­ci­pa­les pue­den pre­sen­tar datos com­pa­ra­bles, des­glo­sa­dos por región y por delito; expli­car cómo se atien­den la extor­sión y el cobro de piso, y dar cuenta de las inves­ti­ga­cio­nes y deten­cio­nes. Tam­bién hace falta infor­mar qué resul­ta­dos tuvie­ron los ope­ra­ti­vos y cómo se pro­tege a quie­nes denun­cian. Un pro­me­dio esta­tal no debe ocul­tar dife­ren­cias entre muni­ci­pios ni expe­rien­cias que las fami­lias viven todos los días.

Cele­brar dos años de tra­bajo es legí­timo. Ren­dir cuen­tas con pre­ci­sión tam­bién lo es. Si el pro­me­dio de homi­ci­dios bajó, que se expli­que cómo se logró y cómo se sos­ten­drá; si per­siste el con­trol cri­mi­nal en algu­nas zonas, que se diga dónde y qué se hará al res­pecto. La ciu­da­da­nía nece­sita más que una cifra favo­ra­ble o una jor­nada alar­mante: nece­sita infor­ma­ción veri­fi­ca­ble, pre­sen­cia ins­ti­tu­cio­nal y resul­ta­dos que pueda reco­no­cer en su vida dia­ria. El balance será más sólido cuando las esta­dís­ti­cas y la segu­ri­dad coti­diana empie­cen a con­tar la misma his­to­ria.

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Sobre el autor

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Teodoro Lavín León
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